Placeres sencillos y deliciosos que ofrece Berlín a sus visitantes

El peso de la historia se siente en cada esquina, se ven todavía cicatrices y se tiene la curiosa sensación de cruzar un muro virtual. Berlín es joven y multicultural, una burbuja dentro de una Unión Europea agotada.

Libertad, modernidad natural, y gente que se reinventa cada día, con una media de edad de treinta años.

David Bowie se instaló en Berlín (Hauptstrasse 155) admirado por la explosión cultural que vivía la ciudad y cantó junto al muro, en el Oeste, para que le escuchasen desde el otro lado, un muro que cayó por fin en 1989.

En 2013 escribió la maravillosa Where are we now?, como homenaje al lugar que le acogió. Su letra acompaña los paseos en bicicleta, una banda sonora en el subconsciente.

Planes en la ciudad 
Dejarse llevar y pasear sin rumbo fijo, sin horarios ni planes establecidos. Cuando sale el sol millones de bicicletas toman la ciudad con la sensación de que todo está pasando aquí, ahora, disfrutando cada instante, cada rayo de luz.

Visitar la East Side Gallery, una galería de arte al aire libre situada sobre una sección de 1.316 metros en la cara este del muro de Berlín, que fueron salvados del derribo con dicha finalidad. Está situada cerca del centro de Berlín, en la calle Mühlenstraße del distrito Friedrichshain-Kreuzberg, a lo largo de la rivera del río Spree. Se considera que es la galería de arte al aire libre de mayor longitud del mundo.

La vida sencilla: una bici, cervezas y, si acompaña, el sol

Los martes, en la azotea del Neukölln Arcade podrás escuchar jazz en directo, mientras se pone el sol. Sentarse en cualquier terraza de Prenzlauer Berg –Unami es una buena opción– y observar a la gente pasar.

Subir a la Torre de comunicaciones en Alexanderplatz, arquitectura de la Alemania del Este y símbolo de la ciudad. Caminar por Karl-Marx-Alle y sentirse muy pequeño, como pretendían las arquitecturas totalitarias.

Salir a correr por los canales de la parte norte de Kreuzberg. Cenar en el Biergarten de la antigua Clarchen Ballhauses, en Mitte, aún en funcionamiento como salón de baile.

Pasear por el Tiergarten y ver el ángel dorado en Unter den Linden, bajo los tilos.

Una pequeña parada para reponer fuerzas en los múltiples puestos de comida callejera. Los mejores köftes están en Izmir Köftecisi y los famosos currywurst berlineses en el Curry 36. Disfrutar de una noche de fiesta que puede empezar en alguno de los pequeños clubs de Kreuzberg (como Roses) y terminar en una de las míticas mecas de la electrónica mundial, Berghain.

Tempelhof, antiguo aeropuerto aliado hoy reconvertido en un inmenso parque para la ciudad, invita a tumbarse en el césped. Obra del arquitecto Ernest Sagebiel, la terminal de pasajeros es un alarde propio de arquitecturas totalitaristas, una escala de otros tiempos.

Hoy muestra las miserias de occidente, sirviendo como improvisado campo para refugiados de la guerra en Siria.

Con buen tiempo, se puede tomar el tren de cercanías y trasladarse a cualquiera de los lagos que rodean Berlín. Müggelsee es una buena opción cercana y con posibilidad de combinar tren, ferry y bicicleta.

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