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Misopostrol o barbijos: 10 escenas urgentes de un hospital bonaerense

En tiempos de crisis y de recursos escasos, las prioridades no pueden fallar. No es ideológico: es la eficiencia necesaria para prevenir y salvar vidas.

Ni pañuelo celeste ni pañuelo verde. Ni provida ni proaborto. Mi reflexión y mi apelación es pro-Estado. A riesgo de someterme a todo tipo de acusaciones rápidas, ajenas a cualquier madurez y responsabilidad, me parece fundamental poner sobre la mesa algunas escenas que se repiten en diversos hospitales bonaerenses en la misma semana en que el gobernador Axel Kicillof anunció que compraba 80.000 comprimidos de Misoprostol para garantizar la Interrupción Legal del Embarazo, invirtiendo 15 millones de pesos.

En esta nota, vamos a usar el Misoprostol como símbolo para promover una reflexión sobre la gestión de los recursos públicos. Podría ser otra cosa, pero es la noticia que ganó la agenda hace apenas unos días y sirve para arrojar luz en un debate que nos debemos. Esta pastilla, muy valiosa como recurso médico, no debiera estar en la cabeza de los pacientes porque es muy riesgosa si es mal utilizada: que se haya convertido en el símbolo del derecho al aborto es peligrosísimo y habla del error de convertir un medicamento en una bandera y del triunfo de un relato hueco e irresponsable.

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En el marco de la estupidez en que nos hunde la grieta, más de uno dirá “muchas mujeres mueren por aborto a diario” o que me habita una intención religiosa o alguna otra burrada. NO. Repito: NO. Lamentablemente, en nuestro país pobre, no alcanza para todo, y un buen Estado gestiona bien los recursos escasos, justamente para cuidar a los más vulnerables. Y, en este momento, para salvar la vida de quienes puedan sufrir en breve una complicación a partir de una infección por coronavirus, necesitamos insumos básicos: guantes, barbijos, camisolines, saturómetros, respiradores, camas, salas higienizadas, recursos humanos profesionales, entre otras urgencias. Y eso falta. Y los medios no tenemos que asustar a la comunidad pero sí tenemos que advertir que las prioridades no pueden alterarse porque los errores costarán muchas vidas, y eso no puede pasar.

  • Escena 1: En una terapia intensiva de un importantísimo hospital regional de la Provincia, médicos y enfermeras de terapia intensiva ya no saben cómo resolver el tema de los mosquitos en su área. Tienen un paciente con dengue internado y el temor a que esos intrusos terminen llevando la enfermedad de un enfermo a otro los aterra. ¿Conclusión? Usan placas de radiografías viejas para correr y tratar de matar a los mosquitos. Se ríen, por no llorar, por la cantidad de minutos al día que invierten estos médicos especialistas y enfermeras profesionales en esta bizarra tarea.

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  • Escena 2: En los grupos de WhatsApp de médicos de hospitales de la provincia el tema coronavirus está que arde. La memoria de la Gripe A del 2009 enciende todas las alertas: el debate es cómo enfrentarán lo que se viene teniendo en cuenta que en muchos centros de salud públicos no tienen barbijos, guantes y otros descartables.
  • Escena 3: “Hace meses que estamos esperando saturómetros, un instrumento clave para poder evaluar a los pacientes. No tenemos ni siquiera para los pacientes que tenemos internados hoy y nos preocupa qué va a pasar cuando empiecen a llegar pacientes con coronavirus. Dicen que van a abrir las terapias intermedias, pero no tienen siquiera enfermería, ni respiradores ni insumos. No tenemos nada para enfrentar lo que viene y, a la vez, tenemos familias. No podemos trabajar en esas condiciones y llevar a nuestras casas los virus y afectar a los nuestros”, cuenta angustiada una reconocida médica, que ama el hospital público y se debate en un dilema ético que no la deja dormir.
  • Escena 4: “No estamos preparados para ésto. En Madrid nuestros colegas nos cuentan que están muy preocupados. Los pacientes hacen neumonías bilaterales y necesitan respiradores y no habrá suficientes”, cuenta un médico clínico de un importante hospital del La Plata.

