Europa en invierno: ¿Conviene viajar a pesar del frío?

Muchos temen organizar un viaje en los meses de frío, pero hay muchas maneras de disfrutarlo sin que importen las bajas temperaturas.

Viajé a Europa pleno enero. En los meses previos mis amigos y familiares me llenaron la cabeza de ideas, que al final, resultaron falsas. “Te vas a morir de frío, no vas a poder ni salir del hotel”. “Las atracciones turísticas están cerradas porque hace varios grados bajo cero”. “Hay hielo en todos lados y, en vez de caminar, vas a patinar por las calles”. Escuché todo tipo de advertencias pero fui igual. Y hoy puedo decir que todo eso no existió. Los consejos tenían buena intención, pero un viaje en invierno a Europa puede resultar de maravillas.

Cierto es que la gran mayoría de los guías locales dijeron que estaba teniendo suerte, ya que las temperaturas suelen ser más bajas de lo que estaban siendo. El promedio en ese momento era de 4 o 5 grados a la tarde. Las noches eran un poco más frías, pero por lo general, sacando alguna excepción, no llegaban a ser menos cero.

Quizás fue solo suerte, pero pude disfrutar mi viaje al máximo y, sin dudas, volvería a repetirlo.

Europa tiene dos paisajes totalmente distintos, dependiendo de la época del año en la que se la visite. En verano con sus parques floreados y verdes y en invierno con nieve y decorados navideños. Todo maravillosamente lindo, todo el año

Rompiendo mitos

En los 22 días que duró el viaje, solo nevó en Budapest, la capital de Hungría. La noche anterior, ya había comenzado a caer aguanieve y fue ésta la que me acompañó durante el recorrido nocturno por el Danubio.

Al día siguiente, se veía por la ventana del hotel las calles y árboles nevados. ¡Al fin! Tanto me dijeron que iba a ver nieve, pensé… Nevó 15 días más tarde, casi al final del viaje. Ese día había ido a conocer el Castillo de Buda, que, como su nombre lo indica, está en la parte de la ciudad que se conoce como Buda, que es la parte montañosa.

El espectáculo que surgía entre la nieve y las vistas panorámicas que se podían observar desde el castillo hacia la ciudad eran increíbles. Había una doble atracción: jugar con la nieve para todos aquellos que nunca la habían visto y estaban haciendo guerras, angelitos en el piso, muñecos y, por otro lado, el gran palacio, que es impactante por sí mismo y se lleva todos los premios.

Hacia el mediodía la nieve fue cesando y el cielo volvió a tener color celeste. Todo había vuelvo a la normalidad -al menos en mi viaje a Europa-. No más nieve.

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Otra cosa que me preguntaron mucho mis conocidos que estaban en Buenos Aires era si había patinado en los canales de Amsterdam. La realidad es que fui con esa idea, pero al no haber nevado en lo que iba de la temporada, no pudo ser posible. Ningún canal estaba congelado y, de hecho, pude hacer una excursión nocturna en barco que es alucinante. Una exposición de luces que no tiene desperdicio.

Además, había leído en muchos blogs y páginas de viajes que en invierno se suelen montar pistas de hielo para patinar en las plazas. Pero eso tampoco ocurrió. Solo vi una, en Praga, pero con nieve artificial. Al no hacer tanto frío, ni siquiera estaba muy concurrida. No había más que algún que otro niño.

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Otro lugar que recuerdo y que vale la pena mencionar en este pequeño compilado de anécdotas del invierno es Viena. En la capital austríaca fue donde más frío tuve. La única ciudad, al menos en el tiempo que duró mi recorrido, en donde las temperaturas fueron por debajo de cero grado. Menos 2, menos 3, era lo más común a la noche, y durante el día podía estar alrededor de los 2 grados, o poco más.

En sí la temperatura no era tan baja, pero al no haber casi humedad se sentía mucho más. En algunas ocasiones, también había viento. La ciudad de Mozart me gusto muchísimo y está entre mis top 5 de destinos favoritos. No hay frío que le quite el podio: volvería una y otra vez.

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Por último, el tema de la oscuridad. Es verdad que, al ser invierno, los días tienen menos horas de luz. En Berlín, a las 16:30 ya era de noche. Pero ojo: es importante tener en cuenta que así como oscurece más temprano, los restaurantes y bares cierran más temprano también.

Entre el frío y la oscuridad, es recomendable hacer un buen research de lugares para comer y beber y así refugiarse mientras llega la hora de la cena. Puedo asegurar que fue en el lugar donde mayor cantidad de platos probé.

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En conclusión, recomiendo no dejarse influenciar y animarnos a corroborarlo por nosotros mismos. La experiencia siempre vale mucho más. Aún con frío. Abrigo y a disfrutar. Europa es fantástica todo el año.

 

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