La garra de Los Pumas en 4 momentos gloriosos de su historia

Los Pumas, el seleccionado de rugby argentino, han recorrido un camino signado eternamente por el esfuerzo. Siempre fue difícil practicar un deporte distinto al futbol, en un país donde los chicos “nacen pateando una pelota”. Quizás por eso, el rugby siempre fue mirado de costado, como algo extraño a la naturaleza humana.

La escasa popularidad del rugby hizo que sea complicado sumar jugadores desde las divisiones inferiores. Y las cosas se complicaban más cuando los jugadores empezaban sus estudios y debían optar entre aprobar exámenes o jugar al rugby. Muchos podían sobrellevarlo, a cambio de otros sacrificios en la vida personal, pero muchos otros iban quedando en el camino.

Así, viendo reducido su recurso más importante, que es el recurso humano, el rugby no podía hacer pie y los enfrentamientos internacionales solo se sostenían gracias a la increíble destreza técnica y al amor propio de los jugadores, algo que se convirtió en el sello Puma por excelencia en todo el mundo. “Estos muchachos desayunan lágrimas de gloria” dijo hace pocos días un grandísimo ex jugador australiano.

Cuando a fines de la década del ’80 y principios de la del ’90 el rugby comenzó a profesionalizarse masivamente en todo el mundo, en la Argentina se estiró un poco más el espíritu amateur que lo caracterizaba y quizás, (solo quizás) eso hizo que se ampliaran las diferencias con los seleccionados de los países que históricamente practicaron este juego, como Nueva Zelanda, Australia, Inglaterra o Francia, a quienes parecía cada vez más difícil ganarle.

Sin embargo, el factor humano hizo otra vez de las suyas. Los Pumas fueron logrando hazaña tras hazaña. Los jugadores argentinos salieron al mundo y aprendieron cosas nuevas. El deporte comenzó a popularizarse y poco a poco llegaron los éxitos y el reconocimiento.

Repasemos algunos de los momentos más emblemáticos de esta historia de esfuerzo y gloria.

 

19 de junio de 1965 – El Nacimiento de Los Pumas

El seleccionado argentino de Rugby había tenido ya algunos roces internacionales, pero más allá de algún partido parejo (paridad conseguida a cambio de un sacrificio físico casi inhumano) no se habían conseguido grandes logros.

Unos meses antes a ese partido se definió la gira a Sudafrica y el equipo empezó a prepararse. “Me acuerdo que el día del primer entrenamiento, en Gimnasia y Esgrima, llovía torrencialmente. En esa época, cuando había mal tiempo no hacíamos nada. Van Heerden llegó y vio que en la cancha no había nadie. Estábamos en el bar, jugando al truco. El tipo nos hizo cambiar inmediatamente. Fueron dos horas infernales de entrenamiento, con saltos de rana y cuerpo a tierra. Había cambiado el método; nos sometió a un trabajo inusual, de extrema dureza. Hacíamos doble turno, mañana y noche, y en el medio trabajábamos. Cuando llegaba a casa, mi mujer me ponía un cartel, al lado de la puerta, que decía: ‘Estamos bien, los chicos crecen’… Fue durísimo, pero vimos los resultados”, contaba el gran e inolvidable Aitor Otaño, capitán de aquel equipo.

Tras un comienzo de gira bastante poco promisorio, signado por el imponente estado físico de los sudafricanos y su épico juego fuerte, los argentinos se prometieron no dejarse golpear más.

Ese 19 de junio, Argentina se enfrentaba a los Junior Springboks. Los sudafricanos llenaron el mítico Ellis Park para ver ganar a su equipo. Apenas iban 15 minutos cuando Pascual se tiró de palomita para anotar el try que pasó a la historia. Después vendría dos más (de España y Loyola), y una conversión del Negro Poggi. Los dos tries de Du Preez nada pudieron hacer: el esfuerzo había dado sus enormes frutos.

Ese día además, la prensa local confundió al jaguareté que estaba cocido en el escudo de los jugadores argentinos con un puma. Los llamaron Los Pumas. Ese día, se logró la gran primera victoria internacional y se ganaron un nombre. Nacían Los Pumas.

 

31 de julio de 1983 – Contra Australia en Brisbane

La guerra de Malvinas generó un corte en los test matches contra equipos británicos, hasta entonces, uno de los mayores proveedores de partidos internacionales para Los Pumas.

