8 mitos sobre el sexo que los especialistas escuchan con frecuencia

En las consultas a psicólogos y sexólogos se suelen repetir cinco mitos que es bueno desterrar de una vez por todas.
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Lo subrayan los sexólogos una y otra vez: es fundamental no compararse porque cada pareja es un mundo. Cada una tiene necesidades, sus dinámicas, sus costumbres, sus gustos, etc. No hay una frecuencia ideal ni metas que cumplir más allá del deseo de las dos personas que tienen intimidad sexual consentida. A algunos le va el sexo rápido y a otros las sesiones románticas cocinadas a fuego lento. Unos lo hacen a diario y otros cada varios meses. Pero, dentro de esa diversidad, hay algunos mitos que los terapeutas y sexólogos se topan con mucha frecuencia y que es clave derribar.

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Mitos sexuales frecuentes

Según los especialistas, hay un punto en el que gran parte de las parejas coinciden: el estar influenciados por algunos mitos acerca del sexo que están muy arraigados en la sociedad y que generan dificultades en las parejas, afectando seriamente su vida sexual.

Los mitos son supuestas verdades que repetimos y enseñamos a través de generaciones o de persona a persona, creyendo que son irrefutables. En algo tan personal como la sexualidad, es clave aprender que no lo son.

Mitos sobre el sexo que es clave desterrar

1. Los hombres siempre tienen ganas y están listos para la acción

No es cierto. Los hombres son personas, no máquinas. Su pene no es un motor ni un resorte. Es un órgano, como otros del cuerpo, con una base biológica, y hay veces en las que está listo para la acción y otras en las que no lo levanta ni la escena más hot de todos los tiempos. La libido y la respuesta orgánica al deseo erótico en el hombre también está influenciada por el estado de ánimo.

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El estrés, el cansancio, la tristeza, la ansiedad… Muchas cosas pueden hacer que el varón tenga menos ganas. Es absolutamente normal. Esta creencia, además, somete a los hombres a una presión brutal. ¡Basta ya de estas cosas!

Como les pasa a las mujeres, los hombres a veces tampoco tienen ganas de tener sexo. Puede ocurrir por múltiples factores: cansancio, estrés, problemas maritales o de comunicación, enojos, estar con la libido en otro lado, etc. Es totalmente normal

2. El verdadero sexo es la penetración (y todo lo demás es otra cosa)

El modelo de sexualidad que hemos aprendido gran parte de nosotros se basa en un gran error: el sexo de verdad es la penetración. Consiste en “meter cosas en sitios” y esa es la única manera de llegar al orgasmo. ¡Error! No sólo no es así sino que muchas personas y parejas disfrutan plenamente de otras prácticas sexuales que no tienen nada que envidiarle al coito y que pueden ser muy satisfactorias.

Desde los besos a la masturbación mutua, las caricias y muchas cosas más. El sexo es amplio y diverso y no necesita una penetración para ser fantástico. No idealices ninguna práctica en particular ni subestimes el valor de aquellas que a la pareja la pone feliz o le genera bienestar. Cuando es cosentido y entre adultos, todo vale.

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Según los sexólogos, esta centralidad que ha tenido históricamente la penetración como sinónimo de sexo no sólo genera mucha presión en los varones sino que no deja bien paradas a las mujeres, que no pueden disfrutar de las múltiples maneras en que son capaces de llegar al orgasmo.

Este modelo coitocentrista ha llevado a que muchas mujeres pensaran que eran incapaces de alcanzar el orgasmo porque no lo lograban durante la penetración

Los especialistas han confirmado una y otra vez en los últimos años que el clítoris y su estimulación es clave para el orgasmo femenino.

3. “Existen dos orgasmos: el clitorídeo y el vaginal”.

Es falso. El orgasmo se produce a través de la estimulación del clítoris generalmente en forma directa (mano, lengua, juguete, pene, vulva, etc). Sólo el veinte por ciento de las mujeres pueden tener un orgasmo con la penetración del pene sin estimulación externa del clítoris, y ésto puede ocurrir porque con la penetración se estimulan las ramas internas del clítoris que se sitúan en la parte anterior de la vagina, o por el frotamiento de la mecánica de roce en alguna posiciones sobre el clítoris con el pubis de la pareja. Es decir, todos los orgasmos terminan siendo a partir del órgano de placer femenino.

