#PrayForTheWorld: tratando de entender (no justificar) los horrores del mundo

Estamos viviendo esta experiencia física en un mundo espiritual. Partiendo de esta base, si logramos elevarnos cada vez que se presenta algo muy desafiante en nuestra vida, y en el mundo en general, quizás podamos empezar a observar-nos de una manera más sabia.

Los horrores a los que asistimos a diario, muchas veces un poco magnificados por cierta tendencia de algunos medios de comunicación, la inmediatez de las redes sociales, el famoso “morbo” de millones de personas y tantas otras formas de expresión humana, son una muestra del renacer al que estamos asistiendo.

Muchos pensadores de distintos lugares del mundo vienen sosteniendo que este es un momento sumamente importante en la historia de la humanidad. Si en nuestra propia vida los cambios se observan lentamente, imagina por un momento lo que puede tomar en términos de tiempo real del planeta tierra que se produzca un gran cambio de consciencia.

Dentro de los desafíos que atraviesan prácticamente todos los rincones del planeta vemos con sorprendente velocidad cómo las máscaras que se van cayendo; los paradigmas que se van rompiendo en pedazos y muy rápidamente; los drásticos cambios climáticos producto de nuestro maltrato hacia la naturaleza y la poca consciencia ambiental de todos; las atrocidades de hombres sobre semejantes humanos, sobre animales y sobre cualquier otra especie; las formas abominables que resaltan esas noticias que nos producen profunda tristeza; la corrupción en todos los niveles; la despersonalización en el trato entre personas; los refugiados… y podría seguir con una interminable letanía. No es el fin de este artículo.

Este artículo intenta transmitirte qué hacemos con esto que vivimos; cómo lograr entender los horrores del mundo, y desde allí, cómo podemos extraer, aunque sea doloroso, lo que haya de “mejor” en nuestro camino de evolución personal; y desde ese avance individual, hacia el conjunto social.

He tenido dos momentos muy duros en mi vida respecto a mi salud: uno en 1990, con un diagnóstico terminal de no más allá de 6 meses de expectativa de vida… ¡Y aquí estoy vivito y coleando! Y otro, más reciente en el 2012, donde estuve un mes en terapia intensiva por mis riñones. Y aquí estoy, recuperándome muy bien, sin secuelas graves, y lo que es más importante: reforzando que detrás de lo que podría llamar “la maldición” siempre está “la Bendición”.

Los seres humanos aprendemos de lo duro que nos va pasando, y desde allí, hacemos los cambios. La ciencia ha probado que más de un 65% de las personas sólo recuerda los momentos infelices y tristes; y sólo un 35% puede añadirle dos o tres recuerdos positivos.

De modo que es un gran entrenamiento el que debo/debemos hacer si así lo elegimos, para re-enfocar la mirada no desde una postura egocéntrica, pero sí muy presentes en que cuando cambio y evoluciono, todo alrededor también muta y trasciende hacia algo mejor.

Esto también está probado en la evolución de las especies.

Ahora bien: ¿por qué elegimos quedarnos pegados tanto tiempo en lo negativo de los horrores del mundo? ¿Qué es lo que nos impide avanzar aún en medio de los escombros y el dolor, y nos paraliza? Nuestras creencias limitantes.

Posiblemente tú también has tenido momentos verdaderamente desafiantes en la vida; pérdidas irreparables; estafas en dinero o emocionales; separaciones dolorosas y cruentas; afecciones de salud que pusieron a prueba tu fortaleza. Viendo lo bueno de eso, seguramente coincidirás que allí aprendimos a hacernos más flexibles; subimos un pequeño escalón hacia una mayor sabiduría interna –que luego se refleja en nuestro círculo directo de influencia-; y así seguimos conquistando un mayor auto conocimiento sobre el gran potencial humano.

Me gusta utilizar en mis seminarios y libros la imagen de un escultor haciendo su obra: tenemos tanto para tallar sobre nosotros mismos. La obra nunca concluye, hasta ese instante en que nos despidamos de esta forma física.

Entender no es lo mismo que justificar

Una diferencia importante que aprendí es que entender las situaciones observándolas desde todos los costados posibles no implica que adhiera ni que la justifique. Esta sutileza de la mirada del observador –que podría llamar “neutral”- es sumamente valiosa cuando estamos frente a diferencias de opinión, o ante hechos que nos horrorizan y que escapan a toda comprensión humana. La psicología, la psiquiatría, la medicina y la ciencia en general, tienen muchísimos términos para explicar millones de patologías. Aunque esa racionalización a veces se queda corta para sintetizar lo que sentimos ante las atrocidades que nos tocan más cerca o más lejos.

