Trevelín: trigo de museo en el pueblo del molino

La historia de Trevelin comienza cuando a mediados del siglo XIX el gobierno argentino hizo una “invitación” a los pueblos europeos que quisieran poblar la Patagonia, ya que los intentos de conquistar el desierto se volvían cada vez más difíciles.

El 28 de julio de 1865, 153 inmigrantes galeses de distintos oficios,  chacareros, mineros, carpinteros, etc., arribaron a las costas de Puerto Madryn a bordo del buque “Mimosa”.
Debieron sortear numerosas dificultades, ya que provenían de tierras húmedas como las de Gales, y debieron adaptarse a la aridez y la lucha contra el viento patagónico.

Crédito: Olga Ricci

Hermanos del Desierto

Establecieron una buena relación con las Comunidades Tehuelches a través del trueque y la mutua colaboración y los denominaban “hermanos del desierto”.

Un vivo ejemplo de esta relación fue la establecida por el pequeño John Daniel Evans y el hijo del cacique Wisel. Este “hermano” le enseñó tantas cosas de la región que pronto aprendió a cazar y proveer al sustento de su familia.

En 1885 arribó el primer molino harinero, de no muy buen resultado por su pequeño tamaño, pero luego se instaló en 1891 el primer molino de Rhys Thomas siguiéndole luego los de John Daniel Evans, Martín Undewood y muchos otros más.

En 1902 la zona entra en litigio con un reclamo que instaló la república de Chile

El 30 de abril de ese año se reunió en la Escuela N° 18 la Comisión de Límites. Sir Thomas Holdicsh era el árbitro inglés, y los representantes de ambos gobiernos eran el perito Francisco P. Moreno por la Argentina, y el Dr. Balmaceda por Chile.

Cuando el árbitro inglés preguntó a los habitantes del lugar bajo qué bandera deseaban vivir, la decisión de los galeses fue unánime. Ese día Argentina ganó definitivamente 360.000 hectáreas de territorio.

Trevelin suma a sus atracciones la base de la Cordillera en flor

Trevelin

En 1918 se formó una sociedad encabezada por el mismo Evans entre otros, que compró un molino con capacidad para moler 600 kilogramos de harina por día. Este molino canalizó, durante mucho tiempo, el acopio, procesado y comercialización de la producción cerealera de la región, y fue alrededor de éste que creció TREVELIN: palabra que proviene del galés TRE – pueblo, VELIN – molino.

En 1949 el gobierno del presidente Perón, declaró zona “no triguera” a la provincia de Chubut, lo que obligó a los productores a volcarse a la ganadería, y marcó la decadencia de la actividad del molino

Hoy pueden visitarse sus instalaciones, en donde se instaló el Museo, atesorando los elementos que utilizaron estos pioneros en su vida y actividades diarias.

Molino del Arroyito

El molino Nant Fach es un lugar emblemático y de los más visitados por el turismo en Trevelin -que significa justamente “pueblo del molino” en galés-, ya que guarda el casi desconocido pasado de este lugar tan visitado.

Juan Mervyn Evans, hijo de galeses, es el autor, hacedor y propietario del museo Nant Fach que -en galés- significa “molino del arroyito”, uno de los lugares más pintorescos del Valle Hermoso en la provincia de Chubut.

Símbolo universal de la cultura campesina, el molino y en este caso los molinos galeses hicieron de la zona una de las más prósperas de la región, a pesar de las inclemencias del tiempo.

“Los molinos son mi pasión”, dice el loco de los molinos mientras afirma que el suyo “es el museo que más produce y el molino que menos produce”

Juan vivió en la casa que había sido de sus abuelos galeses hasta que, aún niñito, se mudó al campo que sus padres compraron en la montaña. “Cerca de la casa pasaba un zanjón que alimentaba a un molino. La rueda era alta como el niño que yo era. Pero mi padre vendió aquellas dos mil hectáreas en 1978, porque vivir ahí era muy sacrificado”, recuerda Juan.

Aquel molino quedó en los recuerdos de Juan que, apenas pudo, se puso en marcha para saber todo acerca de los molinos. Decidió reconstruir uno siguiendo el modelo de los molinos españoles que llevaron los jesuitas a Chiloé.

“La cuestión de los molinos me quedó metida en la sangre”

Juan incluso conoció al hijo del autor del molino de su infancia, el lituano Estanislao Grabaukas, que le vendió las piedras de un molino similar al que había hecho su padre. Con la piedra fundamental Juan hizo el plano de lo que quería construir: “Un molino-museo que mostrara en vivo y en directo la actividad de aquellos molinos galeses y de varias de las máquinas que se usaban entonces”.

“Mi pasión -agrega- es recuperar la historia de nuestros antepasados”. En Trevelin queda el 30% de los descendientes de los primeros galeses.

Juan también compró a sus vecinos, los hermanos Rowland, una máquina a vapor construida en 1905 en Inglaterra. Había estado medio siglo semienterrada.
Todas las máquinas que están en el museo funcionan. La trilladora, por ejemplo, se pone en movimiento para la Fiesta de la Trilla, cada mayo.

“Hasta que tuvimos que apagar los molinos, en Trevelin intercambiábamos con los chilenos harina por madera que luego convertíamos en carros

“Restauradas, lustraditas, con los colores originales, las máquinas causan admiración. Como la avioneta que me hice para desparramar semillas donde no hay árboles”. Es la réplica de la Stoch alemana de 1936 que, como puede volar lento y aterrizar con poca pista, por orden de Adolf Hitler se utilizó en 1943 para rescatar en Italia a Benito Mussolini.#

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