Patagonia argentina: el legado de los galeses cumple 155 años

El accidente costero del velero “Mimosa” en Golfo Nuevo, con 153 colonos galeses a bordo, dejó su huella en la Patagonia, desde formas arquitectónicas, hasta recetas y ceremonias culinarias.
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El accidente costero que en Golfo Nuevo, cerca de la actual Puerto Madryn, tuvo el velero “Mimosa”, con 153 colonos galeses a bordo, el 28 de julio de 1865, significó un encuentro que dejó una profunda huella en la Patagonia, al punto de que hoy sus construcciones, gastronomía y cultura, forman parte de los atractivos turísticos de la región.

Legado galés

El legado de los galeses abarca desde formas arquitectónicas, hasta recetas y ceremonias culinarias, y el canto coral, que ha tomado vuelo en los últimos años hasta convertir a la provincia en una de las referencias nacionales de esta disciplina.

capilla esquel

En el centro de Esquel, la capilla Seión se mantiene desde 1904 preservando el espíritu de sus primeros años, asentada sobre piedra y barro, con sus paredes de ladrillo cocido y techo de chapa.

Esta capilla, como la Bethel de Trevelin, en los tiempos de la llegada de los colonos, no solo cumplía una función religiosa sino que representaba el espacio común donde se celebraban las reuniones sociales.

Por su parte, el Molino Nant Fach, ubicado a unos 45 kilómetros de Esquel, sobre la ruta nacional 259, sostiene la memoria de los tiempos de la llegada de los colonos en su imponente arquitectura, en su nombre que en galés significa “Arroyo Chico”, y en un valioso cúmulo de máquinas agrícolas y de coser e instrumentos musicales, que suelen generar admiración en los visitantes que llegan a conocerles.

molino gales
El estilo de construcción “galés” de la Patagonia, en Gales no es usual.

En materia gastronómica, el llamado “té galés” se caracteriza no solo por su sabor como infusión, sino principalmente por la ceremonia que se desarrolla alrededor.

Té galés

El té galés se toma con un chorrito de leche, al “estilo inglés”, acompañado con pan casero cortado en finas capas y manteca, scones con toda clase de dulces, quesos y tartas de frutas, y la tradicional torta galesa, una receta de los antiguos colonos.

Se trata de un alimento rico en nutrientes que solía prepararse para esperar a los hombres que volvían a casa de sus trabajos en días de frío cruel. Tradicionalmente se podía mantener durante mucho tiempo y se cocinaba en una lata, adentro de fogones abiertos.

Otra curiosidad es el estilo de construcción que en la Patagonia se conoce como “galés” y que en Gales no es usual

Esta forma arquitectónica se caracteriza por el uso de ladrillos a la vista, con sus uniones rasadas, y tiene su ejemplo cabal en el museo de Gaiman, en la ex estación de ferrocarril de la localidad.

Es tan profunda la huella dejada a lo largo de un siglo y medio que la Patagonia, donde están instalados los descendientes, es el único lugar del mundo donde se habla el galés en forma social fuera de Gales, y todavía llegan con frecuencia profesores de su país de origen para enseñar el idioma.

El Mimosa – Un poco de historia

El “Mimosa”, de 43 metros de eslora y casi ocho metros de manga, partió desde el puerto de Liverpool el 25 de mayo de 1865 con un contingente de 153 colonos galeses: 56 adultos casados, 33 solteros o viudos, 12 mujeres solteras y 52 niños.

El viaje fue promovido por nacionalistas galeses, que pretendían conformar una colonia en la Patagonia donde desarrollarse, resguardando su cultura, su lengua y su religión.

Otras corrientes migratorias que partían desde el país de Gales, buscando nuevos horizontes, arribaban a Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, donde su bagaje cultural se incorporaba y mixturaba con las sociedades locales, relegando tradiciones.

Durante el viaje se produjeron nacimientos y fallecimientos. La tripulación imaginaba llegar a un vergel donde poder llevar adelante una próspera agricultura, por lo que no pequeña fue la sorpresa al advertir que en la tierra que los recibía, el clima era hostil y el suelo árido.

El sueño colonial de los primeros inmigrantes galeses pareció empezar a materializarse veinte años después, cuando “Los Rifleros de Fontana” se dirigieron a la cordillera en una expedición que dio vida a Esquel y Trevelin, y abrió camino a una amalgama cultural que, poco más de un siglo después, redunda en un atractivo turístico sin igual.

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