Sexualidad femenina después de los 40: por qué decae y qué hacer

Los cambios asociados con la menopausia provocan un antes y un después en la vida sexual, pero hay muchos mitos que desterrar.

Las experiencias y las etapas de la vida influyen en la sexualidad. Así como el cuerpo y el mundo interno cambian, ya sea por factores biológicos, psicológicos, socioculturales, también la vida sexual acompaña estas modificaciones. Sin embargo, a medida que pasan los años creemos que las causas biológicas son las que llevan las de ganar en este proceso de envejecimiento. Los cambios asociados con la menopausia provocan un antes y un después en la vida sexual, sin embargo ¿cuánto hay de cierto en que la pérdida de la menstruación y los cambios hormonales son las que causan los efectos negativos?

Un estudio publicado en Suiza (Departamento de psicología y psicoterapia de la Universidad de Zúrich) en el año 2019 analiza los predictores más influyentes en la sexualidad femenina después de los cuarenta teniendo en cuenta diferentes factores. Uno de ellos es que la edad y la menopausia son factores que actúan en forma negativa, sin embargo, la baja de hormonas no es la causa principal de los problemas sexuales sino el estado psicológico e interpersonal, incluyendo la calidad en la relación de pareja.

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Sexualidad y envejecimiento

El aumento de la expectativa de vida sigue siendo motivo de investigaciones, tratamientos y recomendaciones para que el cuerpo y el estado de ánimo se acompañen mutuamente en el recorrido de los años. Sin embargo, con el tema de la sexualidad existen muchos mitos que atribuyen el estado de plenitud a la juventud y la subestiman en edades más avanzadas. Es más, el mito de que nuestros mayores ya no tienen vida sexual, sigue siendo una creencia aún prevalente.

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud, la salud sexual es “un estado de bienestar físico, emocional, mental y social, y no meramente a la ausencia de enfermedad, disfunción o dolencia”. Históricamente se consideró que la respuesta sexual humana no difiere entre hombres y mujeres (Masters y Johnson, 1966), sin embargo, investigaciones posteriores como las de Rosemary Basson (2001) indican que la respuesta femenina no es lineal como en los hombres (deseo, erección, coito, eyaculación) sino que necesita del contacto físico, la intimidad, el erotismo, para encender el deseo.

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La sexualidad de las mujeres puede experimentar cambios a lo largo de la vida, sobre todo los asociados a la reproducción y en la transición a la menopausia. El deterioro de la función sexual en las mujeres está asociado con la edad, como revela otro estudio de 2004 que analizó a más de 14.000 mujeres en edades comprendidas entre los 40 y los 80 años en 29 países (Grupo de Investigadores del Estudio Global de Actitudes y Comportamientos Sexuales).

Un 65 % de estas mujeres informaron haber tenido actividad sexual durante el último año y en un 38 % la frecuencia era de 1 vez por semana. La disfunción sexual más prevalente en mujeres de mediana edad y ancianas fue la falta de interés sexual (21%), seguida de la incapacidad para alcanzar el orgasmo (16%) y dificultades de lubricación (16%), ausencia de placer durante el coito (15%), y dolor durante el coito (10%). Se detectó un patrón de edad determinante, con mayores tasas de prevalencia a mayor edad.

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¿Cuáles son las causas?

Como decía antes citando al estudio suizo de 2019, la creencia de que los cambios biológicos o físicos son la causa de los problemas sexuales que trae la edad se ha llevado todas las de ganar, con las implicancias que eso conlleva, por ejemplo: creer que es irreversible o naturalizar el problema. No existe un único factor interviniente, por lo menos son tres: factores biológicos, psicológicos e interpersonales.

  • Causas biológicas: la disminución de estradiol en la transición menopáusica puede contribuir a la sequedad y atrofia de la mucosa vaginal, así como la disminución de testosterona puede bajar el deseo y la motivación. Sin embargo, los estudios no son concluyentes y no existe evidencia suficiente de que este sea el factor principal.
  • Factores psicológicos: Se ha demostrado que la satisfacción con la vida en general, la valoración personal, los rasgos de extraversión y el optimismo, son aspectos fundamentales para mantener una salud sexual plena. Los trastornos psiquiátricos como la depresión y los trastornos de ansiedad actúan negativamente. En lo que respecta a la autoestima se examinan seis aspectos diferentes: autoestima emocional, habilidades sociales, confianza social, autoestima relacionada con el logro, atractivo físico y deportividad.
  • Factores interpersonales: se refiere las relaciones interpersonales y a la vida en pareja. Las mujeres que están en pareja mantienen una vida sexual más activa que las que no lo están, además sienten más satisfacción sexual cuando sus parejas son más comunicativas y afectuosas y apoyan sus proyectos individuales.

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Por los datos que revela este estudio, los cambios negativos en la sexualidad a medida que las mujeres envejecen se deben en primer término a cuestiones de índole psicológica e interpersonal (social y de pareja) más que a factores hormonales, que, si bien intervienen, no son la causa principal en esta etapa de la vida.

Consejos para mantener el bienestar después de los 40

1) Desmitificar, romper con la creencia de que las hormonas rigen la vida sexual y de que su declinación es la causa principal de los problemas sexuales después de los cuarenta.
2) La vida sexual puede ser igual o más satisfactoria en la madurez de la vida, siempre y cuando se asuma como una grata responsabilidad a afrontar.
3) No quedarse en la insatisfacción, la inhibición, la queja, hay que buscar alternativas que nos saquen de esos estados.
4) Hay relaciones complicadas que no se cortan por miedo a la soledad, por costumbre, por no saber cómo afrontar la vida post separación o por los hijos. La insatisfacción y el conflicto crónico influyen en la sexualidad madura.
5) El estilo de vida es fundamental: vida social, ejercicio físico, actividades placenteras, alimentación, bajo estrés, etc.
6) El autoconocimiento ayuda a la liberación de inhibiciones, a conocer el cuerpo y las sensaciones que el erotismo despierta, a saber qué pedir a la pareja.
7) El erotismo es una experiencia que se aprende por el propio conocimiento y por la conexión con la otra persona. Es “un ida y vuelta”, una interacción en la que ambos se gratifican y aprenden. No dar por supuesto que el otro debe saber qué hacer.
8) La comunicación es fundamental: verbal, gestual, corporal, emocional. Toda conducta comunica.
9) Cuando surge insatisfacción o problemas sexuales hay animarse a hablar. Lo que no se habla se transforma en malestar.
10) No dejar que la relación se vuelva monótona, proponer cambios, variantes.

  • Por Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

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