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  • Escena 5: “Estamos indignados con la noticia de la inversión de 15 millones en Misoprostol. Nosotros nos tenemos que comprar los guantes y barbijos porque en los hospitales no nos dan y resulta que, en este momento, gastan ese dineral en pastillas que deben recetar los médicos y que pueden ser muy riesgosas. Van a empezar a tomarlas chicas con 2 o 3 meses de embarazo y se van a morir desangradas. No se trata de estar a favor o en contra del aborto: es otro el foco. No es prioridad hoy. No tenemos los insumos mínimos para enfrentar esta epidemia y no hay dinero para todo. Estamos muy preocupados porque no vemos nada de previsión”, confía, entre lágrimas, una médica con 25 años de experiencia en cuidados intensivos en el sector público.
  • Escena 6: “No estamos asustados por no poder enfrentar lo que viene en términos técnicos porque ya vivimos la Gripe A y otras crisis. Pero queremos trabajar con seguridad: quiero mi camisolín, mis guantes, mi barbijo. ¿Cómo vamos a trabajar?”, se angustia una enfermera con 32 años de experiencia.

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  • Escena 7: En un grupo de WhatsApp de médicos del Hospital Zonal General de Agudos Gral. Manuel Belgrano otra preocupación agita el debate: el miedo a la violencia que puedan sufrir cuando empiecen a llegar pacientes con familiares con síntomas. “Nos pasa a diario que la gente no tiene paciencia, nos agrede, se mete en la guardia o en los consultorios de prepo, nos amenazan… ¿Cómo vamos a hacer cuando la gente llegue nerviosa con un chico o un abuelo con fiebre o dificultades respiratorias y tengan que esperar horas o no haya cama? ¿Cómo vamos a cuidar a los residentes que no tienen experiencia en manejar estas cosas?”, reflexiona un médico del área de Emergencia del hospital, que dice haber elevado el tema sin suerte a las autoridades y funcionarios bonaerenses.
  • Escena 8: Pedimos a 5 médicos de distintos hospitales de la provincia que nos cuenten qué problemas tienen. Enumeraron: “invasión de mosquitos, no funcionan los aire acondicionados -o, cuando andan, no se pueden subir la temperatura y estamos con camperas dentro de las habitaciones médicas-, se corta el agua, faltan elementos de seguridad para el personal sanitario (guantes descartables y estériles, barbijos, camisolines, gorros), falta stock de medicación vinculada a sedación y analgesia para cuando tenemos que ventilar pacientes para adaptarlos a los respiradores, faltan enfermeras porque no abren cargos, faltan catéteres de vías centrales y catéteres de diálisis, algo clave para pacientes con falla renal -que es lo que se está viendo-, faltan técnicos de diálisis (“mil veces nos pasa que no nos dializan pacientes porque dicen que no hay técnicos de diálisis después de las 16, como si hubiera una hora para hacer una falla renal. Si te falla a las 20, sonaste”, se indigna un médico intensivista de un hospital de Morón)”.


Para quienes piensan que se exagera, miren cómo son las terapias intensivas en Italia y comparen.
  • Escena 9: “Nos angustia mucho el tema de las guardias. No podemos estar despiertos 24 horas. Nos vamos a quedar dormidos, nos vamos a pinchar, vamos a setear mal el respirador y se nos va a morir un paciente. Esto no es un problema de ahora, es algo grave a solucionar porque no podemos trabajar así. Cobramos mal, tenemos que tener 3 o 4 trabajos y estamos agotados, con lo cual quedamos muy cerca del error”, cuenta una médica del Hospital Simplemente Evita, de González Catán.
  • Escena 10: “En varios equipos tuvimos muertos durante la Gripe A de 2009. Todos lo recordamos y no podemos trabajar sin protección”, agrega un médico que trabaja en un hospital de la Ciudad de Buenos Aires.

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Cada una de estas “escenas” las recogimos esta semana de primera mano. No son noticias fake ni contenido para coquetear con el morbo. No buscamos generar pánico. Los periodistas debemos ser los mejores aliados en el cuidado de lo público y a eso apuntamos. Queremos que el Estado se ocupe de los más vulnerables y que ponga allí todos los esfuerzos. Creemos que, entre todos, los errores se minimizan.

Por todo ésto, señores Gobernadores, señores Ministros, funcionarios, legisladores, por favor manejen bien el dinero público, gestionen los recursos en función de prioridades claras y cuiden a los que nos cuidan, a los médicos, a los enfermeros y a todo el personal de salud. Ojalá pudiéramos poner la “y” en lugar de la “o”, pero no: en Argentina hoy es barbijos “o” misoprostol. Salgamos de ésta y luego vayamos por la “y”. No es ideológico ni político: lamentablemente, en tiempos de crisis, las decisiones equivocadas cuestan demasiado caro.

  • Por Georgina Elustondo, editora y directora de Buena Vibra.

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