Armas compradas en supermercados, crímenes masivos y discriminación

El horror se adueñó esta vez de un conocido club nocturno en la ciudad de Orlando donde un hombre de 29 años armado de un rifle de asalto y una pistola asesinó a por lo menos 50 personas e hirió a varias decenas antes de ser abatido.

Más allá de la eventual pertenencia del asesino a un grupo terrorista, el cual se habría adjudicado el espantoso ataque, vuelve a estar en el centro del debate el tema del acceso casi irrestricto de casi cualquier persona a armas de fuego de alto poder mortífero, lo que genera un impresionante número de crímenes masivos en ese país.

Las cifras son tan dramáticas como concluyentes. Un estudio reciente realizado por investigadores de las Universidades de Harvard y Reno (Nevada) indica que, comparado con un ciudadano de cualquiera de los otros 22 países más ricos del planeta, un estadounidense afronta:

-Siete veces más probabilidades de morir violentamente.

-Veinticinco veces más probabilidades de morir violentamente debido a un arma de fuego.

– Diez veces más probabilidades de morir debido a un arma de fuego.

-Seis veces más probabilidades de que lo maten de forma accidental con un arma de fuego.

-Ocho veces más probabilidades de suicidarse usando un arma de fuego.

Los homicidios son la segunda causa más importante de muerte para los estadounidenses de 15 a 24 años de edad, y la tercera causa de muerte entre los de 25 a 34 años. Los primeros tienen una probabilidad 49 veces superior de morir por un homicidio con arma de fuego, comparados con personas de edades parecidas en otras naciones de similar nivel de desarrollo mientras que para los segundos el riesgo es 32 veces mayor.

El ataque de Orlando tuvo un notorio sesgo homofóbico pues se perpetró contra los asistentes a un destacado club gay.

Se da en un contexto en el cual hay en Estados Unidos una clara ampliación de derechos a favor de la diversidad y contra la discriminación, reflejada en la legalización del matrimonio igualitario en varios Estados, el apoyo del Presidente Obama y la recepción, el año pasado, de la constitucionalidad de las nuevas normas por la Corte Suprema de ese país.

Los resabios siniestros y criminales de la homofobia no se limitan a los crímenes violentos.

El increíble mensaje dado en las redes sociales poco después de la masacre por el Vicegobernador de Texas, Dan Patrick, así lo demuestra: “Nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra”, expresó el patético personaje que no hizo más que sincerar la postura de muchos dirigentes de su partido y de los sectores religiosos más conservadores. Son públicas, por ejemplo, las posturas machistas y homofóbicas del candidato Donald Trump.

Esos mismos sectores de la extrema derecha conservadora son los que defienden a ultranza la libre portación de armas, incluyendo las de asalto, capaces de segar decenas de vidas humanas en escasos segundos. Son los que, en paralelo, sólo conciben respuestas violentas y agresivas a los problemas, cualquiera sea su índole.

En sus primeras declaraciones públicas después de la masacre, Obama convocó a unirse para proteger al conjunto de la comunidad contra el odio y el terror y señaló con dureza a quienes se oponen a limitar la venta de armas. Con independencia del origen del asesino, allí está la raíz del problema, de un gravísimo problema que sigue aniquilando miles de vidas inocentes cada año.

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