Psicofármacos: crece el consumo y advierten sobre los riesgos de la automedicación

Durante la pandemia del coronavirus creció el uso ansiolíticos, antidepresivos y otros psicofármacos. Cuáles son los riesgos.
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Los datos del mercado son elocuentes y se repiten en muchos países. El consumo de psicofármacos el año pasado y en el primer semestre de 2021 se aceleró en Argentina y cada vez más gente los usa sin prescripción médica alguna, o recetados por un médico que no se especializa en el tema. La automedicación es cada vez más preocupante y riesgosa gracias al fácil acceso a medicamentos que debieran tener controles más estrictos y una creciente automedicación.

La OMS habla de una pandemia de enfermedad mental post coronavirus y los expertos advierten que se disparó el consumo de psicofármacos, medicamentos de venta libre, drogas y alcohol

El consumo de psicofármacos en Argentina

El consumo psicofármacos viene creciendo en Argentina desde hace más de una década, pero la pandemia del COVID-19, con las normas estrictas de confinamientos, enfermedades, pérdidas y duelos de todo tipo, la profundizó.

Un flamante relevamiento de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) sobre el mercado de medicamentos en el país reveló que, entre los 15 medicamentos más vendidos, hay dos psicotrópicos que se venden bajo receta archivada: el clonazepam y el alprazolam. En 2020 se vendieron 187.009 unidades más de clonazepam (+4%) y 286.801 unidades más de alprazolam (+6%).

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A su vez, aumentó un 6,5% la venta de medicamentos que actúan sobre el Sistema Nervioso Central (SNC): se vendieron casi 7 millones de pastillas más. Los que más crecieron son los neurotónicos (10,04%); los hiptónicos y sedantes (9,18%), y los antipsicóticos (8,59%).

Para analizar esta situación, consultamos al doctor Rafael Herrera Milano, médico psiquiatra, para entender las consecuencias y riesgos de esta tendencia.

El consumo de psicofármacos creció durante la pandemia y está en niveles históricos. ¿Cuáles son los riesgos?

Sin dudas el mayor riesgo es que la gente se automedique, sin el adecuado control de un psiquiatra. La mayor preocupación radica en los efectos adversos que le puede producir al organismo, más allá de acostumbrarse (dependencia) a la droga que se autoprescribió sin criterio profesional alguno.

Uno de los medicamentos más utilizados son las benzodiazepinas, que son drogas que actúan sobre el Sistema Nervioso Central con efectos sedantes, ansiolíticos, hipnóticos, anticonvulsivos y miorrelajantes. El uso abusivo o incorrecto puede provocar una sobredosis o incluso la muerte, especialmente cuando se combinan con otros depresores del SNC y/o alcohol.

Es clave adoptar políticas públicas que estén enfocadas en el uso racional de los medicamentos para asegurarse que los pacientes reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en las dosis correspondientes a sus requisitos individuales, y evitar los riesgos que la automedicación supone.

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¿Es necesario medicar ante la angustia o la tristeza o hay emociones que hay que atravesar?

La teoría dice que no, pero la práctica demuestra que algunos procesos “no patológicos” o reactivos a un episodio muy estresante (separaciones, duelos) se deben medicar en aquellos pacientes que no tienen los recursos emocionales suficientes como para atravesarlos solos o con psicoterapia unicamente.

Creo que es importante prestar atención al exponencial aumento del consumo de sustancias de abuso durante la pandemia, porque ha hecho emerger o profundizar cuadros depresivos preexistentes. En épocas de incertidumbre constante o en las que contar muertes se hace cotidiano, es esperable que los trastornos del estado del ánimo crezcan en su prevalencia y que se complejicen con consumos de sustancias, configurando las denominadas patologías duales.

¿Cómo debiera ser un proceso de empezar a tomar una medicación psiquiátrica? ¿Es difícil dejarla luego? Muchos dicen que es un viaje de ida…

El primer paso es hacer la consulta al profesional. Siempre se comienza con una lenta titulación, es decir con un aumento progresivo de la dosis hasta llegar a niveles terapéuticos (los cuales son variables en cada paciente).

