“Terminé mi pelea contra el cáncer y esto es lo que aprendí durante la lucha”

A los 21 años, Edmundo recibió un diagnóstico de linfoma de Hodgkin y cambió su vida. Compartió su historia para arrojar luz sobre un tema lleno de sombras. La compartimos y nos sumamos a su buena vibra.

A veces la vida golpea duro. Sin aviso, sin piedad, sin darte chance de algún tipo de proceso que permita pensar. Ocurre, por ejemplo, cuando un médico nos mira a los ojos y nos dice que eso que teníamos como natural y dado, la SALUD, acaba de alejarse de nosotros. Y nos tira un diagnóstico que suspende absolutamente todo lo que era importante y urgente hasta ese momento. Es lo que le pasó a Edmundo David, un joven tucumano, de 21 años, que un día se palpó un bulto en el cuello y volvió a casa poco después con un diagnóstico de cáncer en el tejido linfático. En ese momento comenzó su lucha y, también su aprendizaje.

Hace unos meses su testimonio fue tendencia en Twitter cuando, tras sobreponerse a la enfermedad, logró cientos de miles de retuits al contar lo que aprendió luego de casi un año de quimioterapia y tratamientos médicos.

Edmundo llevaba una rutina normal. Iba a la facultad, salía con sus amigos y empezaba a conocer a una chica, que se convertiría en su gran amor. Pero un día su vida dio un giro inesperado, que le enseñó muchas cosas

Estos son los puntos centrales que publicó en su cuenta y que creemos importante rescatar y compartir.

1. “Sí, es un cagada. Sí, da miedo. Pero esquivar el tema sólo fomenta la desinformación”.
2. “Informate. Escuchá a tu médico. Especular te lleva siempre a pensar lo peor. Preguntá todo sin miedo, acá no hay dudas ni preguntas boludas”.
3. No pierdas la cabeza. El 60% de la pelea es en el cuerpo y el otro 40% en la mente. La depresión puede ser peor que la propia enfermedad.
4. “Acostumbrate y naturalizá lo que te toco. Vas a tener que vivir con eso así que mejor tenerlo de amigo. Decilo en voz alta y sin miedo. Aceptalo como una etapa, por más que la etapa pueda ser el resto de tu vida.”
5. “Reíte de vez en cuando. Los chistes negros no son para cualquiera, pero a veces hacen bien. Reírte de la enfermedad te hace sentir que le podes ganar”.
6. “El encierro y la soledad te hacen mierda. Hay cánceres que te dejan internado y cánceres con los que podes ir a trabajar. Yo estuve 2 meses sin salir de mi casa y el encierro fue de las peores cosas del trance”.

Esquivar el tema, explica Edmundo, sólo contribuye a esa desinformación y a reforzar la imagen trágica que tiene esta enfermedad

7. “Distraete, ocupá la cabeza. Aprendé un idioma o un instrumento, mirá series, leé, cociná, lo que te sirva. En lo posible seguile el hilo a tu vida (trabajo, estudio) pero con conciencia y conociendo tus limitaciones. No te satures.
8. “A las cosas malas inevitables transformalas en peleas o batallas y que te hagan ganar. Esta puede parecer una boludez pero a mi me sirvió muchísimo. Yo apostaba con el enfermero cuantas veces iba a vomitar en una quimioterapia“.
9. “Buscá un baluarte, algo donde apoyarte cuando todo lo demás se caiga y te quiebres… porque vas a quebrar. Tarde o temprano todos quebramos. La reacción post-quiebre puede cambiar el rumbo de tu tratamiento, para bien o para mal”.
10. “Si querés ayudar a alguien que tiene cáncer: acompañalo. Sentirte solo puede ser peor que sentir que te estás muriendo. No lo asfixies, pero no lo sueltes. No le hagas sentir que se está muriendo, incluso si es así. Que sienta tu compromiso, pero que no se sienta presionado”.

 

Desde su experiencia, desde su historia personal, Edmundo pide que se hable más de cáncer para que la gente pueda advertir los síntomas y llegar temprano al tratamiento. Es lo mismo que subrayan los principales oncólogos del país, como Ricardo Kirchuk: Basta “larga enfermedad”: decir “cáncer” y erradicar los eufemismos salva vidas.

Nos sumamos a sus ganas de arrojar luz sobre ese lugar oscuro para contar que hay luz, cada vez más luz, y que la clave es consultar y ocuparse de ponerse en buenas manos para tratar una enfermedad que dejó de ser una condena a muerte. ¡Bravo Edmundo! Mucha salud y mucha suerte. Gracias por tu generosidad.

Seguí leyendo: La historia de Maxi: una invitación a pensar el cáncer de otra manera

 

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