“No queremos justicia, queremos alivio”: carta abierta de una mujer abusada

Llegó a Buena Vibra un testimonio que nos detiene, que reclama empatía, escucha, sostén, compañía. Para todas las veces en las que no sabemos oír lo que nos dicen, un pedido que debemos escuchar.

“Las abusadas no nos reconocemos entre nosotras. No somos iguales. No tenemos mucho en común. Pero estamos marcadas. No hablamos del tema en los cumpleaños ni en los velorios. Si abusaron de nosotras cuando éramos muy chicas, lo más probable es que tengamos recuerdos borrosos. Memoria que tuvimos que borrar para sobrevivir. Escenas reales: no imágenes mal delineadas o que tienen poca tinta.

Las abusadas no mentimos. Pero siempre hay una incredulidad del otro lado.

-¿Tu papá?
-¿Fue tu papá?
-¿Estás segura de que era tu papá?

Sí. Claro que estamos seguras. Aunque nos acordemos a los 30 años de eso que borramos a los 5, cuando recién empezábamos el preescolar y nuestro papá se desnudó frente a nosotras.

La gente nos pregunta si estamos seguras porque parece que es una acusación muy grave. Lo importante en estos casos es que la acusación grave sea cierta. Lo importante en estos casos es medir las consecuencias. Es pensar en la familia. Es saber que ya pasó tanto tiempo que no tiene sentido acusar a nadie. Es saber que no lo vamos a hablar ahora porque él no va a admitirlo. Como no lo admitió nuestra madre cuando tratamos de contárselo para que nos salvara.

Lo importante es apoyar la estructura. No caer en la trampa de las malas interpretaciones. Lo importante es que él no se sienta ofendido ni atacado injustamente

Tal vez se desnudó sin darse cuenta. Tal vez vos estabas desnuda en su cama porque recién te habían bañado. Y eras tan chiquita. Estabas confundida y aterrada.

-¿Estás segura de que era tu papá?

Eso es importante. Estar seguros de él y que él lo esté.

No importa que vos estés rota porque vos no sos necesaria en este relato. Las abusadas son descartadas porque cumplieron su función. Y fueron lo suficientemente socavadas como para no mirar, no gritar, no pedir, no decir.

No le podés pedir a las abusadas que hablen. Porque hablar no trae nada nuevo. Ni condena. Ni claridad. Ni nos trae de vuelta de ese infierno en el que nos quedamos aquella vez.

Las abusadas no queremos perdón. Queremos no haber sido abusadas.

No queremos que hablen por nosotras. Que nos den lecciones. Que nos aconsejen. Que nos pongan en duda ni nos acuesten en el colchón almidonado de la víctima.

Somos las víctimas perfectas pero no queremos serlo.

Queremos ser libres. Quisimos ser cuidadas. Miradas. Acompañadas. No queríamos que nos dejaran solas frente a ellos.

Las abusadas no queremos justicia. Queremos alivio

Las abusadas caminamos eternamente con el peso de la sombra sobre nuestra conciencia.

Y sabemos que la libertad es sólo una palabra y que lo peor ya pasó, pero se repetirá eternamente en nuestro cuerpo.

Las abusadas tenemos la piel ajada. Enrojecida por el espanto. El alma quieta y una voluntad carente de sentido.

No tenemos bandera. No tenemos patria. No tenemos referencias. No tenemos ni siquiera miedo.

El depredador nos ha devorado por completo.

 

  • La autora de este texto es anónima. Se llama Alejandra V. y vive en Buenos Aires. 

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