Una vez que se cumplió el tiempo adecuado de tratamiento (varía según la gravedad del cuadro y si es un primer episodio o una recaída) y se logró una remisión sintomática total, se comienza con una lenta discontinución de la medicación que, en ocasiones, puede llevar meses. No es un viaje de ida, en tanto y en cuanto se trate de un cuadro que no sea de evolución crónica e irreversible como puede llegar a ser el caso de una Esquizofrenia de larga evolución.

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¿Cuáles son los medicamentos psiquiátricos más recetados?

Las Benzodiacepinas

¿Desde qué edades están tomando psicofármacos? ¿Cambió algo en la pandemia?

Desde niños, cuando hay casos graves (epilepsias/retrasos madurativos/TOC), en ocasiones no es necesario pero en otras de gravedad son imprescindibles. Hay corrientes que creen que a los chicos se los sobrediagnostica/sobremedica, un ejemplo de ello es TDAH que creen que se medica al paciente “porque es inquieto y no presta atención”. La realidad es que en muchas oportunidades los casos toman un vigor preocupante y la herramienta indispensable es la medicación, más allá de otras medidas terapéuticas de apoyo.

La pandemia exacerbó los cuadros preexistentes, ya sea por el cambio de rutinas a los que estaban acostumbrados o por no tener el contacto personal con el terapeuta.

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El Clonazepam y el Alprazolam son dos de los más vendidos. ¿Para qué se dan? ¿Cuáles son los beneficios y riesgos?

Están dentro del grupo de las Benzodiacepinas. Presentan cuatro efectos, los cuales se hacen más evidentes en algunas benzodiacepinas que en otras y ahí radica el criterio de elección:

  • Ansiolíticas
  • Hipnóticas
  • Miorelajantes
  • Anticonvulsivantes

Entre los beneficios se destaca la baja latencia (es decir, es poco el tiempo en empezar a hacer efecto). Respecto a los riesgos, el abuso, la tolerancia (cada vez más dosis para obtener el mismo efecto) y la dependencia (física y psíquica). Pero es importante subrayar que, si se hace un uso racional de los psicofármacos, son una excelente herramienta terapéutica.

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Sertralina es otro de los más vendidos, junto con el Citalopram. ¿Qué son, para qué sirven y en qué se diferencian?

Son ISRS (Inhibidores selectivos de la recaptación de Serotonina), antidepresivos.
Son muy versátiles, al igual que todos los psicofármacos. Si se conoce su mecanismo de acción molecular se pueden utilizar para casi todo. Es como un destornillador: se puede usar para desatornillar un tornillo o para abrir una lata de pintura, pero para eso hay que conocer acabadamente la herramienta que estoy utilizando.

Son dos moléculas similares, las diferencias son sutiles y radican en los efectos adversos fundamentalmente y en las posibles interacciones medicamentosas. Pero, volviendo al concepto anterior, si se conoce cabalmente cómo es el mecanismo de acción de la droga se pueden utilizar los efectos adversos como terapéuticos.

Por ejemplo, la Sertralina mejora la resistencia periférica a la insulina (indirectamente baja la glucemia), por lo cual es una droga de elección para un paciente deprimido y diabético. Es decir, se usa el efecto adverso “hipoglucemia” como terapéutico.

Los antidepresivos son indicados, tradicionalmente y principalmente, para trastornos del estado de ánimo y trastornos de ansiedad. Eso es lo clásico, pero son eficaces en múltiples patologías si se comprende su funcionamento integral.

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Es clave revisar la mirada sobre la psiquiatría y la salud mental para dejar de lado los estigmas. Me gustaría destacar cuatro cosas:

  1. No todo paciente que toma un antidepresivo es depresivo.
  2. No todo paciente que toma un estabilizador del ánimo es un bipolar.
  3. No todo paciente que toma un antipsicótico es un psicótico.
  4. No todo paciente que toma una benzodiacepina tiene insomnio.

Entender la versatilidad de los psicofármacos, en el marco de un uso racional, puede ser de gran valor ante la epidemia de enfermedad mental que genera la pandemia.

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