Isla Margarita: un ícono vacacional en crisis

Los vaivenes políticos y la inseguridad golpean al turismo venezolano. Uno de sus íconos vacacionales sufre las consecuencias

Clima privilegiado, playas paradisíacas y amplia oferta hotelera, es lo que caracteriza a la Isla de Margarita. Este paraíso se hizo famoso con el apodo de la “Perla del Caribe”. Hoy, arrastrada por la situación general de Venezuela, esta perla de mil kilómetros cuadrados y 676 mil habitantes, que alguna vez recibió vuelos internacionales y atrajo a turistas de todo el mundo, no es la de antes.

En Margarita reconocen que son tiempos difíciles. “Estamos en una situación bastante delicada. Esta isla vive cien por ciento del turismo, pero la política ha tomado la posición número uno sobre todas las cosas en Venezuela. Tenemos graves dificultades”, indica Igor Viloria, Presidente de CTENE, la Cámara de Turismo de Nueva Esparta, estado al que pertenece la isla.

Al tiempo que las noticias hablan de criminalidad, protestas y problemas de abastecimiento, informes como el del Ministerio de Relaciones Exteriores alemán designan este destino como inseguro y recomiendan no viajar al país sudamericano. El turista y los tour operadores alemanes se rigen bastante por estas recomendaciones.

Hoy Venezuela “no se vende” dicen los operadores turísticos

El turista que busca un lugar tranquilo y sin riesgos, prefiere otros destinos. “Venezuela  es un país maravilloso, pero por razones de seguridad, lamentablemente lo hemos sacado de nuestros programas y momentáneamente no ofrecemos ningún viaje a este país”, cuenta Angela Harde, de Miller Reise, firma que tiene un amplio catálogo hacia Latinoamérica.

Lo mismo han hecho otras agencias. “Algunos siguen vendiendo viajes a la Isla Margarita, pero la mayoría de los grandes tour operadores ya no ofrece recorridos en tierra firme y sacaron a Venezuela completamente de sus catálogos hace unos dos años”, agrega Andreas Gross.

Pasado de lujos

La isla Margarita sabe de tiempos de esplendor, con diez hoteles cinco estrellas, entre ellos el Hilton, que fue nacionalizado por Hugo Chávez y hoy se llama Macanao. La parte de la isla que se dedicaba al turismo de lujo es la que hoy tiene mayores entradas, pero no se compara con lo que fuera hace unos años. “Lo que se llama turismo de lujo, específicamente ya no tenemos”, sostiene Igor Viloria.

“Hace 15 años se desarrolló un verdadero turismo de lujo, con un punto alto entre hace diez y cinco años, pero ha decaído terriblemente. Antes venían vuelos charter de Holanda, Italia, Alemania, España, Canadá o Estados Unidos. También tuvimos muy fuerte la llegada de grandes barcos, yates, personas con poder adquisitivo que venían buscando placer”, recuerda el empresario.

Como en toda la isla, los extranjeros han disminuido. Viloria calcula que si hace una década la proporción era de un 65% internacional y 35% nacional, hoy es de 5% a 10% extranjero contra un 90% a 95% nacional.

Los turistas extranjeros son más que nada de América Latina. Algunos vienen en vuelos especiales de Brasil, Ecuador, Perú y Colombia, pero la mayoría, como en el resto de la isla, son venezolanos. Para ellos hacer vacaciones en la Isla Margarita sí que es un lujo, observa Igor Viloria.

Los establecimientos cinco estrellas han debido adaptarse a esta nueva realidad. “Hay hoteles de 400 habitaciones que se están manejando con 250, para dar la posibilidad de prestar el servicio. También ha disminuido la cantidad de empleados por pasajero, pero se mantiene la calidad del servicio, de las instalaciones y de las habitaciones”, indica.

 

En opinión de Igor Viloria, la condición de isla turística ha protegido en alguna medida a Margarita de la crisis económica. La isla, con zona franca desde 1966, contrarresta el desabastecimiento con productos importados,  preferentemente de Estados Unidos y también de América Central, aunque a precios más elevados y en dólares. “Tenemos prácticamente de todo”, asegura el dirigente. La zona de playa y hoteles todo incluido está mejor surtida, mientras que los alojamientos de ciudad, que ofrecen desayuno, tienen más problemas.

No obstante, hay riesgo de escasez. “No con la misma fuerza que en resto del país, pero hoy puede faltar leche, mañana mantequilla u otra cosa”, asegura. En cuanto a los servicios básicos, la situación es comparativamente mejor. Tras problemas por la sequía, se ha normalizado el suministro de agua y sólo persisten algunas dificultades menores a nivel eléctrico, indica Viloria.

Peores accesos, baja ocupación

La mala conectividad ha profundizado la crisis del turismo. Ya no llegan vuelos internacionales a la isla, como ocurría hace unos años. A excepción de vuelos charter, sólo se puede viajar vía Caracas. “En los últimos años hemos perdido más de un 60% de vuelos que venían a la Isla de Margarita y también las compañías marítimas han disminuido su flota”, lamenta Viloria.

Los operadores turísticos y dueños de hoteles ven con preocupación que, próxima a empezar la mejor temporada, con las grandes vacaciones de agosto, actualmente hay alrededor de un 20% de ocupación hotelera.

La desocupación se nota. Los lugares antes concurridos hoy se ven un poco más vacíos. Y sin clientes, el negocio no se sustenta. Según calcula el presidente de CTENE, han cerrado unos ocho hoteles, por diversos motivos.

“El despido de personal es cada día un problema mayor”

Innovación para salir de la crisis

Conscientes de que no pueden esconder el sol con un dedo, empresarios turísticos enfrentan este momento con creatividad y honestidad. También ante la inseguridad y violencia. “Nosotros aconsejamos muy claramente a nuestros clientes. Tratamos de que no estén en las calles a horas muy tarde. La seguridad ha mejorado, pero siempre puede pasar algo”, dice Igor Viloria.

La lucha por la supervivencia ha movido a los innovadores. Hace unos cuatro años, buscando probar que todos los fines de semana eran temporada alta, la Cámara de Turismo creó la exitosa propuesta “Margarita Gastronómica”, con ferias de comidas en distintas localidades de la isla.

Este nuevo turismo ha permitido a los pueblos sortear la crisis, con eventos como la feria del pulpo, de la arepa o la empanada. Los emprendedores gastronómicos están rescatando productos locales, como el ají margariteño o el árbol de pan de año, cuya fruta no se utilizaba y hoy se come, y se hacen hasta pizzas y chips con ella.

Igor Viloria no pierde la confianza: “Yo sigo creyendo en la isla y creo que volverá a su sitial”.

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