Europa en bicicleta para familias: una tendencia saludable y divertida

Viajar en bicicleta en familia por distintos rincones de Europa es una opción que vale la pena conocer. Hay rutas adecuadas para todas las edades y empresas que te organizan todo.

Ya no hay excusas para no disfrutar de un viaje diferente. Europa en bicicleta y en familia no solo es posible, es además saludable y divertido.

Con una generación de padres deportistas, que tienen ganas de hacer viajes diferentes, activos y en contacto con la naturaleza, y que desean que sus pequeños hijos disfruten el viaje, nada más emocionante y acorde con estos deseos que hacer una ruta en bicicleta en familia.

Hay grandes zonas – a veces países enteros – perfectamente equipadas para esta actividad, con sendas especiales para dos ruedas y todo tipo de infraestructuras.

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Además hay empresas que ofrecen bicicletas para niños, carritos remolques y sillas infantiles; y la mayoría de itinerarios en bici incluye alojamientos adecuados para toda la familia.

En Europa hay una cultura de la bicicleta extendida y los padres acostumbran buscar a sus hijos en bicicleta. Existe una gran infraestructura en indicaciones, accesos y condiciones que harán del viaje una experiencia inolvidable

Rutas para recorrer Europa en bici con toda la familia

Paco Nadal, periodista especializado en viajes y naturaleza, hizo esta selección de itinerarios para recorrer en bici y en familia.

Holanda: por el país de los tulipanes

Pocos países se identifican más con una bicicleta que Holanda. Las grandes llanuras de los Países Bajos parecen perfectas para unas vacaciones sobre dos ruedas. Pero si pensás ir en verano olvidate de ver tulipanes porque florecen en mayo.

En Holanda todos, casi todos los caminos, en cualquier dirección que se elija, tienen en paralelo una opción exclusiva para bicis. Y la mentalidad protectora de los holandeses para quienes se desplazan en este medio facilita unas vacaciones muy agradables.

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Hay muchas rutas aptas para hacer en bicicleta (en las oficinas de turismo de Amsterdam venden mapas de todas ellas), pero una muy aconsejable de una semana de duración es la que rodea el Ijselmeer, el mar interior de Holanda, entre polders y pueblecitos marineros sacados de una postal.

Para evitar el tráfico y la congestión de Amsterdam conviene salir de allí en coche y empezar a pedalear en Hoorn, uno de los pueblos costeros más bellos de Holanda. Desde allí hay una jornada de marcha hasta Den Helder, en el extremo norte, desde donde se puede cruzar en transbordador a la isla de Texel, la mayor del archipiélago de las Frisonas y paraíso de aves marinas.

De vuelta la continente, se cruza el Afsluitdijks, el gran dique de 32 kilómetros que cierra el Ijselmeer de las embestidas del Mar del Norte, para entrar en la provincia de Friesland por la localidad de Makkun. Desde allí de vuelve hacia el sur por toda la ribera del mar interior hasta Lelystad, en pleno polder de Flevoland, una de las muchas tierras ganadas al mar por los holandeses, para cruzar de nuevo por otro dique hasta Enkhuizen y retornar al punto de partida.

En total son unos 300 kilómetros llanos y placenteros, salvo que sople el viento en contra.

Islas Lofoten en Noruega: por encima del Círculo Polar

Pedalear por encima del Círculo Polar Ártico tiene un morbo especial. Si además el escenario elegido son unas montañas agrestes y oscuras que emergen del Océano Ártico como un abrupto pliegue alpino, la aventura promete ser única.

Las islas Lofoten forman uno de los parajes más bellos de la costa norte de Noruega

Pese a su apariencia escarpada y sin árboles, el ser humano ha echado raíces y colonizado sus costas con agradables pueblecitos de pescadores que serán el objeto de esta excursión.

