Punta Cana: todas las caras del paraíso

“Placer”. Una palabra de alto voltaje semántico, capaz de disparar fantasías de todo tipo. Uno dice “placer” y podría desgranar esas seis letras en un sinfín de escenas muy concretas: incómoda para algunos, preciosa para otros, la palabrita dispara imágenes, sensaciones, olores, emociones, piel.

Es fácil: uno siente placer cuando todo el ser se sumerge en algo que le sienta definitivamente bien. Algo que “está buenísimo”, que hace bien, que nos relaja, nos distiende y nos contacta con el don de estar vivo. Así se siente uno en los grandes resorts de Punta Cana: de maravillas. Allí, a un puñado de horas de Buenos Aires, el placer es un estilo de vida.

Las postales del paraíso caribeño son conocidas. Agua turquesa, cálida; arena blanca, salpicada con palmeras y manglares; clima adorable… República Dominicana tiene un abanico de bondades que suenan conocidas, casi una “obviedad” del Caribe.

Pero en los últimos años los hoteles y resorts se han esmerado en potenciar el perfil paradisíaco de la zona, sumando servicios que regalan al turista unas vacaciones difíciles de igualar.

Es el caso del multipremiado Barcelo Bávaro Palace Deluxe, una de las joyas de Punta Cana.

 

Enumerar sus méritos no es sencillo. ¿Por dónde empezar? Un buen primer paso es destacar, tal vez, su mayor fortaleza: es un verdadero placer para todo el mundo. Eso es, para grandes y chicos. Para bebés, niños y adolescentes. Para padres y abuelos. Para parejas solas y para familias.

Es un lugar donde no sólo todas las edades conviven de maravillas sino que su estructura -inmensa, cómoda, moderna- absorbe todos los perfiles de pasajeros sin que nadie se sienta incomodado, con una amplia oferta de opciones de bienestar.

Empecemos por los “bajitos”. Además de varias piscinas y toboganes de agua, el resort tiene diversos espacios pensados para cada edad: el Barcy Club, destinado a los más chicos, con dos peloteros gigantes, juegos de plaza, consolas de videojuegos y entretenimientos varios para que los chicos la pasen genial mientras los padres pasean, cenan, van al casino o descansan.

A unos metros nomás, se despliega el parque acuático Pirates Islands, con dos enormes piscinas divididas por un barco pirata -una con grandes olas y otra con jacuzzis-, del que cuelgan cuatro súper toboganes que deleitan a grandes y chicos. Y hay más: a un costado, un minigolf con una veintena de hoyos y un juego de pistolas laser para chicos pelean convocatoria.

Allí nomás, de noche, una disco exclusiva para adolescentes borra caras largas en una etapa vital difícil de complacer. La oferta es inagotable, y se enmarca perfecto en un paquete diseñado especialmente para las familias, el Family Club.

Para los deportistas, la oferta es inagotable. Un enorme campo de golf, sembrado de palmeras, se impone como un escenario de una belleza indescriptible, al que se suman canchas de tenis, de paddle y de fútbol. Y, en las playas, la oferta de deportes acuáticos es amplia y diversa, incluyendo wind surf, “bicicletas” de mar y otras delicias.

Párrafo aparte merece el spa. Definitivamente, basta avanzar unos pasos puerta adentro para sentirse en Oriente, o en alguno de esos lugares que uno fantasea orientales, abundantes en bienestar. Imposible no ingresar allí y entrar en contacto directo con el propio cuerpo, con su necesidad de calma, de relajación.

Con una decoración impresionante, todo allí está destinado a regalar paz, a mimar mente y el alma con esmerada dedicación y belleza. El gimnasio, de alta tecnología, puede ser un genial paso previo.

La palabra placer no puede agotarse sin uno de sus grandes ejes: la comida. El placer de satisfacer el apetito con platos deliciosos, de la mañana a la noche.

El desayuno y el buffet del mediodía son muy buenos, pero ni se comparan con las delicias que preparan a la noche los grandes chefs en los siete restaurantes que integran el resort. Hay comida internacional, étnica, y opciones de comida francesa, japonesa e italiana, entre otras. Claro que también hay bares y un delicioso buffet para comer sin reservas y con menos formalidad. Cada uno es libre de elegir su mejor plan para cada día.

A la noche, bares de lo más diversos, una moderna discoteca, el casino y shows nocturnos de gran nivel artístico obligan a trasnochar. Seducen. Uno está cansado y tientan las habitaciones, confortables y deliciosamente bellas, pero un ratito más de placer, en Punta Cana, no se le niega a nadie. ¿Fijamos fecha?

 

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