Las Geishas, doncellas del placer, intentan sobrevivir en el Siglo XXI

Cuando escuchamos la palabra “Geisha”, se nos representan una serie de imágenes: delgadas mujeres envueltas en hermosos kimonos, caminando a pasitos rápidos y cortos por las estrechas calles de Kyoto, jugando con sus abanicos, con la cara pintada de blanco como un mimo… Y la mirada perdida sumidas en sus propios pensamientos.

Después de más de 400 años, la Geisha permanece con el paso del tiempo y sigue causando fascinación y fantasías

La palabra GEISHA proviene de los fonemas chinos “Gei”, que quiere decir arte, habilidad, y “Sha” que significa persona. Una Geisha representa una persona con habilidad en distintas artes.

Aún existe cierta confusión fuera de Japón sobre la profesión de las geishas. Este tema se ha complicado debido a las prostitutas japonesas, que quieren aprovechar el prestigio de las geishas promocionándose de esa forma ante los turistas, pero les falta la formación artística de éstas. Algunas prostitutas se visten con kimonos, pero con exceso de maquillaje y excesos de adornos en el peinado. Y algunas también viven en las casas de “lámparas rojas”, pero el caso es que no podemos decir que las geishas sean prostitutas.

Se originaron como profesionales del entretenimiento; al principio la mayoría eran hombres. Mientras las cortesanas profesionales brindaban entretenimiento sexual, las geishas usaban sus habilidades en distintas artes japonesas, música, baile, y narración.

memorias-de-una-geisha

Los geishas masculinos empezaron a desaparecer, y para el 1800 las geishas femeninas conocidas como onna geisha, los superaron en número de tres a uno, y el término “geisha” comenzó a usarse para las mujeres con habilidades para el entretenimiento.

Ellas sólo se encargaban de distraer a los hombres, con amenas conversaciones, con danza, o tocando el shamisen. El tiempo de la geisha y maiko (aspirante a geisha) con cada hombre, se medía en varitas de incienso, cuando ésta se consumía había finalizado su tiempo.

Las geishas y maikos, contaban con un pacto de silencio, por lo que cualquier hombre podía estar tranquilo con las conversaciones que se mantuvieran delante de ella, o con ella.

En esas zonas de placer, como eran llamadas, surgieron numerosa Ochayas, que son las casas de té donde las Geishas atienden a sus clientes.

La geisha debe mantenerse soltera, o retirarse después del matrimonio. Mientras que los compromisos incluyen coquetear, nunca incluyen actividad sexual, y una geisha no es pagada por sexo, aunque algunas pueden elegir tener sexo con algún cliente fuera de su rol como tal.

Geishas del siglo XXI

Los paulatinos cambios sociales, la revolución tecnológica, el progreso educativo y las nuevas oportunidades laborales, sumado a la dureza de la vida de la geisha, han hecho que muchas jóvenes pierdan el interés por esta forma de vida.

Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, el número de mujeres que se dedican a dominar disciplinas como la danza o la música para sublimar el arte de la seducción, ha ido descendiendo de manera drástica.

Komomo, geisha de 26 años de la escuela de geishas de Kyoto

Los farolillos siguen encendidos en las callejuelas de los hanamachi (distritos de geishas) de Kioto. Por sus oscuros laberintos sólo se escucha el leve susurro de los kimonos de seda cuando acarician el suelo empedrado, pasos apresurados que parecen levitar sobre sandalias de vértigo. Estas mujeres, obras de arte en movimiento, son geishas, aquí llamadas geikos. Como sombras coloridas, sus figuras se deslizan entre las calles sin apenas ser vistas, un halo de misterio viaja envuelto en el olor a azahar que desprende su suave piel entre los callejones.

Paseando por las calles semioscuras de la ciudad, el viajero encuentra unas pequeñas casas bajas con una fina tela que hace las veces de puerta, son las ochayas –las casas de té– donde las artistas del entretenimiento desaparecen ante los ojos como engullidas por la cálida luz interior. Su acceso está totalmente prohibido para los que no tienen una cita.

La agenda de las geishas es agotadora. “Nos acostamos tarde agasajando a nuestros clientes en las reuniones –señala Komomo–, pero nos levantamos muy temprano para seguir asistiendo a nuestras clases, una geisha nunca deja de estudiar”.

En Memorias de una Geisha, Golden afirma: “Ella se pinta el rostro para ocultar su rostro, sus ojos son como el agua profunda, el deseo no existe para la geisha, el sentimiento no existe para la geisha”. En sus vidas no hay espacio para el amor. Ellas son artistas entregadas en cuerpo y alma a su papel en el mundo, pero esto no significa que sean prostitutas.

Gion es uno de los hanamachi más conocidos, sobre todo por la literatura y el cine. Pero no todas las mujeres que se ven con aspecto de geishas lo son. Muchas son “geishas falsas”, como las llaman allí. Existe una tradición nipona por la que al llegar a Kioto muchas mujeres deciden vestirse de maiko por un día. Hay estudios profesionales donde te maquillan. Las imágenes que circulan por el mundo sobre las geishas en su mayoría son falsas. Ellas no posan, no se dejan parar en la calle, no van haciéndose fotos unas a otras. Su relación con el mundo es otra, mucho más profunda e intensa, viven en su cultura de flores y sauces llamada karyukai y, por supuesto, bajo un enorme respeto a las tradiciones. Tanto es así que muchas no pueden soportar esta férrea disciplina y se rinden antes de terminar los estudios.

En Japón, la primavera es sinónimo de flores, que se abren formando un arco iris embriagador de colores y de formas. La floración de las camelias, los lirios, los lotos y las flores de mostaza es de una prodigalidad particular. En todas partes se celebran festivales en honor de las flores.

Del 1 al 30 de abril se celebra Miyako Odori o Baile de los Cerezos en Kyoto, durante el cual las Maiko, niñas jóvenes aprendices de geisha, presentan bailes japoneses tradicionales.

El planeta entero especula sobre la vida real de las geishas, pero lo cierto es que nadie conoce su verdadero misterio. Son obras de arte en movimiento que han sabido combinar las tradiciones seculares con las páginas web y los teléfonos móviles.

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