“Más que un cuerpo”: una invitación a descubrir la propia belleza y disfrutar

Buena Vibra entrevistó a la nutricionista Mónica Katz, especialista en trastornos de alimentación, para charlar sobre su libro “Más que un cuerpo”. Por qué todas las mujeres debemos pasar por esas páginas para hacernos bien, revisar algunas miradas sobre el cuerpo y vivir mejor.

¿Por qué el título del libro? ¿A qué apunta? ¿Qué mirada sobre uno mismo propone?

El título del libro surgió el año pasado cuando decidimos que el Evento No Dieta, que siempre organizamos juntas, estuviera dedicado por primera vez a la tiranía de la belleza de la que somos víctimas, sobre todo las mujeres. Teníamos ganas de escribir un libro juntas hacía tiempo y la belleza era el tema que iba y venía en todas nuestras conversaciones.

Creemos que las mujeres somos cosificadas y que nuestro cuerpo es concebido como un objeto para el placer o el deleite de otros. Y nuestra propuesta es entender a nuestro cuerpo como una herramienta para hacer y llegar a ser todo lo que queremos. Lo cierto es que las mujeres somos mucho más que un cuerpo, pero lamentablemente en esta cultura en la que se entronizan la delgadez y la perfección como modelos de belleza, un número en la balanza “pesa” mucho más que nuestras habilidades, capacidades, nuestra generosidad o creatividad. En fin, vale más la apariencia que lo que realmente nos hace ser únicas.

Katz Groisman

El libro invita a pensar e integrar un nuevo concepto de belleza y habla de romper la tiranía de la estética. Todo un desafío. ¿Cómo lo encaran?

Creemos que es posible cambiar el modelo de belleza que la cultura, los medios y la sociedad en general aceptan como válido. Claro que no es fácil, pero hay muchas cosas que podemos hacer para contribuir a una belleza más inclusiva.

  • Consumir los discursos de los medios de manera crítica (analizando qué nos venden cuando nos muestran a una modelo o a un personaje de ficción determinado, qué intereses se juegan, qué mensajes aparecen implícitos).
  • Evitar compararse físicamente con los demás, y no abusar del uso de redes sociales (porque se sabe que existe una fuerte relación entre el uso de redes y el malestar corporal).

Lamentablemente, en nuestra cultura un número en la balanza “pesa” mucho más que nuestras habilidades, capacidades, nuestra generosidad o creatividad

  •  Enseñarles a las jóvenes a quererse y valorarse por lo que son. ¿Cómo? Hay que evitar utilizar adjetivos como “hermosa”, “princesa”, “bonita” y empoderarlas con otros como “valiente”, “creativa”, “fuerte”, “inteligente”, “curiosa”, etc. También es importante mostrarles que para nosotras (madres, tías, abuelas, maestras) el cuerpo es un medio para tener una vida plena y feliz y no el fin de todos nuestros objetivos.
  • Desde los medios, tratar de mostrar a las mujeres de todas las formas, razas, tamaños. Mostrarnos sin estereotipos. Y dejar de abusar del retoque digital, que fabrica lo que llamamos una “realidad no real”.

¿Por qué en Argentina tenemos esta obsesión por la delgadez y lo tenemos tan asociado a la belleza? ¿En otros países es igual?

La Argentina es uno de los países con mayor obsesión por el cuidado del cuerpo. Tenemos un alto nivel de dietismo, paralelamente a un elevado índice de obesidad. También es preocupante el crecimiento de las cirugías estéticas.

Las arrugas, los “rollitos” y la celulitis son tres obsesiones de las argentinas. La lucha estética es una espiral de nunca acabar

Las arrugas, los “rollitos” y la celulitis son tres obsesiones de las argentinas. Es interesante, en este sentido, lo que dice Alejandra Walzer, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, que entrevistamos para el libro. Ella asegura que, a diferencia de nuestras madres y abuelas, las mujeres de hoy tenemos muchas “zonas de conflicto” que se transforman en “zonas de combate”. Sentimos el deber de combatir todas las zonas de nuestro cuerpo con la que nos sentimos en conflicto. La pregunta es: ¿eso nos acerca o nos aleja de la felicidad? Bueno, podríamos decir que esta lucha estética es una espiral de nunca acabar… Hace un año realizamos una encuesta sobre 500 personas, y el 48% aseguró que la parte del cuerpo que menos le gusta es la panza.

Tapa libro Más que un cuerpo

Hablan de “barreras al movimiento”. ¿A qué se refieren y cómo desafiarlas?

