Ni camas ni respiradores: el problema es la escasez y la saturación del capital humano del equipo de salud

Alejandro Risso Vázquez, médico especialista en terapia intensiva y medicina interna, pone el foco en la “saturación” y el burnout de los médicos, enfermeros y otros especialistas. Una zona de riesgo histórica que hoy adquiere nivel de urgencia.

La pandemia mundial que transitan gran parte de los países pone en jaque a todos los sistemas de salud a nivel global. Pero, cuando bajamos al “territorio” y hacemos foco en la tarea asistencial, nos topamos con la realidad de cada sistema sanitario y de cada equipo de salud. En Argentina, los médicos asistenciales estamos inmersos en un día a día que está muy lejos de la letra chica de las recomendaciones para el cuidado físico y mental de quienes ponemos el cuerpo en la trinchera de cada consultorio, centro de salud o, como ocurre en mi caso y en el de muchos colegas, enfermeros y otros profesionales, en las áreas de cuidados intensivos donde el coronavirus suele dar la pelea más dura.

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En Argentina, como ha ocurrido en otros países, los equipos de salud vivimos la atención diaria del paciente con el agotamiento propio del saber hacer. A la información incierta y estresante que, como ciudadanos y como médicos, recibimos a diario, le sumamos la gestión cotidiana de un sinfín de “rutinas” que se agregaron al trabajo de siempre: el aumento de casos y el “mentado” pico; los EPP (elementos de protección personal) que tenemos con usar con esmero y atención para evitar errores que se traduzcan en contagios; los cientos de protocolos que se nos volvieron una constante en nuestro accionar médico cotidiano; el discernir ante cada paciente si es caso sospechoso y si tuvo contactos más o menos estrechos; si la carga de las planillas con todos los datos que requieren las autoridades sanitarias fueron cargadas con precisión…

Son muchas las actividades, rutinas y definiciones que venimos repitiendo los equipos de salud cada día y desde hace muchos meses. La pandemia llevó al equipo de salud a estar en una constante ola de pacientes que no cede en su intensidad, tanto en los casos leves como en los requerimientos en las unidades de terapia intensiva.

Los pacientes que estamos atendiendo hoy no son iguales a otros pacientes que ingresaban a las unidades, ya que presentan estadías más prolongadas (2 o 3 semanas), con todo lo que eso representa para el paciente y su familia

Cualquier médico que esté atendiendo estos pacientes en la salas de terapia intensiva notará que la atención que requieren es mayor que la del paciente habitual, sumado ésto a que el número crece día a día, a expensas de un bajo giro las camas disponibles. La pandemia ha dibujado una nueva realidad en las unidades de terapias intensivas, y no debemos olvidar las otras patologías NO Covid que, tras 5 meses de aislamiento, también escriben un capítulo diferente al habitual en nuestras áreas de asistencia.

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Por todo ésto y por tantas otras cosas (sólo por mencionar, también somos personas con familias afectadas, con padres y amigos a los que no vemos, con vacaciones suspendidas y jornadas interminables y con salarios que no compensan el esfuerzo que nos tomó estar hay a la altura de esta trinchera), el burnout de todo el equipo de salud es una constante. Peor aún: no olvidemos las vidas que se cobró la pandemia en nuestros equipos. La baja de profesionales de la salud por culpa del coronavirus se hace mayor día a día en centros públicos como privados.

Los casos críticos que vemos en Argentina son entre el 3-4%, un dato que está llevando a que estemos cerca de un momento crítico, que es el quiebre más temido en los países desde que se desató la pandemia: la saturación asistencial de los médicos asistenciales

Es clave poner el foco allí: en las personas que integran los equipos de salud. En los distintos especialistas que asisten a los enfermos en las salas de cuidados intensivos porque allí está la saturación riesgosa que pocos alumbran: el recurso humano que tiene las competencias para tratar a los enfermos, para cuidar su salud, para intentar salvar sus vidas cuando la enfermedad las amenaza.

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Se hace foco en aumentar la cantidad de camas para soportar la sobrecarga de enfermedad respiratoria que implica la pandemia y en la fabricación de respiradores microprocesados de alta calidad (se aumentó la producción para llegar a cuatro mil respiradores por mes en las dos fábricas de respiradores argentinos), pero Argentina tiene un número finito de médicos de terapia intensiva para el manejo de este recurso y ahí está el cuello de botella de nuestro sistema.

Sin recursos humanos capacitados una cama o un respirador son un modular más de una sala de terapia intensiva. Solo serán eficientes si se cuenta con médicos, enfermeros, kinesiólogos y demas profesionales de la salud para su atencion

Cuidado cuando hablamos de camas de terapia intensiva porque corremos el riesgo de errar el foco y, por lo tanto, el problema a solucionar: un problema pendiente, histórico, y que debe ser abordarse desde una gestión pensada en el mediano y largo plazo, más allá de esta coyuntura. Estamos hablando de cuidar, fortalecer y estimular el recurso humano capacitado con altas competencias especialmente en modalidades ventilatorias, enfermeros, médicos y kinesiólogos. Sin ellos, por más camas y respiradores que sumemos, la viavilidad de atención se ve seriamente comprometida.

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La capacidad de respuesta de las personas que trabajan en el núcleo de la atención debe ser complementada con aumentos de recurso de toda índole para tener un abordaje multidisciplinario donde el sistema de respuesta a las múltiples necesidades. Las acciones deben ser complementarias y no únicas y aisladas. Solo se sale de ésto con gobernanza, con datos, comunicación, cooperación, consensos y trabajo en equipo.

Las causas de este retroceso en la cantidad y calidad de recursos son muchas y complejas, pero podrían resumirse en la falta de reconocimiento al esfuerzo que implica su formación y su día a día. En el marco de la pandemia, a su vez, al no jerarquizar al personal de salud como se debe, recursos altamente capacitados siguieron cobrando lo mismo o menos porque, al aumentar la carga horaria, el impuesto a las ganancias (que es en realidad IMPUESTO AL SALARIO) se llevó el esfuerzo de la atención, algo que no es nuevo sino que viene sucediendo desde hace años.

No haber aprovechado la última década para aumentar la cantidad de intensivistas es un problema que hoy en día se ve reflejado en un sistema de salud con escasez de un recurso humano en extinción.

De nuevo: no se trata sólo de los especialistas sino del modelo de salud queremos lograr en el futuro. Es desde la gestión y con proyectos integrales y a largo plazo donde se prepara el sistema para coyunturas como las que hoy nos presenta la pandemia.

 

  • Fuente: Alejandro Risso Vazquez. Magister en Economía y Gestión de la Salud. Médico Especialista en Medicina Crítica y Terapia Intensiva. Especialista en Medicina Interna.

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