El deseo sexual no se elige: negar la homosexualidad es una batalla perdida

El Doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, explica que no es algo que uno pueda elegir y por qué la aceptación y disfrute de lo que cada uno es es el único camino a la felicidad.

Y un día llegó con un nuevo amigo a comer, compañero del “gimnasio”, dijo, otro día se quedó a dormir en su casa; otro día, ella, sospechando de que algo pasaba, le revisó el teléfono y ahí confirmó la sospecha: “mi marido es gay”. Esta escena aún ocurre en este siglo XXI donde pareciera que el clóset está entreabierto y solo basta un empujón para “patear” la puerta y abrirlo del todo. Sin duda, la represión, el miedo, la creencia de que es solo un deseo pasajero, la imposibilidad de romper con las normativas sociales, la vergüenza de encarar a pareja, familia, amigos, etc. Para estos hombres, el panorama de la verdad es desolador y deciden ocultarla, a costa de sufrir.

El deseo sexual no se elige, se construye con la subjetividad, como un aspecto central que orientará en un futuro las motivaciones amorosas y eróticas. La elección será la manera de llevarlo adelante, de visibilizarlo u ocultarlo, de guiar los modelos de conquista, los proyectos personales y vinculares, las diferentes maneras que tiene la sexualidad de intervenir en nuestra vida. Por lo tanto, entendemos que el sexo es un determinante de “lo natural”; sin embargo, la sexualidad es diversa, nos comprende como seres humanos en toda su dimensión.

La heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad o la pansexualidad son distintas orientaciones del deseo y la atracción. En las personas estas orientaciones suelen ser congruentes con sus deseos y sus elecciones de pareja pero, en otros casos, el deseo no se condice con la orientación que se muestra, como ocurre cuando una persona quiere estar con alguien del mismo sexo y no se lo permite, es más, hasta puede reaccionar con conductas homofóbicas.

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Quisiera aclarar que todos podemos tener deseos homosexuales sin que esta orientación esté definida en la sexualidad. Estos deseos pueden aparecer en diferentes etapas de la vida, ser despertados por el contacto con el otro de mismo sexo, etc., hasta se puede concretar en un contacto sexual, pero en estos casos el deseo homosexual será transitorio e indica la versatilidad del mismo. No obstante, el deseo puede quedarse (en realidad estaba reprimido) y comienza a pulsar en el interior buscando algún modo de salida.

Cuando el deseo homosexual aparece y se instala en el sentir de la persona, miles de imágenes aparecen en la mente: “¿qué hago?” “cómo hago para saciarlo”, “lo comparto”, “seré homosexual o bisexual”, “cómo hago para vivir con esto”. En algunos hombres, el deseo homosexual aparece en la adolescencia y “aprende” a ocultarlo, con algún escarceo sexual ocasional, a veces marginal, sin que esto sea cuestión de conflicto. En otros hombres, el deseo homosexual es cada vez más fuerte, no solo en lo sexual, sino en la aparición de afecto, amor, ganas de estar con ese otro ser que movilizó las estructuras defensivas hasta hacerlas caer. Y ahí viene el dilema, ese conflicto insomne que perturba y, al mismo tiempo, apura a una rápida resolución.

Cuando el deseo y la orientación homosexual aparecen y se configuran como una verdad sin vueltas en un hombre en “apariencia” heterosexual, la salida del clóset es la conducta más saludable. La congruencia entre el deseo, la orientación sexual y la proyección amorosa alinean las motivaciones de desarrollo y alimentan la estima. Seguramente antes de decir, de poner en palabras la verdad, habrán ocurrido numerosos acercamientos al mismo sexo: levantes callejeros, contactos por las redes sociales, interés solapado por el “mundo gay”, concurrencia furtiva a algún boliche “de onda”; hasta que aparece la posibilidad de amar o de conectarse de una vez por todas con esa verdad oculta.

No se puede vivir en el medio, tironeado por dos deseos dispares, porque será uno el más débil (sostenido por las convenciones sociales y el miedo), el otro más fuerte (transgresor, desafiante, pero con una carga de verdad intrínseca). Será, parafraseando a la maravillosa nouvelle de Marguerite Yourcenar, “un inútil combate”.

  • El Doctor Walter Ghedin es médico psiquiatra y sexólogo.

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