Hallazgo en el Volcán Llullaillaco, escenario privilegiado de las ceremonias incas

El edificio del Museo de Arqueología de Alta Montaña pertenecía al Consejo de Educación salteño. Refaccionado y acondicionado para su nuevo fin, cuenta con 6 salas permanentes, 3 espacios temporales, las salas científicas, un auditorio y un café.

El diseño está pensado desde una visión arquitectónica moderna pero conserva en su estructura distintos rasgos simbólicos de los incas.

La mayor atracción la constituyen  “Los niños dormidos de Llullaillaco”

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El volcán Llullaillaco preservaba en sus nevadas cumbres, a 6700 metros sobre el nivel del mar, tres niños incas, protagonistas de la capacocha, ceremonia en la que eran ofrendados para intermediar entre el pueblo y los dioses.

Impresiona mucho el estado de conservación que presentan estas pequeñas momias.

En 1999, un grupo de científicos norteamericanos, argentinos y peruanos, encabezado por el investigador Dr. Johan Reinhard, realizó la expedición al volcán y descubrió el santuario junto con un gran ajuar funerario.

Los cuerpos de los tres niños estaban un metro bajo roca en perfecto estado, cuando se calcula que su entierro se produjo 500 años atrás.

Las momias de los niños se exhiben de a una por vez, y van cambiando cada 6 meses.

Según estudios realizados a los cuerpos momificados, sus edades eran de 15,7 y 6 años

Los tres niños se denominan “La Doncella”, “El Niño” y “La Niña del Rayo”. Gracias a los estudios de ADN, se determinó la edad exacta: la doncella de 15 años, una niña de 6, que fue dañada por un rayo, y otro niño de 7 años.

El arqueólogo Christian Vitry explica que “el hecho de que los niños hayan sido enterrados vivos en la cumbre de la montaña, revela que la figura de la montaña era muy  importante por varios motivos.

Las montañas son grandes reservorios de agua, y donde hay agua, hay vida. En el lugar más árido del mundo, si hay agua, hay vida. Por otro lado, la ruptura del horizonte y la proyección hacia el cielo hacen que la montaña esté más cerca de la divinidad, del sol, de la luna, de las estrellas, del más allá y de lo desconocido. Todo es simbolismo implícito.

Las montañas siempre fueron veneradas, pero antes de que llegaran a la zona los Incas, consideraban que las montañas eran la morada de los dioses y no subían. Cuando llegó esta civilización, como ellos se consideraban aliados de los dioses, o incluso dioses, como se presentaban a sí mismos en su proceso de expansión ante los demás pueblos, se atrevieron a subir a esas montañas y, contra todo pronóstico para la gente que vivía allí que pensaba que nunca iban a regresar, volvieron, lo cual les dio poder político, pero fundamentalmente poder simbólico, y con eso se ganaron el respeto de las otras sociedades”.

Este lugar único nos ofrece, además, la posibilidad de adentrarnos en la cultura Inca Andina a través de las muestras de Geografía Sagrada, la Arqueología de la Alta Montaña, El Mundo Inca y El Mundo Miniatura.

El Museo Arqueológico de Alta Montaña y Los Niños de Llullaillaco son un paso obligado dentro de Salta, representando la importancia de su cultura y su riqueza.

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