Las barreras al movimiento son características del modo de vida actual: criminalidad, jornadas laborales prolongadas, muchas horas de pantalla, la PC, las consolas de juegos, el teléfono, Internet, mucho auto, mucho fútbol por TV y poco fútbol jugado con amigos. La tecnología simplifica muchas de nuestras tareas cotidianas, pero perjudica nuestra salud.
No es fácil escapar de la trampa de lo “fácil”, pero podemos comenzar tratando todos los días de sumar pasos a la vida. Lo ideal es llegar a 10.000 cada día. Con un cuentapasos podemos controlar cuánto nos movemos. Y si bien los deportes o la actividad física son sin duda la mejor opción, podemos sumar pasos de mil maneras: subiendo y bajando las escaleras, caminando ida y vuelta al trabajo, etc. Si trabajamos 8 horas en una oficina, podemos pararnos y movernos cada media hora. En el mundo hay experiencias de empresas que obligan a sus empleados a levantarse de su escritorio cada determinada cantidad de minutos gracias a un sistema que eleva el escritorio.

La tecnología simplifica muchas de nuestras tareas cotidianas, pero perjudica nuestra salud

¿Cómo volver a pensar el buen peso, asociándolo más al balance nutricional que a la dieta?

Los humanos necesitamos nutrientes y los nutrientes vienen empaquetados en los alimentos. Pero no solo necesitamos nutrientes, también necesitamos todos los días una dosis de placer. Y la comida y bebida puede dártelo 4 veces al día. Comer todos los días lo que nos gusta nos hace bajar el deseo. Por eso es importante no demonizar ningún alimento -algo que está de moda en este momento- y entender que la variedad alimentaria es el mejor camino para una alimentación saludable. De nada sirve contar calorías; sí es importante controlar las porciones. Comer la porción justa!

¿Cómo se puede trabajar, a nivel personal, para dejar de estar pendientes de ideales tan tiranos de delgadez y perfección?

Hay dos comportamientos que nos alertan de que estamos demasiado obsesionadas con nuestro cuerpo: el body checking o chequeo corporal y la evitación. Si nos miramos demasiado al espejo, si nos tocamos la panza cada vez que terminamos de comer, si nos subimos constantemente a la balanza, o si, por el contrario, tapamos o sacamos los espejos de casa, nos da miedo pesarnos o nos evitamos cuando vemos nuestro reflejo en una vidriera, evitamos la playa, determinada ropa, entonces, debemos empezar a trabajar para disminuir el malestar corporal. ¿Cómo?

Hay dos comportamientos que nos alertan de que estamos demasiado obsesionadas con nuestro cuerpo: el body checking o chequeo corporal y la evitación

Como dijimos antes, evitar compararse con los demás es clave. Mejor es compararse con una misma. Pero sobre todo, hacer una lista de todo lo que somos, características personales, y por otro todo lo que sabemos hacer. Valorar en nosotras lo que valoramos de los demás. A tu mejor amiga no la querés porque es flaca o linda o tiene una panza chata, la querés porque es buena compañera, divertida, ocurrente. Pensar qué atributos que no tengan que ver con la apariencia tenés es una buena manera de empezar a quererte por lo que sos, además de un cuerpo. En el libro proponemos muchas actividades para dejar de estar pendientes del cuerpo. ¡Y son muy fáciles de llevar a la práctica!

En el libro hablan de diferencias de género muy marcadas. La belleza como atributo tirano de las mujeres, algo que no ocurre en los hombres. ¿Sigue siendo así? ¿Puede cambiar?

Todavía es mucho más marcada en las mujeres, aunque, como también decimos en el libro, muchos hombres están ingresando en el mundo de la obsesión estética.
Ocurre que históricamente las mujeres ocupamos un rol pasivo, doméstico y los hombres han salido del hogar a luchar, trabajar, buscar el alimento. Las mujeres adentro; los hombres afuera. Como contamos en el libro, esto fue cambiando con el tiempo, pero las mujeres aún vivimos en una jaula de la que nos cuesta salir. Estamos atrapadas en el mito de la belleza -tal como lo explica Naomi Wolf en su libro El mito de la belleza-. Creemos que “somos” en tanto lucimos bien. Nos vendieron esa idea y la compramos. Como cultura, tenemos que cambiar el lugar del cuerpo como objeto por un cuerpo como instrumento para disfrutar, hacer, divertirse, vivir

A nuestras hijas les regalamos muñecas y a nuestros hijos rastris. Tenemos que cambiar la educación sexista que propone distintos juegos para unos y para otras. Los varones pueden ser maternales y las nenas pueden construir edificios y descubrir nuevos horizontes.

Pensar qué atributos que no tengan que ver con la apariencia tenés es una buena manera de empezar a quererte por lo que sos, además de un cuerpo

¿A quiénes está orientado el libro?

El libro está pensado para hijas, madres, abuelas. Docentes, trabajadoras, amas de casa, investigadoras, estudiantes. Las mujeres que vemos todos los días en la calle o en las oficinas o en el supermercado o en la puerta del colegio tratando de congeniar con todo a la vez. Mujeres que muchas veces se ven tironeadas entre una moda muy tiránica e inaccesible y un fuerte deseo de trascender la apariencia para conquistar el mundo. Pero ningún cambio será posible sin los hombres, esos que son nuestros amigos, padres, maestros, hijos, jefes. Todos los que pueden ayudarnos valorando en nosotras todo lo que somos más allá del cuerpo.

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