Beijing, capital imperial

Beijing, la capital de China es enorme. Con casi 20 millones de habitantes y una extensión de más de 2.000 km2 es una de las mayores ciudades del mundo. Es plana y perfectamente cuadriculada, con un tráfico caótico y unos transportes públicos que crecen a marchas forzadas. La circulación sin embargo, no llega a ser tan lenta como en otras capitales asiáticas.

Es tal vez la única ciudad de nuestro planeta que cuenta con tantos monumentos considerados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad: la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo y el Sitio del Hombre de Beijing, han merecido ese calificativo.

La Gran Muralla

La Gran Muralla China es un monumento único en nuestro planeta. Sus 6.000 km son como una herida abierta que recorre el Norte de Asia. La Gran Muralla es la obra por excelencia de China, arquetipo de su cultura y civilización. La empezaron a construir hace más de 2500 años unos señores feudales que intentaban proteger sus dominios de la amenaza de las tribus nómadas del Norte.

Esas murallitas feudales fueron unificadas por primera vez en el siglo III a.C. por el primer emperador Qinshihuang: una gesta heróica en la que todo el pueblo chino puso su sangre y su vida, desde entonces mantiene más o menos la forma actual. No obstante la reconstrucción que se visita se realizó en la dinastía Ming.

El tramo principal va desde el paso de Shanghaiguan en el Mar de China, hasta Jiayuguan en el desierto de Asia Central. Cerca de Beijing está el lugar más famoso: Badaling, que está a 70 km y es el tramo más visitado.

Está en un paso entre montañas lo que le da un fácil acceso y la posibilidad de contemplar tanto desde arriba como desde abajo, varios kilómetros de muralla serpenteando entre las montañas. Allí la muralla es ancha y bastante elevada.

Plaza de Tiananmen

La Plaza de Tiananmen es el centro de Beijing y de la vida política de China. Con 800 metros de norte a sur, y 420 de este a oeste, es la mayor plaza del mundo.

En el centro de la plaza se yergue una construcción cuadrada, con columnas, es el Mausoleo de Mao Zedong. Su cadáver, debidamente preparado, descansa en su interior en una urna de cristal. Se puede visitar, y de hecho cada mañana miles de chinos hacen cola para verlo.

Generalmente la cola es impresionante por el número de gente que espera para verlo, pero dado que nadie se puede parar ante el cadáver de Mao, avanza bastante deprisa, y generalmente no hay que esperar más de 20 ó 30 minutos.

Al norte de la plaza se encuentra la imponente Puerta Tiananmen, con ese retrato de Mao que se ha hecho famoso y parte ya del decorado de la plaza y de la puerta.

Para llegar a la puerta hay que cruzar la avenida Changan mediante dos pasos subterráneos. Se puede subir a la puerta, pasando previamente por un exhaustivo control de armas. Arriba hay algunos objetos conmemorativos de la fundación de la República Popular China, ya que fue desde ese lugar desde donde Mao realizó la proclamación. Aparte de ello no tiene otro interés especial.

La Ciudad Prohibida

Ha sido el hogar impenetrable de los emperadores de las dinastías Ming y Qing. Una ciudad dentro de la ciudad, tan fascinante para el turista como triste para sus huéspedes casi “atrapados” en esta fortaleza de oro.

La ciudad prohibida en Pekín es una gran colección de templos, casas, jardines, puentes, pasillos, esculturas y exposiciones que nos hablan de la vida de los emperadores. La zona está completamente rodeada por murallas que hacen que se vea aún más inexpugnable y austera.

La cola para entrar es inevitable. Te aconsejo empezar la visita por la entrada sur, o sea desde la Puerta de la Paz Celestial (o Tiananmen), donde un retrato de Mao recibe a los visitantes. Tendrás que pasar unos controles de seguridad y estarás adentro.

Antes de entrar comprá la audio-guía en español. La entrada a la Ciudad Prohibida cuesta 60 yuan (unos 6 euros), con descuentos para estudiantes y jubilados que pagan la mitad. La ciudad prohibida cierra los lunes.

La Ciudad Prohibida o Palacio Imperial, fue la residencia imperial durante las dos últimas dinastías (Ming y Qing). Con 9999 habitaciones es el mayor palacio del mundo. Está rodeado por una muralla y un foso de 50 metros de ancho. Los alrededores de la Ciudad Prohibida son uno de los espacios más interesantes para alojarse en Pekín y permiten que los turistas estén a cortas distancias de los destinos más sobrecogedores de la ciudad.

Según entramos en la Ciudad Prohibida nos encontraremos con la Puerta de la Armonía Suprema. Para llegar a ella hay que cruzar un pequeño canal por alguno de sus cinco puentes.  Desde aquí se disfruta de la vista más famosa de la Ciudad Prohibida: el Salón de la Armonía Suprema, elevado sobre una triple terraza de mármol blanco. En su interior está el trono. Este es el pabellón más importante del palacio y la construcción más alta del Beijing antiguo.

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