El yoga del amor: sexo, intimidad y movimiento

Etimológicamente, el término emoción viene del latín emotĭo, que significa “movimiento o impulso”, “aquello que te mueve hacia”.

Desde una perspectiva yoguica, podemos distinguir 4 emociones básicas que nos impulsan cotidianamente: el miedo, el dolor, el enojo y el amor.

Y como estas fomas de energía pueden usarse para reflejar los sentimientos del alma o para someterlos, para emanar paz o aumentar la agitación, debemos considerar su importancia tanto en nuestro propio cuerpo como en nuestro entorno.

Por ello, a la hora de amar, el yoga no solo puede ser un aliado que nos regale mayor vitalidad, sino que fundamentalmente es una forma de entender el amor.

Cuando la unión entre dos personas se concibe como una realización completa del ser humano, cuerpo y espíritu, no existen límites a los placeres del cuerpo y a la felicidad del alma.
Así que, aquí van algunos consejos para que la práctica del yoga nos ayude en la “práctica física del amor”

1. Concentración

El yoga ayuda a dominar el arte de centrarse en el momento presente. Utilizar un modo de enfoque “láser” para concentrarnos en nuestra pareja y solamente en nuestra pareja generará mayor placer del instante y será cuestión de tiempo para que él o ella devuelva esa máxima concentración.

2. Percepción profunda e inmediata de las sensaciones

El Yoga aumenta la sensibilidad a la sensación, y todos sabemos que el sexo es una mezcla heterogénea de sensaciones eróticas. El yoga también nos enseña el tratamiento de las sensaciones que estamos experimentando. Al igual que el yoga, el sexo requiere que uno conozca cuándo retroceder o ralentizar antes de que sea demasiado tarde o temprano, para cada uno de los miembros de la pareja.

3. Conexión a través de la respiración

La próxima vez que nos toque estar en una clase de yoga, prestemos atención a la respiración. No sólo a la propia, sino a la de todos los están en la clase. Notaremos cómo la respiración genera una oportunidad para que todos estén conectados, en sintonía. El mismo rol de facilitador de conexiones puede jugarlo entre los miembros de una pareja. Prestemos atención a la respiración de nuestra pareja y tendremos a nuestro alcance un manual clarísimo con todo lo que necesitamos saber acerca de él o ella.

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4. Flexibilidad sin fin

Ésto es un hecho. Una práctica regular del yoga mantendrá nuestro cuerpo flexible y lo suficientemente ágil como para desenvolvernos con destreza en el lugar que sea.

5. Unión

Yoga, literalmente significa “Unión”. El sexo es la unión definitiva. Si nosotros conseguimos unir mente, cuerpo y espíritu en una estera de yoga, podremos conseguirlo también con nuestro amante en la cama.

6. Tiempo al tiempo

Los tiempos del yoga nos ayudan a entender los tiempos del amor. Cuando uno inicia la labor diaria de la practica del Yoga no se lanza inmediatamente a resolver las posturas más complicadas, sino que gradualmente va tomando impulso a medida que el cuerpo va entrando en calor y la mente en foco.
En el amor es exactamente igual. Cada ritual amoroso merece y debe recibir su espacio y su tiempo. Nada bueno sale de estar apurado, ni en el Yoga ni en el amor.
Tomemos el tiempo necesario para participar en los juegos previos antes de entrar en esas posturas difíciles, ya sean de yoga o amatorias.

7. La fluencia constante

Cuando se trata de yoga y sexo, una cosa es fundamental: el devenir. En el yoga, uno busca encontrar su equilibrio mientras se mueve. Sigamos el ejemplo y hagamos lo mismo en la cama (o donde sea que el encuentro amoroso tenga lugar).

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8. Las ramas enredadas

No es de extrañar que el yoga y el Kama Sutra vengan del mismo lugar. Los brazos y las piernas enredadas son una especialidad en ambos casos. Ciertas posiciones de yoga se pueden traducir bastante bien en el dormitorio.

9. “Las parejas de Yoga”

Si estamos acostumbrado a reservar 90 minutos al día para practicar yoga, consideremos la posibilidad de intercambiar una práctica por las sesiones de amor con nuestra pareja.

10. El Afterglow

En el yoga, se trabaja duro durante 60 minutos, pero entonces se obtienen unos gloriosos 15 minutos de savasana para permitir que la magia de la práctica se filtre en el alma. Debemos asegurarnos al hacer el amor que también exista ese tiempo para que ambos puedan disfrutar el resplandor del amor.

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