El placer de hacer crucigramas y la importancia de los “pequeños momentos Eureka”

Los crucigramas, ese juego que apasiona a muchos, surgió en Inglaterra en 1868. Fue inventado por el periodista inglés Arthur Winne quien recordó un juego infantil que le enseñó su abuelo: el cuadrado mágico, que consistía en ubicar palabras en casillas dentro de un cuadrado de modo que pudiesen leerse tanto horizontal como verticalmente. En una revista titulada ‘St. Nicholas’ un tal Hyperion empezó a publicar los “Double Diamond Puzzle” (rompecabezas de doble diamante). Se entrelazaban palabras pero sin el uso de cuadritos negros.

El primer crucigrama moderno se publicó en el suplemento dominical del periódico New York World el 21 de diciembre de 1913. A partir de su éxito, tanto en América como en Europa, numerosos diarios y suplementos dominicales tomaron como costumbre incluir este pasatiempo.

Hacer crucigramas es una actividad divertida e ideal para ejercitar la mente que forma parte de la vida de los seres humanos desde hace mucho tiempo. Pero también es mucho más que eso. Nos dan la oportunidad de satisfacer la necesidad del ser humano de sentirse realizado (aunque sea en una pequeña escala) por haber encontrado una respuesta a algo.

El hallazgo de estas respuestas no conllevan una reacción tan impresionante como el momento en el que el inventor griego Arquímedes descubrió la forma de calcular la masa y el volumen de un objeto, hecho que le produjo tanta excitación que salió desnudo recorriendo las calles de Siracusa al grito de ¡Eureka! (“lo he encontrado” en castellano); pero sí producen cierta sensación de tranquilidad intrínsecamente unida al placer.

Los beneficios de hacer crucigramas

El hallazgo de soluciones creativas ante problemas de gran dificultad es un aspecto fundamental de la cultura del ser humano, que, debido a la exposición de esos problemas que necesitan una respuesta, experimenta el denominado momento “Eureka” del que Arquímedes fue, precisamente, el pionero.

La práctica de este tipo de ejercicios mentales ayuda a mantener activas las uniones neuronales reforzándolas y manteniéndolas jóvenes por más tiempo. En este caso no se trata de un músculo que crece con el ejercicio físico. Las neuronas no se hacen más grandes ni se reproducen, pero sí que se mantienen en plena forma y duran más tiempo, pues si dejamos de estimularlas acaban muriendo y nunca las volvemos a recuperar.

El entrenamiento de la mente es también una aliado para prevenir enfermedades como el Alzheimer o la demencia que aparecen con el paso del tiempo. La estimulación con este tipo de actividades hace que nuestra mente se mantenga joven, además de ayudarnos a mejorar la capacidad mental y conseguir que seamos más ágiles a la hora de llevar a cabo razonamientos y problemas lógicos de la vida cotidiana.

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