Por qué los intensivistas somos una especie en extinción (y por qué es urgente hacer algo)

Alejandro Risso Vázquez, médico especialista en terapia intensiva, explica por qué hay cada vez menos médicos intensivistas y por qué es urgente revertir esta situación.

Como nunca antes, en Argentina se pone sobre la mesa nuestra profesión, nuestro trabajo. Los médicos intensivistas no solemos estar en ninguna agenda pública ni en ningún ranking de prioridades en términos de gestión. En distintos planos, se nos valora cuando la vida llega a un borde muchas veces desesperante. Por ejemplo hoy: pandemia mediante, y ante el dolor de decenas de miles de fallecidos y el fantasma de un número de víctimas en acelerado crecimiento, escuchamos hablar en todos lados de los especialistas en terapia intensiva.

Primero se habló de la escasés de respiradores. Luego, de la falta de camas. Y, desde hace unas semanas, se pone la lupa donde siempre debió estar: el recurso humano especializado, formado para asistir a quienes el coronavirus golpea con mayor ferocidad. Por fin, hacemos foco en un llamado de atención que algunos venimos subrayando desde hace años: la cantidad de intensivistas se desmorona y es urgente encarar políticas y decisiones que reviertan esta tendencia.

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Por qué faltan médicos intensivistas

¿Por qué se da la falta de intensivistas que están difundiendo desde el sector y que la sociedad empieza a escuchar por primera vez? ¿Por motivos salariales y de condiciones laborales? ¿Por tiempos y dificultades en lo que tiene que ver con la formación?

Desde hace varios años se observa la falta de médicos, enfermeras y kinesiólogos especializados en areas críticas. Quedan vacantes plazas y cargos en los que era casi imposible ingresar quince años atrás. No es nuevo: la pandemia sólo lo vuelve más visible. La causa es multifactorial, pero es indiscutible que las condiciones salariales, sumadas a las condiciones laborales precarias, son dos desencadenantes muy importantes de la falta de intensivistas a lo largo y ancho del país.

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Los intensivistas son un recurso muy calificado, que lleva varios años de formación. Un buen recurso en terapia intensiva requiere 4 años de formación intensa, con cursos de especialistas y capacitaciones adicionales que uno debe realizar para salir a un mercado laboral que ofrece guardias inhumanas, en general de 24 horas, que encima se pagan mal.

Por eso es clave dejar claras algunas respuestas a preguntas que escuchamos con frecuencia:

En este contexto, si se sumaran más camas de terapia intensiva (UTI), ¿habría más personal especilizado para incorporar?

La incorporación de camas sin personal especializado pasa a ser un mueble más en las unidades, ya que no hay quienes atiendan esas camas y, por lo tanto, la atención de esos pacientes puede ser dada por personas que no están especializadas, con lo cual la evolución y el desenlace de la enfermedad crítica no puede ser el esperado, impactando directamente en la mortalidad del paciente.

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Desde la primera ola, ¿hubo alguna iniciativa estatal para incentivar la formación de nuevos intensivistas? 

No hay incentivos de formación de intensivistas, ya que, al día de hoy, e incluso a la luz de esta carencia tan crucial en tiempos de pandemia, no se han impulsado cambios que promuevan esta formación ni mejoren las condiciones de trabajo.

¿Dónde se forman mayoritariamente los intensivistas en el país?

La mayor parte de los médicos intensivistas se forman en el AMBA, pero en las grandes urbes hay centros de formación de médicos especialistas en las residencias médicas, que, a mi criterio, es la formación necesaria para ser especialista. Hay, además, cursos superiores de especialistas y la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva forma especialistas en cuidados críticos, que son médicos que están dentro del sistema de residencias.

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¿Se podrían resumir algunos ejes del trabajo específico de un intensivista? ¿Qué los distingue de otras especialidades? ¿Qué especificidades del trabajo en terapia son importantes en relación al Covid-19?

Los intensivistas son los que se han formado y entrenado para dirigir el cuidado y el tratamiento de los pacientes más gravemente enfermos, o que han sufrido grandes traumatismos o incidentes de cualquier índole, sean adultos o niños.

Por ejemplo, los pacientes politraumatizados por accidentes, los que tienen insuficiencia respiratoria, cuidados posquirúrgicos, hemorragias cerebrales, infarto cerebral, pacientes embarazadas que desarrollan hipertensión arterial o sangrados masivos, entre otros. Estos pacientes son los que requieren (dentro de un mínimo listado de enfermedades o traumas) del intensivista.

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Una persona en Terapia Intensiva puede requerir estar bajo asistencia mecánica (Respiradores Artificiales), por lo cual se los debe llevar al coma farmacológico e intubar. En ese período, puede haber cambios a nivel cardiovascular que monitorizar.

Es una tarea compleja que, con el COVID, se hizo aún más difícil por todo lo asociado a los cuidados respiratorios fundamentalmente. Son pacientes que llegan con gran compromiso de su capacidad ventilatoria y con quienes se debe llevar a cabo una asistencia ventilatoria dirigida que tienen mucha complejidad.

Esto, sumado al uso extremo de EPP (equipamiento de protección personal) hizo que la pandemia lleve a un gran desgaste de todo el equipo de salud y, en especial, a los intensivistas. ¿Por qué? Porque son pacientes muy complejos, que demandan mucho trabajo, además de una atención especializada que, dentro de la unidades terapia, es realizada por médicos, enfermeros y kinesiólogos, que, si bien necesitan contar con el apoyo de médicos de otras especialidades, tienen el mayor peso: como nunca antes, la gran carga laboral está dada por el equipo de UTI.

Si bien, en este contexto de pandemia, otras especialidades debieron empezar a atender pacientes respiratorios, el equipo que lleva el tratamiento de los pacientes más graves del sistema es el de los intensivistas.

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Hace años que se viene advirtiendo que los intensivistas somos una especie en extinción y que cada vez son más las patologias que requieren soporte especializado. Otra vez: no es nuevo. Pero sí es urgente, más urgente que nunca, trabajar desde la gestión para reparar esta situación. Si no tomamos conciencia de la importancia de modificar la formación y de mejorar las condiciones laborales y salariales de los intensivistas, seremos muchos los médicos que emigraremos a otras áreas que tengan menos carga laboral.

La enorme exigencia, la mala remuneración en muchos planos y el estrés agobiante de atender pacientes críticamente enfermos, sosteniendo a la par, con la mayor empatía posible, a sus seres queridos en un momento dificilísimo, es algo muy difícil de sostener. Estoy convencido de que la primera riqueza es la salud. Es clave y urgente que quienes planifican las políticas sanitarias coincidan en esta prioridad y gestionen en consecuencia.

  • Por Alejandro Risso Vazquez. Médico especialista universitario en medicina crítica y terapia intensiva. Especialista en medicina interna y en economía y gestión de la salud.

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