Los cuadernos del remisero: escándalo y oportunidad ante la gran corrupción

Las tristes escenas que narran los cuadernos del chofer de un ex funcionario kirchnerista nos obligan a poner la lupa sobre un tema clave: recuperar lo robado y castigar a quienes se apropiaron de lo público en beneficio propio.

Cuadernos Gloria rellenos con apretada letra manuscrita cuentan una historia que todos quisiéramos que fuera de ficción… Una novela policial más o el guión de la enésima serie de Netflix sobre un tema demasiado trillado: delincuencia organizada, corrupción, ladrones de guante blanco. Pero no. Es una nueva postal de una Argentina que duele.

Oscar Norberto Centeno es el dueño y autor de esos cuadernos. Chofer, remisero del “poder”, trasladó durante años bolsos con millones de dólares de coimas pagadas por grandes empresarios de la obra pública a altos funcionarios de los Gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y tomó debida nota de cada viaje. De cada escena.

Comienzo a registrar los retiros de dinero [después de dos años] porque considero que es increíble todo el tiempo que no lo hice. Dejo aclarado que de manera interrumpible (sic) se viene haciendo con las empresas que logran las licitaciones por obras y pagos por servicios prestados al Ministerio de Planificación y que por intermedio del Licenciado Baratta y Nelson Lazarte vienen recaudando. Dejo aclarado también que algunos de los retiros de dinero los hace el licenciado por dependencia propia y el resto para el ministro Julio de Vido.”

La investigación del diario La Nación, encabezada por el periodista Diego Cabot, con la colaboración de Candela Ini y Santiago Nasra, saca a la luz datos precisos de un modus operandi que ni el más creativo hubiera logrado sospechar, alumbrando de la manera más cruda varios capítulos de una corrupción organizada, llevada a cabo de un modo sistemático y a lo largo de al menos diez años.

Los recorridos del Toyota manejado por Centeno, sus periódicas “escalas” en la residencia presidencial de Olivos, en el departamento de los ex presidentes ubicado en la zona de Recoleta y en tantos otros lugares, son registrados por el conductor en sus cuadernos, con lujo de detalles sobre los personajes que participaron en cada escena.

La obscenidad de los hechos narrados supera con largueza la patética imagen de José López arrojando bolsos al convento

Aquella era la foto de “apenas” un momento, una escena, mientras que el chofer de Baratta dejó de puño y letra inmortalizadas decenas de situaciones en las que sus protagonistas se distribuían inmensas sumas de dinero originadas en coimas, saquenado al Estado, una y otra vez, durante años.

 

Quizás lo más grave sea que nada de lo que vemos nos sorprenda del todo. Lo más que grave es que nos preguntemos sobre las razones que llevaron a Centeno a tomar tantas notas o sobre los motivos de su ex esposa para darlas a conocer a los periodistas.

Es grave porque la sociedad sabe que, más allá del escándalo, hace tiempo vivimos inmersos en un fenómeno que destacadas ONG´s especializadas han definido como Gran Corrupción, una corrupción sistémica consolidada a través de múltiples métodos para apropiarse del dinero de todos. La cuestión excede por completo la coyuntura.

Desde ya deben investigarse juzgarse con una eficacia y rapidez que nuestra Justicia jamás ha tenido –y que hoy es más necesaria que nunca- los gravísimos delitos denunciados. Desde ya esa investigación debe apuntar a todos los involucrados, empresarios y funcionarios, sin importar en absoluto su filiación partidaria o sus vinculaciones personales y económicas. Pero hay que ir mucho más allá.

Ya no quedan pretextos para postergar la sanción inmediata de una Ley de Extinción de Dominio que permita avanzar en la recuperación de los bienes robados al Estado y, entretanto, los Jueces deben enfocarse ya en el decomiso preventivo que asegure las chances de hacer que los corruptos devuelvan lo apropiado ilegalmente

Es igualmente preciso, también, modificar la Ley del Arrepentido para que al fin empiecen a arrepentirse personajes como Centeno y tantos otros que pueden facilitar el juzgamiento de los responsables principales de las asociaciones ilícitas.

Es tiempo de comprender y de volver a subrayar que la corrupción no es “de izquierda” ni “de derecha”, que no beneficia más que a los corruptos, que castiga a la sociedad y, sobre todo, a los que menos tienen, que –como en el emblemático caso de Once-, mata o causa daños irreparables.

Estamos, hoy, ante una nueva oportunidad.

Los “cuadernos del remisero” pueden ser punto de partida de un vendaval de aire puro, de un compromiso social que reclame valores tan mínimos e indispensables como la transparencia y la honestidad en la función pública y en las contrataciones del Estado

Ojalá que así sea, que dejemos de lado toda especulación política para concentrarnos, como sociedad, en enfrentar a una corrupción con la cual es demasiado difícil convivir.

 

  • Alejandro Drucaroff Aguiar es abogado, especialista en ética pública. Escribe columnas en Derecho & Revés, en Buena Vibra, y en otro medios.

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