Coronavirus y nueva longevidad: cuidar a los mayores, una obligación moral que exige repensar muchas cosas

Diego Bernardini, médico de familia, subraya la importancia de tomar conciencia de los riesgos y desafíos que despierta el CoVid19.

Kustavi es una pequeña isla que está en medio de un paso, unido por varios ferris, que comunica Finlandia con Suecia. Es una zona donde de noche se interrumpe el poco tránsito automotor, que en su mayoría -como dije- es de paso, y donde las casas de madera, que suelen tener muchos años, no cuentan con gas y apenas con luz eléctrica. Son los reinos nórdicos en medio del Báltico, un lugar donde el agua cálida del mar en verano apenas llega a los 20 grados. Allí tienen su casa de verano mis suegros, Timo y María Leena, ambos rondando los 70. Es donde se refugiaron estos días de pandemia, un oasis en medio de un oasis llamado Finlandia, que hoy nos muestra que fue el país nórdico más preparado para este tiempo de pandemia.

Ellos gozan de buena salud. No tienen lo que hoy conocemos como “comorbilidad” ósea, problemas de salud asociados como enfermedades cardiovasculares, respiratorias o diabetes y que, en tiempos de CoVid19, son factores que predisponen a una evolución severa en caso de contraer el virus.

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En estos días, pregunté cómo estaban y me contestaron “muy bien, pero hemos tomado conciencia y somos personas de riesgo… Somos personas mayores”.

¿Cuándo nos volvemos mayores?, me pregunté. En nuestras vidas, hay momentos que son como bisagra: marcan un antes y un después. Alguno de ellos tiene que ver con nuestro propio registro y el vínculo con lo que nos rodea. Son como indicadores de que algo ocurre en nuestra imagen en relación con el mundo externo.

¿Somos quienes creemos ser o somos quienes las personas, los otros, ven en nosotros? ¿Acaso no nos espantamos ese día en que en el transporte público nos dijeron “Señor/Señora… ¿Baja?”

En tiempos de Covid 19, a mayor edad, peor se las lleva. Seguramente usted, como yo, ha leído que, en muchos lugares, se pone en juicio a quién ofrecer un cuidado médico que ayude a mantenerse vivo frente a la opción de cuidados paliativos. Se lo pongo en otras palabras: si hay dos pacientes y un solo respirador/ventilador, ¿se lo damos al joven o a la persona mayor?

El dilema de la “elegibilidad” de los adultos mayores ante la escasés de recursos médicos nos estrella contra un presente que debe ser complejizado… El proceso de envejecimiento no sigue una línea única.

Por eso, considerar la edad como indicador es una mirada miope de la realidad. Es necesario entender que la edad cronológica no es hoy un indicador confiable de los cambios que suceden durante el proceso de envejecer.

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En los servicios de salud de Castilla y León, donde fui médico de familia unos años durante mi tiempo en España, los criterios son funcionales, es decir, responden a dos escalas que los médicos deben considerar para tomar una mejor decisión. Cuento ésto por mencionar uno de los muchos modelos de gestión de recursos y decisiones que hay.

Es importante pensar que esta toma de decisión los médicos la hacemos todo el tiempo, ahora en la pandemia y cada día en que ejercemos la profesión. Siempre solemos manejarnos por un criterio donde comulgan la clínica, la experiencia, la evidencia y nuestro sentido común. No es fácil, especialmente cuando hay cansancio, miedo y angustia, pero de allí surge una ecuación donde el humanismo debe prevalecer, ante todo.

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Hoy, a mis 53 años, pienso que me acerco a esa edad de riesgo. Pienso que estoy en el inicio de la curva que supone mayores complicaciones en caso de contraer un virus tan antipático como el Covid19. En él se resume gran parte de una maquinaria biológica perfecta: alta contagiosidad, suspensión en el aire como parece ser, alto grado de asintomáticos y muy poca afectación de personas jóvenes. Todo lo que odiaríamos quienes creemos que los mayores son un capital intangible y la memoria de nuestra cultura.

Cuidar a nuestros mayores es una obligación, pero una obligación moral. Es proteger a quienes lo hicieron cuando éramos seres vulnerables frente a un mundo que apenas imaginaba de pandemias

Es tomar conciencia de nuestra finitud, pero también de la inmensidad de posibilidades que nos dan palabras tan antiguas y dignas como altruismo, compasión y porque no también solidaridad.

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Como mis suegros, que hoy toman conciencia de su vulnerabilidad en una pequeña isla del Báltico, aunque pertenezcan a una sociedad avanzada, evolucionada y hasta prevenida, donde a pesar de ello la edad los coloque en una situación de fragilidad.

Ya se sabe, mis suegros o uno mismo pertenecemos a la segunda mitad, una mitad de la vida que puede ser desafiante y muy satisfactoria pero no por ello excenta de riesgos, algunos de ellos globales como el que hoy se llama CoVid19.

 

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