Carta de un psicólogo a adolescentes y niños de la pandemia

Cómo sobrellevar estos tiempos cargados de incertidumbre, miedos y angustia.
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“Estoy totalmente desmotivada, todo lo que me interesaba se perdió. Primer año de la facultad y todavía no la conozco, se me fue el último año del colegio y no tuve viaje de egresados, fiesta, ni nada. Es una pesadilla todo esto. No le encuentro la vuelta, mucha bronca, mucha tristeza, una mierda esta pandemia.”

La chica que habla tiene 18 años y una decepción que la atraviesa

Son tiempos difíciles, tiempos de cosas que salen al revés de lo que uno quiere. Tiempos de sufrir. Y tenés bronca, y estás desmotivado/a, y nada está siendo como vos pensabas.

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Te cuento algo, esta semana tuve que acompañar desde mi trabajo a chicos y chicas como vos, que la están pasando mal porque se van a quedar sin fiesta de egresados, sin fiesta de quince, sin salir el finde, sin ver a sus amigos en el cole.

Acompañe también a un hombre de mi edad que tuvo que cerrar el negocio familiar (que empezó su abuelo) después de 60 años de trabajo porque la pandemia lo fundió.

También una muchachita que se perdió su viaje de 15, y a una mujer que no puede creer no va a volver a ver nunca más a su madre porque murió por covid.

Todos los sufrires son válidos. El tuyo, y el de ellos. Pero éste es tiempo de levantar la mirada y pensar en qué batalla está librando quien tengo enfrente, tiempo de balconear, de verse uno y ver al otro

Tiempos de empatía, tiempos difíciles, tiempos de aprender.

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¿Crecer te asusta?

Crecer no es fácil. Da miedo, aunque imagino las caras del otro lado y algunos dicen que no con la cabeza. Pero yo sé que asusta. Lo conocido nos tranquiliza y lo nuevo nos da miedo. La vida no es sencilla. Y estos años muchos menos.

Cuando ustedes eran chicos, papá, mamá o alguna abuela les contaba cuentos. ¿Se acuerdan?

A mi hijo más grande, Ignacio, le cantaba Manuelita y cuentos de María Elena Walsh. A Santi (el más chico) le leía la brujita Paca y Poca. Y le cantaba la canción de los piratas.

Yo les voy a contar un cuento, al final de la nota.

Cultivar la paciencia

¡Ah, importante! Esta nota tiene casi 10.000 caracteres. Yo sé que cuando ustedes agarran un libro lo primero que ven son la cantidad de páginas y si son muchas dicen: “Uf, que paja”. Los procesos, la espera y la cultura slow no va mucho con ustedes (y eso es responsabilidad nuestra).

Cuando era mucho más joven trabajaba dirigiendo un hospital de día para pacientes adictos. Una de las actividades más importantes era la de huerta orgánica. Debía ponerme una cinta roja y una ristra de ajo para contrarrestar los insultos que, por lo bajo, mis pacientes me mandaban. Eran horas y días de trabajar la tierra, de desmenuzarla para que quedara esponjosa.

Luego, otro tanto para prepararla para la siembra. Resultaba necesario el armado del invernadero para poder implementar la siembra escalonada y que en algún momento la cosecha pudiera ser continua.

Cuidar delicadamente lo sembrado para, al cabo de largos meses, comer la primera ensalada de la huerta orgánica

“Con mucho menos, vamos a la verdulería y armamos “alta ensalada”, solían decirme. Aquello era todo un desafío a la paciencia y la capacidad de espera. Y tenía sus frutos.

La huerta es el símbolo de la capacidad de espera versus la impaciencia y la urgencia de querer todo ya. Y es tiempo de esperar, y mientras esperamos tratar de aprender algo de todo esto que vivimos. Por eso les pido que aguanten y que lleguen hasta el final, que no se aburran y terminen de leer la nota. Porque es para ustedes, los chicos, los adolescentes. Los padres, y las madres pueden leer también, pero es para ustedes.

La huerta es el símbolo de la capacidad de espera versus la impaciencia y la urgencia de querer todo ya

Ojala les sirva esto que les quiero contar. Porque este es un momento difícil: Crecer asusta, éramos pocos y llego el coronavirus. Acá y en todo el mundo.

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Para ustedes justo es el momento que menos ganas tienen de estar en casa, el momento en que lo interesante pasa afuera. Y les tocó más de un año de pandemia y convivencia extra-large con la familia. Parece un plan armado por el enemigo. Pero para todos es difícil.

Para los padres porque tienen el home office, el home schoolling, todo mezclado , juntos y hacer malabares con la organización familiar. Además están preocupados de que ustedes estén bien.

No es fácil esta historia de ser padres. El trabajo nuestro es poner límites. El de ustedes es tratar de romperlos

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Les cuento algo que no conté nunca públicamente

Cuando yo estaba en séptimo grado en el año 78, plena dictadura militar, había conflicto limítrofe con Chile. Amenaza de guerra que afortunadamente no se concretó.

Mi papá y mi mamá tenían mucho miedo y no me dejaron ir al viaje de egresados que era en Córdoba. Fui el único nene de un grupo de 60 que se lo perdió. Me dio tristeza, bronca, me enfermé.

Hoy entiendo que estaban asustados, y claro que los perdoné. Se equivocaron, pero por amor.

La mayoría de las cosas que hacemos mal los padres son por amor. Y las que hacemos bien también

Eso no quiere decir que no les dé bronca, claro que sí. Mucha bronca, y van a sentir que la vida no es justa y que tienen los peores padres del mundo. Así funciona.

Lo que les pido como papá que soy, hablen con nosotros, ayúdennos a ayudarlos. Dígannos lo que hacemos mal, a veces tendrán razón, otras no.

