Erotización temprana: los riesgos de separar mente y cuerpo en la adolescencia

“Me gusta, pero no entiendo nada…” Breve y clara descripción de un niño de 12 años, contando sus sensaciones después de mirar videos pornográficos. Así comienza hoy, muchas veces, el ingreso a la sexualidad de nuestros chicos, empalagados de sensaciones a las que no pueden poner palabras, porque su cuerpo está preparado, pero sus cabecitas no.

Los tiempos son particulares, contradictorios: los chicos suelen quedarse en lugares de los que debieran salir para crecer y entran temprano a situaciones para las que aún no están preparados. Empacho de erotismo que no pueden decodificar.

El avance tecnológico y su incorporación a la vida cotidiana son estímulos que impactan en la subjetividad de los jóvenes generando altos niveles de exposición personal. Las redes sociales se convierten en espacios de interacción muchas veces indiscriminadas, y allí desnudan cuerpos y almas. La posibilidad de compartir experiencias pareciera no tener límites.

En tiempos de vértigo virtual, los procesos son abolidos por la ansiedad de la concreción inmediata

En estos tiempos, los adolescentes suelen dar comienzo a su sexualidad de manera activa a menudo antes que su psiquismo esté listo, y es tarea de los adultos ayudarlos a sincronizar hormonas y tiempos saludables desde lo emocional.

Videos íntimos de adolescentes circulando en la web, embarazos no deseados, trastornos de la imagen y esquema corporal, mundos afectivos pobres, son algunas de las consecuencias.

La relación entre los vínculos líquidos, efímeros, el uso de la tecnología y el trampolín hacia una sexualidad absolutamente despersonalizada y a menudo carente de sensaciones genuinas es un problema clave en la clínica de adolescentes, hombres y mujeres.

El inicio de las distintas fases del desarrollo se acelera demorándose de manera preocupante la salida de los últimos estadios. La de la adolescencia se demora y se estira cada vez más, los procesos de crecimiento, armado de proyectos económico-afectivos, y demás anclajes en el mundo adulto se corren y dificultan.

Cuando el apuro desatiende el propio ritmo

Una anécdota viene al caso… En estos días tuve la suerte de viajar y dar una serie de conferencias en la provincia de Rio Negro, Argentina. Tras una ardua jornada de trabajo, compartí un buen rato con Carlos, buzo profesional, profe de educación física de una de las escuelas en las que di charlas y un gran tipo.

Me contaba, y les cuento; los buzos, cuando se sumergen a profundidades amplias, deben cuidar, por su salud, la velocidad con la que vuelven a la superficie. El nitrógeno que entra al organismo en aguas profundas, por la presión misma, se licua con la sangre. Un brusco pasaje y regreso a la superficie sin la despresurización adecuada puede generar que el nitrógeno pase a estado gaseoso abruptamente, con peligros varios para la persona.

Es decir: el ascenso debe ser gradual, con paradas entre una altura y otra, y la referencia que les dan a los buzos en su formación es que visualicen un conjunto de burbujas de agua, y no vayan más rápido que ellas en el ascenso…

Me pareció una bella imagen para pensar en el crecimiento de los hijos, y en la función de acompañamiento que nos cabe. Cuando son pequeños, el ritmo de la burbuja lo marcaremos los adultos; a medida que crecen, tendrán su propio metrónomo, pero hay algunas cuestiones, y la sexualidad es una de ellas, en las que debemos estar atentos y acompañar, guiar, alivianar cuando van demasiado rápido, no incentivar a que se apuren.

En tiempos de vértigo e hipererotización, ayudemos y sostengamos a nuestros niños para que no den pasos más largos que los que sus pies permitan

Dicho de otra manera, la ansiedad de muchos padres para ver concretada una genitalidad plena y efectiva (en sus hijos varones sobretodo) hizo que en otras épocas impulsaran el debut sexual de sus niños con prostitutas. Hoy día, el vértigo y la hipererotización han hecho lo suyo, de manera tan tóxica como esas viejas costumbres.

El tiempo de la burbuja debe ser (y me autorizo como profesional y como padre) el de lo posible, el de empastar cuerpo y mente para que el encuentro sexual sea entre dos personas y no entre dos cuerpos que solamente conectan desde lo hormonal, a veces casi animalmente.

Demos referencias claras, lo digo siempre. Los chicos dan señales, preguntan, y necesitan que desde las funciones paterno y materna dejemos mojones a la vera del camino para que sean verdaderos dueños de sus historias y no repliquen lo que lo tiempos de la coyuntura marcan.

Que no den pasos más largos que los que sus pies permitan, que no crezcan más rápido que lo que la burbuja marca como compás…

 

Por Alejandro Schujman, psicólogo especialista en adolescentes. Autor del libro Generación Ni Ni y coautor del libro Herramientas para padres. Autor del espacio Escuela para Padres en Buena Vibra.

 

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