Villa Turística Lago Epecuén, la historia de un pueblo fantasma

Esta es la histora de un lugar, de un pueblo, en la provincia de Buenos Aires. Pero también es la de muchos hombres y mujeres que creyeron y trabajaron construyendo esta historia, que era la suya.

En las tierras dominadas por los vientos y los indígenas, a orillas de un lago manso, se fundó un pueblo, en el año 1887, llamado Adolfo Alsina.


Rapidamente, los habitantes de la población se fueron maravillando con las propiedades de las aguas de ese lago acampando en sus orillas
Ya a principios del siglo XIX, el Lago Epecuén comienza a ser muy renombrado por las propiedades curativas de sus aguas. Los primeros pobladores y visitantes arribaban en galeras o diligencias, provenientes de Azul, 25 de Mayo, y en años posteriores desde Arroyo Corto, que era punta de riel del ferrocarril.

Pero el 21 de enero de 1921 un visionario en la materia, don Arturo Vatteone, inauguraba un pequeño balneario a orillas del Lago Epecuén.
Es el inicio de un desarrollo impresionante: grandes hoteles dan comodidad y lujo a las familias adineradas que venían en búsqueda de descanso y de curas milagrosas.
El Ferrocarril Sarmiento servía la estación Villa Epecuén, mientras que el Ferrocarril Midland y el Ferrocarril del Sud llevaba pasajeros hasta la estación Carhué.
En 1922 se produce el primer loteo de tierras para la conformación de un pueblo y conjuntamente con los balnearios que se instalaron en todas sus costas, se fueron creando hoteles y la gente comenzó a radicarse y conformar una villa turística. De esta forma, comenzó un ritmo frenético de construcción de hoteles de categoría internacional.

Así se desarrolló el turismo en Epecuén, llegando a contar con 5.000 plazas declaradas. Eran 280 establecimientos, entre hospedajes, pensiones, hoteles y comercios que llegaron a recibir en las décadas de 1950 a 1970 a 25.000 turistas de noviembre a marzo. La Villa llegó a poseer 1.500 habitantes estables.

Epecuén fue el refugio de miles de abuelos que buscaban alivio en la salina para los problemas en los huesos, las articulaciones y la piel. También el de cientos de judíos que la eligieron y adoptaron como lugar de veraneo por las similitudes de las propiedades del agua con las del Mar Muerto.

En 1975, el gobierno provincial construyó el canal Ameghino, una obra de ingeniería que conectaba varias cuencas y regulaba el caudal de agua en todas las lagunas de la región. Con este sistema ninguna se secaría y no habría riesgo de inundación. Pero no se controló más a partir del golpe de Estado de 1976.

Desde 1980 la laguna creció entre 50 y 60 centímetros por año y amenazaba con rebasar el terraplén construido para proteger al pueblo.

La madrugada del 10 de noviembre de 1985 una sudestada precipitó el desenlace y la fuerza del agua perforó el terraplén que protegía al pueblo de un lago que estaba colapsado por los 1500 milímetros de lluvia caídos ese año. El nivel del agua creció un centímetro por hora y dos semanas después ya había dos metros de agua. Los pobladores, resignados, tuvieron que abandonar casas, hoteles y comercios en pocos días, sin más remedio. La mayoría de los lugareños se afincaron en Carhué. Hasta allí, en camiones y tractores, se realizó la mudanza de todo un pueblo devastado.

La villa desapareció. Para 1986, el pueblo poseía 4 metros de agua en sus calles, llegando en 1993 a más de 10 metros

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