Beneficios del tacto: porqué no poder tocarnos afectó nuestro bienestar

El tacto es un poderoso regulador afectivo y ya se ven los efectos de la privación del “toque social” durante la pandemia.
beneficios del tacto

La pandemia de COVID-19 exigió cambios que dejarán huellas importantes en la salud mental, sobre todo en sociedades en las que los hábitos sociales incluyen una manera de vivir los vínculos en los que son claves la cercanía, el abrazo, el beso y otras demostraciones de afecto. Según los expertos, obligados a lo que llaman la “privación del contacto físico”, muchos estamos sintiendo un fuerte impacto en nuestro bienestar psicológico. Y no es una sensación: los beneficios del tacto son contundentes y el coronavirus no los quitó.

Lo confirma la ciencia: el tacto es un poderoso regulador afectivo y no poder tocarnos deterioró nuestros niveles de felicidad y empobreció las formas en que buscábamos contención y alivio ante los problemas cotidianos.

La privación del contacto íntimo durante las restricciones relacionadas con COVID-19 se asocia con una mayor ansiedad y una mayor soledad

El poder del tacto

Todo empezó cuando el Covid nos obligó al “distanciamiento físico o social” para frenar el crecimiento acelerado de las infecciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) convirtió esta regla en uno de los pilares de la lucha contra el coronavirus: minimizar los contactos cercanos con otros, reemplazar las interacciones sociales por comunicaciones virtuales, suspender encuentros, abrazos y besos por tiempo indefinido.

El daño no se tardó. La ciencia ha probado en distintas investigaciones que la conexión y el apoyo social tiene efectos beneficiosos sobre los eventos angustiantes y sobre la salud física

“En particular, las conductas de apoyo social después de condiciones de estrés parecen atenuar múltiples sistemas de estrés, incluido el sistema nervioso autónomo y el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), posiblemente mediado por neuropéptidos involucrados en la vinculación social y la conducta afiliativa, incluida la oxitocina. Además, los estudios de neuroimagen indican que el apoyo social reduce la actividad en las regiones del cerebro implicadas en la regulación de las emociones (es decir, corteza cingulada anterior, corteza prefrontal dorsolateral y ventrolateral)”, explican en Intramed.

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En otras palabras: una forma particularmente eficaz de comunicar apoyo (no verbal), que además facilita la formación y el mantenimiento de lazos sociales, es el tacto. Sus beneficios se han estudiado en muchos campos, que van desde estudios en animales hasta estudios psicológicos y neurocientíficos del desarrollo y del adulto en humanos.

Por un lado, se cree que el contacto social posee un valor hedónico positivo, con el fin de promover el comportamiento afiliativo y prosocial. Por ejemplo, se ha demostrado que los efectos del tacto en las interacciones sociales aumentan el agrado de una persona, así como la generosidad y el cumplimiento. Además, el contacto social sirve como una forma de vinculación y refuerzo de alianzas.

Estimularlo puede ofrecer varios beneficios en todo el cuerpo, desde una mejor digestión hasta un aumento de serotonina, el neurotransmisor que mejora el estado de ánimo. “El tacto es el antidepresivo natural del cuerpo“, afirma Tiffany Field, autora del libro Touch y fundadora y directora del Touch Research Institute en la Miller School of Medicine de la University of Miami.

¿Qué sucede bajo la piel cuando nos tocan? La cascada de efectos físicos es sorprendentemente compleja: el sentido del tacto está compuesto por una serie de sensores incrustados en las terminaciones nerviosas de la piel, y cada uno es una pequeña máquina hermosa y especializada que extrae información sobre el mundo táctil. Hay un sensor de textura, otro de vibración y uno de presión, dice Field.

 

La importancia del tacto

Numerosos estudios revelan que sentir la piel del otro tiene múltiples beneficios para la salud: disminuye el dolor físico, reduce la ansiedad, fortalece el sistema inmunitario, normaliza la presión sanguínea y calma el ritmo cardíaco. A su vez, potencia el nivel de hormonas de bienestar, disminuye la sensación de soledad y reduce los síntomas de ansiedad y depresión. Y hay más. Los beneficios del tacto y la cercanían afectiva son contundentes:

  • En los seres humanos, el toque de cuidado es esencial para el crecimiento y el desarrollo en la infancia y para el bienestar y la vinculación en la edad adulta.
  • El tacto reduce activamente el estrés infantil aumentando el afecto positivo y calma a los bebés en el dolor y la incomodidad.
  • En el contexto de la teoría del apego, los estudios apoyan el papel facilitador del tacto en el establecimiento del vínculo social entre el bebé y los cuidadores. El tacto es más frecuente en las relaciones cercanas y también tiene un efecto de por vida en los vínculos humanos.
  • El tacto tiene efectos analgésicos y de alivio del estrés mediados por vías neurobiológicas implicadas en la vinculación social.
  • En los seres humanos, el contacto social se ha sugerido como un amortiguador del estrés, desempeñando un papel regulador crítico en las respuestas del cuerpo, incluidas las respuestas del cortisol y la frecuencia cardíaca, a los factores estresantes agudos de la vida, que en última instancia promueve la conexión social.
  • Estudios han demostrado que el tacto, como una caricia en el antebrazo y un roce en el dorso de la mano, reduce los sentimientos de exclusión social y la percepción de soledad, respectivamente.

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  • Estudios de neuroimagen funcional han mostrado una atenuación de las respuestas neuronales típicamente implicadas en la regulación afectiva cuando se proporciona apoyo social incorporado (por ejemplo, tomarse de la mano por una pareja romántica) frente a una amenaza, incluido el dolor.
  • Distintas investigaciones han demostrado que la privación de contacto esta asociada con resultados negativos. Por ejemplo, en los niños, la privación del tacto se asocia con dificultades para aprender a hablar, problemas de sueño y rendimiento escolar y agresión. En los adultos, la privación del tacto se asocia con un estado de ánimo más elevado y síntomas de ansiedad, depresión, soledad percibida y peor bienestar en general.

Está claro: numerosos estudios confirman el poder que la estimulación táctil tiene en las relaciones sociales: aporta beneficios terapéuticos y permite aumentar la disposición y generosidad de quien recibe el estímulo. Además, los estímulos táctiles poseen incluso un tipo de lenguaje propio. Con el tacto podemos expresar nuestros sentimientos de modo preciso.

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