Hubo que buscar salidas alternativas. Por eso es que se armó un equipo llamado Sudamérica XV (con amplia mayoría de jugadores argentinos) para evitar el bloqueo del apartheid y poder viajar a Sudáfrica en el 82. Ese mismo año se recibió la visita de Australia y un año después, el seleccionado nacional partió hacia la tierra de los Wallabies a devolverles la visita.

El equipo tenía como líder a Hugo Porta, y otros muchos experimentados: Marcelo Loffreda, Rafael Madero, Eliseo Branca, Soares Gache, Ernesto Ure, Tomás Petersen y el Topo Enrique Rodríguez, y jóvenes como Bernardo Miguens, Serafín Dengra, y el octavo Buenaventura Minguez, y a Rodolfo O’Reilly como entrenador.

Ese 31 de julio de 1983 la Argentina sorprendió a Australia con un triunfo por 18-3 en el estadio Ballymore, en Brisbane,con dos tries de Petersen y Mínguez; y las conversiones de Porta frente a los Wallabies, que sólo evitaron el cero con un penal de David Campese.

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20 de Octubre de 1999 – Contra Irlanda en el mundial de Gales

Hasta entonces, las presentaciones argentinas en los mundiales no eran muy cautivantes. Las diferencias físicas y técnicas con otras selecciones nacionales se ampliaban y Los Pumas se volvían siempre en primera ronda. Dos años antes, el 21 de junio de 1997, Los Pumas recibían la peor goleada histórica: 93-8 contra Los All Blacks.

Pero desde entonces algo cambió. Y la historia dio un giro. Los Pumas fueron la sorpresa del Mundial ’99 que se disputó en Gales.

El partido inaugural, entre los galeses y los argentinos, donde todos esperaban una fácil victoria de los locales, terminó con un ajustado 23-18 para Gales. Después vendría la segunda victoria argentina en la historia de los mundiales 32-16 frente a Samoa y para cerrar el pase a segunda ronda, el triunfo frente a un débil Japón.

Y ahí llegaría la primera hazaña mundialista. Debían enfrentarse a una poderosa Irlanda que arrancó con todo y a los 7 minutos ya ganaba 6-0. Sin embargo, Los Pumas levantaron su nivel y, si bien se fueron al entretiempo perdiendo 15-9, el partido era equilibrado.

El segundo tiempo seguía siendo durísimo. Faltaban 16 minutos y los irlandeses estaban arriba 24-18. Hasta que entonces, el equipo argentino tuvo un scrum sobre el sector derecho de su ataque. Agustín Pichot sacó el juego para la otra punta y, tras dos salteos, la pelota le llegó a Diego Albanese, quien terminó apoyando la pelota en el in goal, ante los irlandeses que miraban anonadados.

Después llegaría la conversión de Quesada, que terminó siendo el goleador del mundial y otro penal más convertido por él mismo, que ponía las cosas 28-24.

El partido se hizo interminable, especialmente por los 8 minutos que adicionó el árbitro de modo inexplicable y por la defensa heroica a base de tackles que hicieron Los Pumas en las puertas de su propio in goal.

Se dio otro paso. Una nueva era empezaba en el rugby argentino.

 

7 de Septiembre de 2007 – Contra Francia en el Mundial

El partido inaugural iba a ser una fiesta. Y lo fue, pero no para quienes la esperaban. Los Pumas se medían con Francia, los locales y todo estaba dispuesto para ver un gran partido de rugby pero con la certeza de que el triunfo quedaba para los azules.

Pero una vez más Los Pumas rompieron los pronósticos.  Ya desde la entonación del himno, se presentía que algo histórico iba a ocurrir. La emoción en cada rostro, el pecho inflado, las lágrimas. De aquella vez en París, la prensa francesa dijo que los Pumas habían empezado a ganar el test en el himno.

Si bien Los Pumas le ganaron dos veces en ese mismo mundial a los franceses, los dueños de casa, el hecho de haberles ganado durante el partido inaugural dejó a todo el mundo con la boca abierta y en silencio por la sorpresa. Luego de ese primer éxito Puma, llegaría el triunfo ante Irlanda y el pase a cuartos donde se le ganaría a Escocia y la derrota en semifinales ante Sudáfrica, (quien finalmente salió campeón) que depositaría al equipo argentino en el partido por el tercer y cuarto puesto donde nuevamente le ganarían a los franceses.

Esa doble derrota infringida a los locales, puso de manifiesto que no se trataba de una casualidad, sino de un crecimiento notable del rugby argentino que ya no era una sorpresa sino uno de los mejores equipos de rugby del mundo.

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