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4. “Terminar” los dos al mismo tiempo es fundamental

Otra presión frecuente para la pareja y otro gran mito que debemos desterrar para siempre. Mientras los dos logren disfrutar y se den tiempo para que cada uno logre lo que busca, todo está más que bien. No hay por qué llegar simultáneamente a un orgamo. Se puede disfrutar mucho de ver a la pareja disfrutar primero y llegar después, o viceversa.

Muchas cosas operan a la hora de lograr un orgasmo y la cabeza tiene mucho para aportar. Ponerse presión para terminar al mismo tiempo es absolutamente innecesario y no supone mayor disfrute. De nuevo: cada pareja es un mundo.

Según los sexólogos, si partimos de la idea de que ambos miembros de la pareja deben tener un orgasmo al mismo tiempo vamos a encontrarnos con una gran frustración gran parte de las veces.

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Obsesionarse con este tema hace que estemos más pendientes de las señales del otro que del placer, lo cual a su vez hará que sea más difícil lograrlo. No pierdas tiempo ni energía en ello.

Los tiempos de los orgasmos son de cada uno, y de la mecánica de la pareja, y generalmente cambian en cada relación. El orgasmo juntos no es ni mejor ni peor, depende de cada pareja

5. La excitación de la mujer se mide por su lubricación

Asociar lubricación y excitación es incorrecto. Aquí operan hormonas, psiquismo y hasta particularidades individuales que nada tienen que ver con el deseo. Las mujeres se lubrican durante todo el ciclo menstrual y hay momentos en los que el flujo es más abundante y otros en los que es más escaso, con independencia a la excitación.

Hay mujeres que cuando están excitadas lubrican más, pero no todas. Algunas tienen mayor sequedad y, por suerte, hay muchos productos para combatirlo y disfrutar más. Muchas molestias podrían evitarse usando lubricantes, que a la vez pueden ser súper placenteros para ambos.

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6. Algo está mal si los dos no nos desearnos con la misma intensidad

Otro mito muy frecuente en los consultorios es el desequilibrio en el deseo entre los dos miembros de la pareja. Si bien aquí se pueden ahondar muchas cuestiones, cada persona tiene sus momentos psíquicos y emocionales y, también, su nivel hormonal, su estrés y demás yerbas.

El deseo no es algo innato ni es algo que se mantenga estable todo el tiempo: por el contrario, cambia en distintos momentos del día, en las diferentes etapas vitales, etc. El deseo es algo subjetivo, personal, y es algo que podemos estimular y trabajar, sobre todo cuando la pareja no sólo tiene un buen tiempo juntos sino, también, muchas preocupaciones o ocupaciones en común. Hacerle lugar a la libido es todo un desafío: Consejos para recuperar el deseo sexual.

Más allá del amor, el afecto y/o la atracción, el deseo es a veces más fuerte o más frecuente en uno o en otro, y eso no significa que algo vaya mal. Los expertos dicen que lo más habitual es que en la relación haya uno que tiene más apetito sexual que el otro, uno que suele tomar más frecuentemente la iniciativa o que tiene el deseo más facilitado. Mientras ambos se sientan cómodos, listo.

Por qué mi pareja no me excita

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7. “Una sexualidad plena depende de la frecuencia sexual”.

La sexualidad plena depende de la coherencia que hay entre lo que yo quiero para mi sexualidad y la realidad sexual que tengo, siempre con respeto hacia mí y hacia el otro.

8. “El tamaño del pene es clave para el goce”.

El disfrute de hombres y mujeres no dependen del tamaño del pene. La sexualidad abarca toda la piel en el varón y en la mujer para que formen parte del erotismo y la estimulación. El orgasmo se da en un pene de cualquier tamaño y, en la mujer, no depende de lo largo del pene, ya que la vagina no tiene sensibilidad interna y el orgasmo siempre es clitorídeo.

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