Por si es de utilidad para ti, te invito a adherir a aquellas causas que consideres justas de acuerdo a tu ética y valores, y que acompañen tu Misión de vida. No significa que debas ser un activista del gran cambio mundial, porque son unos pocos elegidos en este plano los que han logrado encabezar gigantescas transformaciones: Ghandi, Madre Teresa, Martin Luther King, y tantos otros ejemplos que tú mismo tendrás en tu lista de referentes a los que, aunque sea en una pequeñísima parte, te gustaría emular en algún aspecto.

Lo relevante, al menos en mi experiencia de vida, es qué hago desde el lugar que estoy. Cómo puedo frenar la desazón, el desánimo, la tristeza, la depresión y la decepción cuando todo alrededor parece derrumbarse y no encontrar un rumbo positivo.

En estos casos, en lo que me enfoco una y otra vez, y por lo que pido cada noche al dormirme y al despertar, es que se me indique el camino para servir y trabajar en un sentido positivo; y luego, suelto y dejo que una energía más potente que la mía propia, haga su parte. Solamente me dispongo a dar el próximo paso que se presenta, con mucho de intuición, y una dosis gigantesca de desapego por el resultado.

Las opiniones arraigadas muy profundamente son parte del apego acerca de cómo deberían ser las cosas; y allí empieza una vez más el ciclo del gran limitante que me invita a trascender esa frontera para dirigirme a lo nuevo.

Todo esto que puede sonar utópico, lo practicamos día a día millones de personas. En silencio: no hace falta comentarlo ni salir a gritarlo a los cuatro vientos. Se vive, se siente, se experimenta –que es, en definitiva, la única forma valiosa en este paso por el mundo-. Las ideas son buenísimas; tu innovación sobre cómo debería ser tal cosa es genial… sólo que no está en acción, por lo que por el momento no está en marcha.

El cambio es individual: proyecta una mirada compasiva; ora, reza o simplemente, envía un pensamiento de apoyo ante cada situación que luzca muy oscura en el mundo. Eso ayuda. Imagínate que somos gigantescas linternas proyectando luz blanca y pura sobre situaciones que desde nuestra perspectiva, necesitan dar un giro completo. Esa fuerza es la misma que se opone a “las noches oscuras del alma” (parafraseando el título de un excelente libro que te recomiendo: “La noche oscura del alma” de Thomas Moore).

Esa potente luz o como quieras llamarla, traerá aunque sea un destello en la oscuridad. Al menos en ti; y desde allí, se proyecta aunque te cueste reconocerlo. Hay cosas buenas que son contagiosas: la sonrisa, el abrazo, tratarnos bien, saludarnos cortésmente, ayudar a otros. Todos estos pequeños gestos suman en el gran balance universal, y te permitirá cambiar la mirada del caos por otra, positiva, si te entrenas en hacerlo paso a paso todos los días de tu vida.

Somos millones dentro de los 6.000 millones de personas que estamos haciendo este camino, tal cual hacen las hormigas.

El renacer esta pronto. La “Era Dorada” como muchos le llaman, es un gran renacer. Quizás no lo vivamos físicamente; aunque podremos dar el último adiós del mundo sabiendo que hemos puesto nuestra parte en este proceso.

Cuida tus pensamientos: crean estados de conciencia.

Cuida tus palabras: crean impactos en ti y en los demás.

Cuida tus gestos: crean poderosas anclas en el mundo.

Cuida tu actitud: crea una nueva forma de vivir tu vida.

“Cuídate ante todo, para después poder cuidar de los demás”, dijo el educador John Roger. No te postergues, si deseas asistir a otros. Es como en el avión: primero ponte tú la máscara de oxígeno ante una emergencia, y luego asiste a quien está al lado. Esto no es egoísmo: es servir a la transformación del mundo de una manera potente, tangible, sensible y en consonancia con lo que el universo reclama hoy y siempre, para este Planeta Tierra en el que estamos atravesando esta experiencia humana.

 

Más información: www.danielcolombo.com / www.facebook.com/DanielColomboComunidad

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