Rothenburg en la Ruta Romántica alemana: la vida dentro de un cuento

A veces sucede. Uno llega con altas expectativas a un lugar que presume fascinante y comprende en breves instantes que los adjetivos no alcanzan para describir lo que ve.

Al cruzar las murallas de Rothenburg por cualquiera de sus bellas puertas se ingresa a un mundo de cuentos. Ese tejido de callejuelas medievales maravillosamente preservadas sorprende en cada rincón, en cada esquina.

Vista desde la Torre del Rathaus

Todo visitante de la mágica villa, punto principal de la admirada Ruta Romántica alemana, se convierte instantáneamente en un adicto a la fotografía, siente en su interior la adrenalina que lo lleva a querer conocerla cuadra por cuadra, si no casa por casa. Es que no se trata de un conjunto de edificios históricos sino de una ciudad entera que nos transporta cientos de años atrás en la historia.

No es casual que la Navidad y los juguetes sean una de las actividades principales allí. No se trata de prepararse para las celebraciones navideñas sino de vivir en torno a ellas.

“Todo el año es Navidad en el pueblo navideño”.

Así se anuncia el recorrido por un pequeño pueblecito de paredes entramadas en las que habitan cientos de juguetes, dirigidos por un muñeco cascanueces de 3,5 metros de altura. Se trata de una curiosa tienda de artículos navideños –Kätte Wohlfart- ubicada frente al Rathaus (Ayuntamiento).

Bellísimas casas frente al Rathaus

La subida a la torre del Rathaus lleva a otra breve aventura pues los escalones (210 en total) comienzan en formato normal para estrecharse paulatinamente y tomar al cabo forma de un caracol de madera que parece no terminar nunca.

La llegada a la torre es un verdadero premio para el viajero quien disfruta de vistas increíbles hacia cada uno de los rincones de la ciudad amurallada y el verde intenso que la circunda.

Las murallas y sus torres son otro atractivo para no perder. El trayecto desde la Rödertor hasta el bastión semicircular (Spitalbastei, bastión del hospital) ofrece un ángulo diferente para las vistas.

Markplatz

La St. Jacobs Kirche, iglesia principal, el Museo Medieval del Crimen o los varios museos sobre la historia de la ciudad y la región justifican ampliamente una visita. Una cerveza en la Marktplatz brinda la pausa adecuada para continuar la caminata sin rumbo.

Es que de eso se trata recorrer el escenario de cuentos que es Rothenburg. Allí el mapa debe utilizarse sólo para averiguar –si es imprescindible- el nombre u origen de un sitio determinado, no para orientarse y menos aún para tener certeza de donde estamos.

Mejor dejarse llevar hasta la próxima exclamación de asombro y una nueva foto.

Hay sí un lugar imposible de evitar. Ningún visitante debe irse de la ciudad sin haberse fotografiado –desde distintos ángulos- en Piönlein, el punto icónico junto a la Siebersturm (torre de Sieber).

Recién entonces estará autorizado a partir de Rothenburg, cruzar nuevamente la muralla y regresar al mundo real.

St. Jakobs, la iglesia principal
El símbolo de la tienda de juguetes

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