Lugares imprescindibles en tu visita a Croacia

Lugares exóticos y paseos imperdibles para tener en cuenta en tu paseo por Los Balcanes

Croacia conjuga el encanto de un litoral plagado de apacibles recovecos por descubrir, infinidad de islas en las que perderse, un impresionante patrimonio histórico, un mágico paisaje interior en el que el agua juega caprichosamente formando bellísimos lagos y vertiginosas cataratas, y atractivas ciudades históricas de pasado medieval, como Dubrovnik, Split o Sibenik.

Croacia logró su independencia de la ex Yugoslavia en 1991 y hace muy poco se convirtió en miembro de la Unión Europea y es, sin duda, uno de los destinos de moda en el Viejo Continente.

A su geografía impecable, su riqueza cultural y su importancia histórica, se le suma el hecho de ser un destino accesible a los bolsillos más flacos

Zagreb
La capital es un excelente punto de partida. Edificios imperiales unos junto a los otros, arreglos florales extremadamente cuidados en calles abandonadas a su suerte, bares con sombrillas al aire libre, muchísimos museos y galerías de arte.

Bana Jelacica, la plaza central, te hará recordar a Ámsterdam: los colores, la forma, el bullicio y hasta la disposición de las palomas recuerdan a la Dam de la capital holandesa. En los alrededores, lo pintoresco se manifiesta de todas las formas posibles. Desde el café Amelie, con sus mesas apoyadas contra la pared de piedra de la catedral, hasta el mismísimo edificio religioso, cuya diócesis se originó en 1093 y cuya estructura gótica data del siglo XIII.

En el medio, el Dolac: un mercado callejero donde nadie escatima gritos para comunicarse. Para completar el círculo esencial hay que tomar Tkalciceva: un pandemonio de bares con mesas en las calles y en las escalinatas.

Islas paradisíacas

En la costa de Croacia hay casi 700 islas y unos 400 islotes. Se calcula que sólo entre 50 y 60 están habitadas. Desde Hvar se pueden tomar taxis acuáticos (2 a 5 euros). Las playas son realmente un edén, con un mar color esmeralda como pintado a mano.

Pero prácticamente no hay costa de arena: son todas de piedra (excepto Palmizana). No obstante, algunas, como Stipanska, tienen paradores con todas las comodidades, incluyendo una escalera para bajar al mar pese a la geografía poco amigable.

Hvar

Frente a la costa croata hay más de mil islas. Hvar logró destacarse. Para llegar, es necesario abordar un catamarán desde el puerto de Split. El viaje no demora más de 50 minutos. La primera impresión es perfecta: una costanera plagada de restaurantes que remiten a vacaciones de otra época, hoteles de cara al mar, muchísimas casitas idénticas  y una escalera infinita hacia el Fuerte de Napoleón, la construcción de 1811 que corona la isla.

Una vez en tierra, los colores, los aromas, los sonidos: todo remite a una típica villa veraniega europea. Kroz Grodo es la vía empinada que lleva hasta la fortificación.

La puerta maestra, un arco de piedra del siglo XV, da la bienvenida. En el camino, entre los muros de piedra, emergen atractivos como Sasa (tienda de artesanías) o la antigua bodega Oma Catarina. Desde allí se divisa la costa, con decenas de yates amarrados.

Una curiosidad: pasaporte listo

El traslado por tierra entre Split y Dubrovnik permite vivir un episodio digno de espías. Por el Tratado de Karlowitz, firmado en 1699, existe un pequeño tramo de 24 kilómetros con salida al mar que no pertenece a Croacia sino a Bosnia-Herzegovina. En ese lugar deberás presentar pasaporte en el control fronterizo, y deberás hacerlo 2 veces en 28 kmts.

Dubrovnik

Otro viaje directo al pasado a través de su ciudad amurallada, Groz. Atravesar el puente levadizo de la puerta de Revelin, que fue construida en el siglo XV, es una invitación a vestirse de caballero medieval. Entrás en un mundo mágico. Las paredes y los pisos de piedra parecen recién pulidos. Nada evidencia el avance del progreso. Sólo unas heridas remiten al presente: las dejadas por los bombardeos de la guerra contra los serbios, en 1991 y 1992, que produjeron daños menores en algunas construcciones (proyectiles incrustados, tejas destruidas, fragmentos caídos) y mayores en otras (incendios, derrumbes).

Las galerías de arte son tan numerosas como los locales de chucherías para viajeros. El teleférico ofrece una visión diferente y maravillosa.

Split
Ubicada a unos 260 kilómetros de Zagreb, es una de las protagonistas de la más que reciente fama de Croacia como destino turístico perfecto, tras su larga permanencia detrás de la Cortina de Hierro.

Cuenta la leyenda que el emperador Diocleciano mandó a construir un palacio –en el 300 a.C.– con el objetivo de que fuera su residencia luego de abdicar al trono. Lo solicitó tan grande y con tantos recovecos, puso tantos requisitos e introdujo tantos cambios en sus voluntades, que murió prácticamente sin haberlo habitado.

 

A poco de su fallecimiento, la gente que vivía en las cercanías se dio cuenta que semejante mole fortificada estaba deshabitada.

 

De esta manera una propiedad individual se convirtió en un pueblo que sobrevivió hasta hoy como casco histórico.

La entrada por la calle Bosanska es un boleto al pasado: las paredes y el piso, todo en piedra caliza y mármol; las calles atravesadas por arcos que juegan el rol de mini puentes de los suspiros; en los rincones santos esculpidos; torres con relojes y campanas que suenan y no parecen conducir a ninguna iglesia.

la Riva, a 300 metros, es una costanera con carritos que venden chucherías y barquitos que flotan en el Adriático. El acceso al área subterránea del Palacio de Diocleciano está marcada por una fuente. Sigue una estructura laberíntica con objetos de 2.400 años, una fábrica de aceite de oliva de la Edad Media y una escalera que lleva a la catedral: antiguo mausoleo romano, sus escalinatas sirven como anfiteatro.

Caminar es la misión: todo el perímetro de la antigua propiedad de Diocleciano está amurallado, excepto el lateral que se abre al mar.

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