No es cierto que ustedes, los adolescentes, no hablan. El problema, o lo difícil para nosotros los adultos, es que hablan cuando quieren, con quien quieren y de lo que quieren.

Y todo es blanco, negro, arriba, abajo, no hay punto medio. Todo intenso. Y está buenísimo a veces y a veces no. Pero así funciona.

Les pido algo, no sufran en silencio. Nunca están solos, aunque así lo sientan. No, siempre hay alguien más cerca de lo que ustedes ven. No se metan para adentro.

Sufrimos por cosas parecidas, porque no sabemos cómo acercarnos a ustedes y ustedes sienten que no los escuchamos.

Lo que les pido como papá que soy, hablen con nosotros, ayúdennos a ayudarlos. Dígannos lo que hacemos mal, a veces tendrán razón, otras no

En esta pandemia yo me encontré con chicos que sufrían porque no podían ver a sus novias/os, no podían salir con amigos/as.

Y me enojé varias veces con los adultos porque para que ustedes no sufran los dejaban hacer más de lo que debían.

A los padres y madres les cuesta poner límites, tienen miedo de hacerles daño. Y yo les digo que les hacen mal si los dejan hacer lo que quieren.

En este tiempo hay que seguir cuidándose. La enfermedad covid-19 no es joda, la pandemia se llevó mucha gente puesta, y pasa en el mundo, no solo acá. Y hay que resignar cosas

segundo año de pandemia

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La empatía: ¿se acuerdan qué es?

Por sus abuelos, por los trabajadores de salud, por todos los que están dejando mucho para que esto pase pronto.

Y si llegaron hasta acá, les agradezco porque ya leyeron la mayoría de los caracteres. Y si tienen hermanitos chiquitos háblenles de esta nota porque a ellos también les puede servir.

“Esta lluvia nos moja a todos”, dicen en España Y los más chiquitos también la están pasando feo, bien feo

¿Se pusieron a pensar que los de dos años solo conocen al mundo con barbijo? ¿Qué loco, no?

Un cuento

Este cuento que les voy a contar y que ya es el final de la nota, por favor, cuéntenselo a sus hermanos menores también. Aquí empieza el cuento:

Había una vez un rey que reunió a todos los sabios de la corte para pedirles: “Quiero el anillo más maravilloso que puedan conseguir para que me ayude a pasar los momentos difíciles de mi vida, que me acompañe y enseñe”.

Los sabios fueron directamente a los joyeros del reino y le llevaron a su majestad anillos increíbles, valiosísimos, con piedras preciosas y diseños fantásticos.

“No entendieron nada -dijo el rey-. Nada de esto me enseña que hacer en los momentos de zozobra y tristeza. Salgan todos de acá.”

Ese mismo día, un campesino que había oído del pedido del rey pidió audiencia para verlo y se presentó: “Su majestad, gracias por darme esta oportunidad. Tengo en mi mano un anillo que acompañó a varias generaciones de mi familia. Mi padre me lo dio al morir, mi abuelo a él, y así… Es sencillo y humilde pero creo que puede ser lo que precisa”.

“Tiene tres palabras talladas que son la clave de su eficacia”, añadió.

El rey lo tomo en sus manos, era un anillo muy modesto, de bronce, gastado por el tiempo, las palabras estaban borrosas, pero cuando pudo entenderlas, apretó fuerte el anillo con sus manos, rompió en llanto y abrazo al campesino.

“Esto es exactamente lo que estaba buscando”, exclamó.

El anillo decía: ESTO TAMBIEN PASARÁ

Este sencillo cuento esconde una de las cuestiones primordiales de nuestra existencia.

No me animo a decirles que todo va a andar bien, como a veces les decimos a nuestros hijos antes de ir al doctor, no todo sale de maravillas en la vida, también hay sufrimiento.

Pero sí me animo a decirles que de acá aprenderemos y que cuando pase el tiempo esto no va a doler tanto.

Pongan el foco en lo que SI pueden hacer en lugar de mirar todo lo que no

Es difícil, claro que es difícil.

dia de los abuelos

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Segundo año de pandemia y egresados 2021

Hace unos días un grupo de egresados 2021 me decía que no quieren ninguna de las fiestas que los padres les ofrecen porque desde que la que tenían planeada, ya no va a poder ser por la pandemia.

Creo que los convencí que acepten y elijan dentro de lo que SI pueden porque lo más importante es juntarse, festejar como se pueda y llorar juntos por la alegría de terminar y el susto de lo porvenir.

No se pierdan la oportunidad de estar juntos, no se peleen con la realidad porque van a perder ustedes

Los invito tan solo a un cambio de letra; en lugar de rebelarse, revélense a ustedes mismos el camino de su propia historia, pueden hacerlo si pierden el miedo. Les digo siempre que la pasión está intacta dentro de cada uno de ustedes, no dejen de buscarla, se los pido.

Así de sencillo, así de complejo. ¡Difícil, pero no imposible!

cuarentena peleas hogareñas

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Y para el final, un pasaje de mi libro “No huyo, solo vuelo”

“La vida no es justa. Es mucho más de lo que parece, mucho más que tu bronca. Podés llorar, patalear, escribir al cabo de unos años en tu diario íntimo que tuviste mala suerte, que la vida es injusta…​

Tal vez tengas razón, la vida no es justa. Pero yo, como papá, trataré de hacer lo mejor que pueda. Y esta vez es ‘No’.​ Aunque te duela, aunque te enojes, para cuidarte

Para que entiendas que las cosas en la vida no se consiguen a los gritos ni pataleando ni amenazando. Esta vez, amado hijo, es ‘No’.​

  • Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​

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