Países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania, una joya europea

Castillos medievales, bosques y lagos helados, son los tesoros que esconden las tres repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania. Son tres destinos muy atractivos y asequibles de precio, que se pueden recorrer en un mismo viaje, ya que el diámetro que los atraviesa es de poco más de 600 kilómetros.

Tallin, capital de Estonia, ha sido reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Cuenta con uno de los mayores cascos históricos medievales que se conservan, colmado de edificios datados entre los siglos XIV y XVIII.

Al suroeste del casco antiguo se encuentra Toompea, un barrio situado sobre la colina del mismo nombre. A 50 metros sobre el nivel del mar, es un mirador perfecto para contemplar la ciudad. No te pierdas sus impresionantes fortificaciones de roca caliza, el Parlamento, el castillo y la catedral ortodoxa Alexander Nevsky.

Además, desde Tallin podrás atravesar el Golfo de Finlandia para llegar en ferry a Helsinki en poco más de dos horas. Al oeste de la capital, se puede visitar una pequeña ciudad de 12.000 habitantes, Haapsalu, que es famosa por las propiedades curativas del agua marina y del fango termal.

Tallin: Pasaje de Santa Catalina

El casco histórico de Riga, capital de Letonia también es Patrimonio de la Humanidad, con sus edificios reconstruidos tras la II Guerra Mundial. Se trata de una ciudad pequeña y tranquila, atravesada por el río Daugava. Lo mejor: reorrerla a pie.

El casco histórico y la zona comercial están separadas por el enorme Parque Bastejkalns, que se tiñe de blanco en los meses de frío.

Es muy recomendable hacer una ruta por el Valle del Gauja, a 80 kilómetros de Riga, y descubrir los pueblos de alrededor.

La ciudad principal es Sigulda, donde merece la pena visitar sus castillos nuevo y viejo para cruzar el río y llegar a Turaida, una parada imprescindible donde disfrutar de las mejores vistas al valle.

Pasear por las calles de Lituania, donde se mezclan los estilos gótico, renacentista y barroco, puede dar la sensación de estar caminando por Rusia. Su capital es Vilnius y también en este caso su casco histórico está reconocido por la Unesco.

Es el centro histórico barroco más grande de Europa del Este. En lo alto de una colina de Vilnius se encuentra la torre de Gedimias, un pequeño pero poderoso castillo rojizo construido por los Duques de Lituania en el siglo XIII que resistió numerosos ataques de los cruzados.

También aquí hay multitud de pequeñas iglesias ortodoxas. La mayoría de iglesias cristianas fueron cerradas por los soviéticos, como la Catedral, que en 1950 pasó a utilizarse como garaje para reparaciones de camiones y hasta 1989 no volvió a ser consagrada.

A solo 30 kilómetros de la capital (40 minutos en tren) se encuentra Trakai, una visita tan impresionante como imprescindible. Casitas de madera, ambiente tranquilo e historias de príncipes y dragones: estamos hablando del escenario ideal para los cuentos medievales. Se trata de un pequeño pueblo de apenas 6.000 habitantes su principal atractivo, el castillo, resalta en una pequeña isla dentro del Lago Galvè. (Foto de portada)

Y para castillos impresionantes el de Kaunas, la segunda ciudad más grande de Lituania. Actualmente, en el interior de su torre redonda se encuentra una galería de arte.

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