Se reglamentó la ley de Dislexia: por fin se garantiza educación e integración para todos

Había sido promulgada hace un año y medio, y esta semana por fin se reglamentó. Garantiza el tratamiento y las adaptaciones escolares.

Muchos temas vinculados a la salud pasan desapercibidos, y es una pena. Esta semana hubo un hecho transcendental para la educación de tu hijo, mi hijo o cualquier otro niño que pueda tener dislexia, porque por fin se promulgó la Ley de Dislexia, promulgada el 20 de octubre de 2016. Un año y medio después, las cosas empiezan a ordenarse.

La ley reglamentada garantiza el tratamiento y la adaptación escolar. Ahora, se incluyó la cobertura en el PMO, por lo que deberá ser cubierto en su totalidad por los servicios de salud. Además, habrá adaptaciones curriculares y capacitación docente

A partir de ahora, las personas con dislexia o alguna Dicultad Especíca del Aprendizaje (DEA) no deberán presentar más certicado de discapacidad para que les den cobertura total de su tratamiento.

A partir de esta reglamentación, quienes necesiten tratamiento médico como por ejemplo asistencia psicopedagógica, sesiones de fonoaudiología o terapia ocupacional no tendrán limite de sesiones.

La dislexia es una condición de origen neurobiológico que afecta el proceso de lectura y escritura. Si bien no tiene cura, se puede compensar

Para eso, es fundamental el diagnóstico oportuno y el tratamiento especíco. De ahí el rol clave de la escuela, porque es el ámbito en el que esta dicultad se plasma con mayor claridad.

Los que vivimos la salud como un hecho fundamental para el desarrollo de las personas, que son el motor de un país, celebramos estos hechos, ya que sin salud no hay un ningún pueblo que pueda progresar. Puede ser una visión miope pero ninguna persona sin salud puede generar ese valor agregado que se necesita para desarrollarse en una sociedad.

Qué es la dislexia

La dislexia es un trastorno incluido entre las Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) y es considerado mundialmente la primera causa de fracaso escolar.

El doctor Gustavo Abichacra, médico pediatra y presidente del Comité Científico de DISFAM, afirma que en la población entre un 10% y 15% es disléxico. Y define a la dislexia como un trastorno del lenguaje, de la comunicación de origen neurobiológico, hereditario, relacionado con una anomalía en la migración neuronal, caracterizado por la aparición en forma inesperada de una imposibilidad de una lectura fluida, exacta y automatizada.

Es una dificultad para decodificar un código auditivo en código visual. Por ello se debería reconocer este trastorno en edad temprana

Es fundamental que todo el personal educativo pueda tener la capacidad de alerta para su diagnóstico posterior por el médico. Obviamente, la familia, en el sentido amplio de la palabra, es el primer detector en muchos casos de esta patología.

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Por ello, la Ley de Dislexia viene a reafirmar la ley vigente de Educación Nacional (26.206), que establece como principio rector la inclusión educativa y respeto por las diferencias de los sujetos del sistema educativo, brindando a las personas una propuesta pedagógica que permita el máximo desarrollo de las posibilidades de las personas, la integración y el pleno desarrollo de sus derechos.

Así, la Ley de Dislexia vino a garantizar y hacer efectivo el derecho a la educación de niñas, niños, adolescentes y adultos que presenten Dificultades Especificas del Aprendizaje (DEA).

Cómo detectar la dislexia y por qué es fundamental

La falta de detección y la demora del diagnóstico adecuado trae aparejado una serie de consecuencias para las personas con DEA que lleva a estos niños a sufrir ansiedad, depresión, síntomas psicosomáticos y trastornos de conducta.

Estos trastornos relacionados a la dislexia hacen que se observe una incomprensión de los que lo rodean en el ámbito educacional y, muchas veces, en la propia casa, transmitiendo una sensación de fracaso a pesar del esfuerzo que hacen

Esto llevaría a que la autoestima de los chicos se vea más vulnerada, teniendo la sensación de que son menos inteligentes o “vagos” –y que así son etiquetados, muchas veces, por sus docentes y aún por sus propios padres, que desconocen la verdadera causa del problema.

Por ello es indispensable dar a conocer el hecho de que los problemas de los disléxicos con la lengua escrita no son de origen intelectual, afectivo o motivacional, y que es indispensable tratarlos adecuadamente lo antes posible para evitar que tales problemas se transformen en retraso escolar, frustración y pérdida de confianza en sí mismo.

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La dislexia no tratada adecuadamente está en la base de un círculo vicioso que hace que un problema que inicialmente podría estar limitado a la adquisición de la lengua escrita se transforme progresivamente en un problema que invade la vida entera del disléxico.

Por esto se propone en la nueva Ley, en su Artículo 6, la adaptación Curricular y la inclusión de ésta en el PMO (Programa Médico Obligatorio), lo que implica la cobertura de todos los procesos necesarios para su diagnóstico y su apoyo posterior por las Prepagas y Obras Sociales (Leyes 23.660 y 23.661).

Señales tempranas de dislexia

  • Retraso en la estructuración y reconocimiento del esquema corporal. Confunde izquierda y derecha.
  • Torpeza motriz, con poca habilidad para los ejercicios manuales y de grafía.
  • Vacilaciones a la hora de leer, omisiones de letras, adiciones, inversiones, confusiones de letras con simetrías. Estos errores de producen también en la escritura. Por ejemplo, cambiar letras de orden como lapa por pala, o foltar
    en lugar de otar y reiteraciones de silabas como “cicicina” por cocina.
  • Expresión verbal pobre y dicultad de aprender palabras nuevas, especialmente las palabras fonéticamente complicadas.
  • El rendimiento en las áreas lingüísticas, generalmente es bajo, pero si se le explican las cosas verbalmente es más capaz de aprender que si se le exige que adquiera los conocimientos mediante la lectura.
  • Falta de ritmo en la lectura. Lentitud y prosodia o tono inadecuado. Dicultad con los signos de puntuación, y las pausas que estas suponen.
  • Dicultad de aprender el alfabeto y las tablas de multiplicar y en general para retener secuencias, como los días de la semana o los meses del año.
  • Falta de atención y concentración. Le falla la memoria en lo que ayer sabía.
  • Frustración, posible inicio de problemas de conducta. Baja autoestima, no le gusta el colegio.
  • Problemas de comprensión del lenguaje escrito.

¿Cómo podemos ayudar a las personas con dislexia? Lo primero será reconocer que la Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) está entre nosotros más frecuentemente de lo que pensamos y, segundo, sin etiquetar a nuestros hijos, pacientes o alumnos como vagos o faltos de interés por aprender.

 

  • Alejandro Risso Vázquez. Médico Especialista universitario en Medicina Critica y Terapia Intensiva. Especialista en Medicina Interna.
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