La pandemia está aumentando y agravando los casos de depresión y abuso de sustancias

Lo aseguran prestigiosos especialistas en salud mental. El peso de las pérdidas, los duelos y la incertidumbre dispararon el abuso de sustancias.
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Desesperanza, vacío, dificultad para concentrarse o dormir. Estar triste de forma constante, experimentar irritabilidad y sentir recurrente desinterés por hobbies y vínculos que solían entusiasmar. Son algunos de los signos de la depresión, una enfermedad que, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, afecta a más de 300 millones de personas y está en franco crecimiento a partir de la pandemia, que ha profundizado el padecimiento psíquico por su fuerte impacto de distintos planos.

“Si bien hay estados de angustia y depresión que se encuadran dentro de las reacciones esperables frente a un escenario inesperado como esta pandemia, sin dudas este contexto va a ser un gran disparador de trastornos mentales”, destaca el doctor Marcelo Cetkovich, médico psiquiatra universitario, vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP).

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La imposibilidad de despedirse del ser querido y los duelos complicados que provocó la pandemia son algunas de las situaciones que están generando una gran afluencia de consultas y seguramente produzcan un alza en la incidencia de trastornos mentales”, agrega Cetkovich, y advierte que también se observa una complicación de muchos casos de pcientes que ya estaban diagnosticados con trastornos mentales pero espaciaron o suspendieron sus controles y/o tratamientos.

En la misma dirección, el doctor Rafael Herrera Milano, médico psiquiatra y perito forense, subraya que es importante prestar atención “al exponencial aumento del consumo de sustancias de abuso durante la pandemia, algo que ha hecho emerger o profundizar cuadros depresivos preexistentes. En épocas de incertidumbre constante o en las que contar muertes se hace cotidiano, es esperable que los trastornos del estado del ánimo crezcan en su prevalencia y que se complejicen con consumos de sustancias, configurando las denominadas patologías duales”.

Los expertos coinciden en la importancia de realizar una consulta con un psicólogo o psiquiatra ante signos de alarma como tristeza persistente, aislamiento proactivo, irritabilidad e incapacidad de hacer actividades básicas cotidianas

“Ni bien se inició la cuarentena hicimos una encuesta y detectamos que más del 40% de los consultados manifestaba síntomas de depresión y ansiedad. Es importante aclarar que, bajo ciertos contextos, estas son formas de reacción normales, ya que se trata de situaciones en las que no podemos escapar o que nos generan mucha incertidumbre”, comenta Cetkovich, que también es Jefe del Departamento de Psiquiatría de la Fundación INECO.

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Es importante no patologizar la tristeza. Las emociones son un “dispositivo” con el cual nos ha dotado la naturaleza para lidiar con un entorno incierto y amenazante. Por ejemplo, un duelo es una depresión fisiológica que permite lidiar con la pérdida de un ser querido. La señal de alerta es la persistencia de los síntomas.

“La depresión no es tristeza, ni estar cansado; implica la pérdida de interés en las cosas que interfiere con la capacidad de funcionamiento cotidiano. Cuando estos sentimientos no permiten que la persona pueda cumplir con sus obligaciones, con sus deseos y/o planes, es momento de consultar”, destaca Cetkovich.

Para la Dra. Clara Rodríguez, médica psiquiatra del Departamento de Psiquiatría de la Fundación INECO, “una persona profundamente deprimida puede quedarse en la cama y no tener ganas de hacer nada, pero también puede seguir haciendo cosas con mucho esfuerzo; es clave darse cuenta de la persistencia de los síntomas: los podemos ver angustiados, irritables, tienen poca energía, padecen alteraciones del sueño, entre otras cosas, persistentemente en el tiempo”.

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Depresión y suicidio

En la Argentina, en 2019, unas 3.297 personas fallecieron por muerte autoprovocada. La mayor cantidad de decesos por esta causa se concentra en la franja etaria que va de los 20 a los 24 años y tiene como principal patología de base el trastorno depresivo mayor. Más del 80% de esas muertes (2.714) correspondieron a varones.

