El enoturismo crece en Argentina y rompe con los viejos dogmas

Mendoza, la provincia de mayor producción de vinos, encara nuevas estrategias de marketing, cambia el ritual del consumo de esta bebida nacional y rompe con los esquemas para captar al turista.

Los amantes del vino en todo el mundo ya no tomarán “un malbec” sino tal vez un “Maipú”, un “Luján de Cuyo” o un “Valle de Uco”, porque la idea es promocionar los vinos por su terruño o “terroir”, en francés, después de haber trabajado durante años por imponer la marca de la cepa o el varietal.

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Expertos de la Cooperativa Vitivinícola Argentina (Coviar), de la provincia de Mendoza, señalan que los que crean que el pescado “solo se debe” comer con vino blanco serán decepcionados.

Lo mismo ocurrirá con quienes sostienen que la carne se come con vino tinto y no un rosado o un clarete, y que el postre va con vino dulce y no con un tinto seco y arenoso para evitar el empalagamiento.

El crecimiento del turismo del vino contrasta con la caída del consumo en la Argentina de 29 a 20 litros per cápita por año, ocurrida desde 2013, muy lejos de los 70 litros en promedio que se tomaban hace casi 30 años.

Para recibir mejor a los visitantes, las bodegas llevaron a sus restaurantes a los más
renombrados chefs del país, como Francis Malman o el cazador de tradiciones Germán
Martitegui.

También poseen en la provincia otro ejército de creadores que desafían a los
comensales con “menú de seis pasos”, a sobre cerrado, donde el invitado va a maridar cada uno de los siete vinos que le van a servir, como le plazca.

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