La aventura comienza en el ferry que une Bodø, en el continente, con Moskenes, el puerto de la isla Moskenesøya. De allí se toma un taxi al extremo inferior del archipiélago, una localidad con el exiguo y sorprendente nombre de Å, donde se puede empezar la aventura a dos ruedas.

Desde Å se sigue en dirección norte por la única carretera asfaltada que recorre las islas. No hay carril-bici, pero el escaso tráfico ayuda a circular con seguridad.

Se puede hacer la primera noche en Ramberg, cruzar después el túnel bajo el mar de 1,5 kilómetros (está iluminado) que une las islas Moskenesøya y Vestvøgøya, pasando a continuación por Leknes, Storfjord y Smorten para terminar la excursión en la capital de las Lofoten, Svolvaer, donde otro ferry te devolverá al continente.

En total son 130 kilómetros, con cuestas y repechos en algunas ocasiones, y posibilidad de abastecimiento en los numerosos pueblos de la ruta. Se puede pernoctar en cámping y cabañas a la orilla del agua.

Francia: los castillos del Loira

El centro de Francia ofrece a los amantes del cicloturismo una región de perfiles suaves y llena de encantos, como es el valle del Loira. Este valle no son solo los famosos castillos del Loira. La región es también una de las zonas naturales más privilegiadas y visitadas Francia. Cuenta con tres parques naturales:

  • Parque de Brenne, un humedal famoso por su condiciones para la observación ornitológica
  • Parque natural de Perche
  • Paruqe de Loira-Anjou-Touraine

Cada uno de estos parques está lleno de rincones sugerentes y buenas infraestructuras para descubrir en bicicleta, además del bosque de Orleans, la mayor mancha forestal de Francia.

El Comité Regional de Turismo del Loira mantiene abiertos más de 2.000 kilómetros de rutas señalizadas para hacer en bici, aprovechando carriles especiales, caminos de tierra y pequeñas carreteras asfaltadas de carácter local

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Publican también dos mapas con más de 200 itinerarios posibles, que enlazan tanto las zonas naturales como los famosos castillos y las principales poblaciones del Loira: Chartres, Orleans, Blois, Tours, Bourges, Saumurs y Angers.

En algunas publicaciones, como Velotel, velocamp, velogite, se recogen todos los alojamientos donde se dan facilidades a los que viajan en bici.

Austria y Alemania: por las orillas del Danubio

Pocos lugares son más apropiados para unas vacaciones en bicicleta con toda la familia que el Donauradweg, el carril-bici del Danubio, que discurre en paralelo al gran río centroeuropeo desde su nacimiento, en Donaueschigen (Alemania), hasta Viena, la capital de Austria.

El tramo alemán, desde el nacimiento hasta la frontera de Passau, tiene 592 kilómetros. Desde Passau hasta Viena quedan otros 340 kilómetros. Lo mejor es alquilar allí una bicicleta.

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El carril-bici transita por paisajes de ensueño, siempre alejado de la locura del tráfico, sin apenas desniveles y aprovechando esclusas del río, muros de contención y también transbordadores para pasar de una a otra orilla.

Lo mejor del Donauradweg, a parte del paisaje y las bucólicas localidades que atraviesa, es la enorme cantidad de servicios para el cicloturista.

La ruta se ha convertido en meta de muchos aficionados de toda Europa, lo que ha permitido el desarrollo de talleres de reparación, casas rurales para dormir, zonas de descanso, señalización exclusiva para ciclistas, oficinas de turismo a lo largo de todo el recorrido y un tren – el Rad Tramper – que hace todos los días el recorrido en los dos sentidos entre Passau y Viena con vagón de carga para bicis muy útil para planificar la salida y la llegada – o una posible retirada – en cualquiera de los pueblos intermedios del trayecto.

No te arrepentirás de haber hecho un viaje en bicicleta en familia: te sentirás bien, habrás hecho algo de ejercicio, algo diferente, y habrás sumado otra experiencia viajera diferente junto a tu familia.

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