Según Cetkovich, “el suicidio está entre las principales causas de muerte en la población de 18 a 24 años. Este es un fenómeno internacional difícil de determinar, pero se intuye que la gran mayoría de los casos se vinculan a trastornos mentales, fundamentalmente a la depresión. Algunos trastornos mentales tienen como característica iniciarse -y con mayor virulencia-, en la adolescencia. A eso se suma el retraso hasta que la persona recibe el diagnóstico y tratamiento adecuado”.

En opinión del Dr. Roberto Amon, médico especialista en Psiquiatría de Adultos y Profesor Asociado de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes (Chile), la evidencia científica describe que, entre las señales de peligro para la conducta suicida, se encuentra el hecho de que la persona se aísle o cierre sus redes sociales. “Una señal importante es que el individuo lleve a cabo actos de despedida o de reparación de faltas antiguas en las que habría incurrido. Otra señal es que de repente diga que va a hacer un viaje, aun estando en un mal estado de ánimo o que exprese ideas de muerte”, detalló.

“Algo a tener muy en cuenta es cuando un paciente se provoca una autolesión, eso es una señal muy clara de que se sobrepasó un cierto límite. Allí el riesgo de suicidio aumenta exponencialmente. Hay que estar muy atentos a esta cuestión”, subrayó el Dr. Amon

Según la doctora Rodríguez, “las enfermedades psiquiátricas tienen un origen multifactorial, un aspecto que tiene que ver con la biología, con las experiencias tempranas y también con los factores estresantes, otro vinculado a cuando una persona se encuentra bajo estrés, causado por ejemplo ante la pérdida del trabajo, de seres queridos, o ante situaciones como la pandemia, y tenemos todos los factores vulnerantes, que hacen posible que se desarrolle un episodio depresivo”.

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A quien está deprimido todo le resulta muy negativo, tiene pensamientos oscuros sobre el presente, el pasado y el futuro, y eso lo hace entrar en un canal de desesperación. La persona que ya no quiere vivir tiene una enfermedad y esa enfermedad es la depresión. De hecho, un porcentaje muy elevado de las personas que se suicidan tiene depresión. Por eso, los familiares y amigos del paciente pueden ayudarlo sugiriéndole la consulta con un profesional”, indicó la Dra. Rodríguez.

Es importante no minimizar ningún síntoma, llamado, pedido de ayuda o comentario. Estos suelen ser percibidos, en principio por la familia, los amigos, los compañeros de trabajo o los allegados. La recomendación es estar atentos y escuchar ese tipo de señales que muestran un estado emocional agudo”, dice el Lic. en Psicología Amado Pauletti, presidente de la Fundación Clínica de la Familia.

Los pacientes tienen que saber que la depresión es episódica. Generalmente se presenta con recurrencia, en periodos que tienen un inicio y un final. El objetivo del tratamiento es lograr la remisión total de esos síntomas, lo cual puede requerir del abordaje psicológico y terapéutico, dice Cetkovich.

Sobre la depresión

De acuerdo con definiciones del National Institute of Mental Health, existen varios tipos de depresión. Por un lado, está la depresión mayor, que incluye síntomas constantes durante por lo menos dos semanas. Estos síntomas interfieren con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar y comer. Luego, está lo que se conoce como ‘distimia’ o ‘trastorno depresivo persistente’, que frecuentemente incluye síntomas de depresión menos graves, pero que duran más tiempo, generalmente unos 2 años.

Otras formas de depresión incluyen la depresión perinatal, que ocurre cuando una mujer sufre de depresión mayor durante el embarazo o después del parto; el trastorno afectivo estacional, que aparece y desaparece con las estaciones del año, y por lo general empieza a finales del otoño o principios del invierno y desaparece en la primavera y el verano; y la depresión con síntomas de psicosis, que es una forma grave de depresión en la que una persona también muestra síntomas de psicosis, como tener creencias falsas fijas y perturbadoras (delirios) o escuchar o ver cosas que otros no pueden oír o ver (alucinaciones).

 

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