Enoturismo: descubrir Mendoza a través de sus vinos

Disfrutar y experimentar sabores entre viñedos inmersos en paisajes rodeados por picos nevados.

A todos nos gusta viajar y conocer lugares nuevos, pero en los últimos años ha aumentado el interés por las nuevas formas de turismo. El viajero ya no quiere el típico viaje en el que visita la ciudad y luego se va a dormir. Ahora busca experiencias, aprendizajes, vivir el destino desde adentro, conocer a su gente y su gastronomía.

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Por eso, seguramente hayas oído hablar del enoturismo o turismo enológico, una experiencia que te conecta con lo más profundo de los sentidos. En el recorrido se busca registrar cada sensación, la textura, el aroma, el color…

Qué es el enoturismo

El enoturismo o turismo del vino, consiste en viajar a una zona vitivinícola para conocer desde dentro el mundo del vino: bodegas, viñedos, elaboración, historia.

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En estos viajes el interés o reclamo principal es el vino, aunque este suele ir de la mano de la gastronomía, la cultura y el amor por los entornos naturales.

Se puede decir que el enoturismo surge de la perfecta combinación de cuatro elementos: turismo rural, cultura, gastronomía y, sobre todo, vino.

Enoturismo en Mendoza

A través del enoturismo se vive un recorrido por una Mendoza que despierta los sentidos.  Los viñedos se despliegan en un paisaje a pleno sol y cada bodega se preocupa por sorprender con algo diferente a los visitantes.

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En el camino aparecen las vides trazando líneas casi hasta perderse de vista. Los racimos están cargados y teñidos de un color intenso.

Mientras tanto, la actividad en las bodegas es intensa. Sin embargo, las noches son especiales para tomar unos vinos bajo las estrellas. La extensa procesión de copas espera su maridaje perfecto en cada uno de los pasos de la comida.

Degustaciones a medida

Esta experiencia es un común denominador en varias bodegas. Cada cheff prepara esmerados platos para acompañar los vinos, en una sutileza de sabores que te harán soñar, transportándote a mágicos mundos de placer.

  • Monteviejo: para la cheff Nadia Haron, la mesa es un lienzo en blanco en el que pinta con arte cada detalle. Por eso, la prefiere absolutamente despojada
  • La Casa del Visitante, de la Familia Zuccardi: se puede comer bajo una inmensa parra o en los salones cuidadosamente decorados. Entre las actividades, se puede cosechar el propio aceite, participar de la recolección de la uva o de la poda. También ofrecen clases de cocina para grandes y chicos; cursos de degustación de vino y de aceite de oliva. La bodega recibe unos 30 mil turistas al año.
  • En la zona de Luján de Cuyo, en la bodega Renacer, también se puede pasar el día disfrutando a la sombra de los inmensos sauces que mojan sus hojas en un lago con peces y patos. Luego de un almuerzo de seis pasos, con degustación de vinos incluida, el lugar invita a quedarse.
  • Enmarcada por edificios históricos, Trapiche también hace gala de su gastronomía. Uno de los postres es muy especial: se trata de un pequeño racimo de uvas muy heladas, que se deshacen en la boca como una espuma, mientras que la hoja de parra en la que se encontraba asentado cruje en el paladar como un papiro dulce.

Sol casi todo el año

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Mención aparte merece la bodega Corazón del Sol, que lleva este nombre porque su dueño es un médico cardiólogo y en esta zona hay 300 días de sol al año. Cristian Moor, el enólogo del lugar, muestra con orgullo la nueva joya de la casa: se trata de un sutil vino rosado con tapón de cristal y se llama Padma, como la flor nacional de la India. Es que ese es el lugar de nacimiento del cardiólogo quien, en la actualidad, se encuentra radicado en los Estados Unidos, donde comercializa el 80 % de su producción.

En Vista Flores, Tunuyán, se encuentra la bodega Diamandes, que forma parte del Clos de los Siete, una realización de vitivinicultores franceses al pie de la Cordillera de los Andes. Es el corazón del Valle de Uco. Su arquitectura es llamativa y da la sensación de ser un lugar de culto. Por otro lado, el living en la recepción de la bodega Piattelli, convida al descanso del visitante que se siente como en su casa.

Bus enoturístico

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La Corporación Vitivinícola Argentina incorporó un bus que lleva a recorrer las bodegas con diferentes paradas. Tiene tres recorridos, con precios que oscilan entre los $ 700 a los $ 1.000 por persona.

Fuente: Revista Weekend

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