“Evitar una muerte también es salvar vidas”: carta abierta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva

El Comité de Neumonología Crítica compartió esta mañana una carta abierta a los argentinos.

A esta altura, con la experiencia de China, de Italia, de España, de Irán a la vista, creemos que ningún documento que pueda escribirse puede sobreestimar el problema que se avecina y ser tildado de alarmista.

Lo que intentamos es un llamado urgente a tomar conciencia de que estamos ante una de esas catástrofes que la humanidad ha visto pocas veces en su historia y quedará en nuestro recuerdo por siempre.

Al momento de escribir estas líneas, llevamos 173.000 infectados confirmados (probablemente el número de pacientes sintomáticos no confirmados y de infectados asintomáticos sea de muchos millones), ya tenemos más de 6000 muertos y otros tantos están gravemente enfermos internados en unidades de cuidados intensivos.

Siendo todos susceptibles a una enfermedad nueva, al menos potencialmente, podemos terminar enfermándonos todos. Salvo que compremos tiempo hasta que alguna de las vacunas en fase de desarrollo esté disponible y podamos inmunizarnos.

Pero mientras tanto, además de enfermarnos, muchos vamos a morirnos. Algunas de esas muertes van a ser inevitables porque la enfermedad va a ser de una gravedad extrema. Sin embargo, muchas otras van a ocurrir pudiendo ser evitadas. ¿Por qué? Porque el sistema estará saturado y no vamos a estar en condiciones de darles a esos pacientes la mejor atención. Y a algunos de ellos es probable que no podamos darles ninguna.

La saturación del sistema depende de la relación entre las necesidades de atención y los recursos necesarios para brindarla. Los médicos sacaremos recursos de lugares impensados (en Italia hay traumatólogos manejando respiradores, algo tan aberrante en épocas normales como poner a un intensivista a operar una columna vertebral) pero, aun así, no lograremos incrementar nuestra capacidad en más de un 20 o 30%. Sobre lo que podemos tener un enorme impacto es en reducir la demanda, no necesariamente disminuyendo el número de casos, sino distribuyéndolos en el tiempo. Lo que técnicamente se llama “aplanar la curva”.

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Conocemos solamente dos mecanismos capaces de aplanar la curva: el aislamiento de los infectados y la limitación de la movilidad social. Esto puede verse con mucha claridad en una serie de animaciones publicadas por el Washington Post. Entenderá lo que hay que entender: la inmovilidad social (evitar reuniones y contactos) tiene un efecto aún más potente que aislar a los infectados.
No sabemos a qué se dedica. Tal vez, por su profesión, nunca haya pensado que tenía posibilidad de salvar una vida.

Créanos: una situación como ésta lo cambia todo. Corea tenía la situación controlada: 30 pacientes en aislamiento. Pero la paciente #31, de camino a su cuarentena, tomó un taxi, fue a comer con una amiga al restaurante de un hotel y fue a una misa. Esto produjo un estallido en el número de casos que puso a Corea en los primeros lugares en números de casos por millón de habitantes. El análisis epidemiológico muestra que miles de infectados y 60 muertos se contagiaron a partir del caso #31 y nunca hubieran ocurrido si la conducta de esta paciente hubiera sido otra. ¿Evitar una muerte no es también salvar una vida?

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Necesitamos que siga las recomendaciones emitidas por las autoridades de salud al pie de la letra. Necesitamos que se cuide. Necesitamos que nos ayude a cuidarlo. Pero recuerde que no se trata sólo de usted. Lo que usted haga tiene un impacto social potencialmente enorme.

  • Comité de Neumonología Crítica. Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

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