“Me duele el alma”: carta abierta de una maestra al pueblo argentino

Yohanna Fuks, la maestra que le escribió a Messi cuando quiso dejar la Selección, envió a Buena Vibra una carta sobre la explosión en la escuela de Moreno. Para pensar y actuar.

Se me olvidan los modales y el correcto vocabulario cuando la muerte azota a la educación pública de la peor manera, a través del abandono.

Hoy dos personas fueron asesinadas. No fue un accidente, fue el abandono del Estado que viene desde hace décadas denigrando y manoseando la dignidad de los maestros.

Funcionarios de todos los colores y cargos, que ponen tiempo, plata y la cara fresca a los medios para montar campañas de desprestigio hacia los docentes, pero se ocultan como comadrejas en árbol hueco cuando las bombas de humo se esfuman en medio del horror real de trabajadores que mueren bajo la responsabilidad y el incumplimiento del trabajo de los que cobran 15 sueldos de uno de esos, de guardapolvo, que intentan siempre desaprobar.

A estos dos trabajadores no los mató una fuga de gas. Los mató un Estado ausente o presente de manera corrupta. Los mató cualquiera que pudiendo arreglar esos caños rotos prefirió delegar culpas y pasar pelotas de un escritorio a otro mientras dos familias lloran a sus seres queridos que dejaron la vida en esa escuela.

Pero también los mataron todos los que forman parte de esa sociedad careta e hipócrita, llena de contradicciones, en la que hoy se lamentan por esta “tragedia” pero mañana te tildan de vago por negarte a dar clases en un edificio sin agua, sin baños o con paredes electrificadas.

Los mataron los que confunden la institución educativa con una guardería gratuita que no importa en qué condiciones esté, basta que sea funcional a la organización de mi rutina.

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Los mataron los que ya se olvidaron de Vanesa, que murió a manos de un abusador que fue delatado; los que olvidaron a los miles que mueren en rutas destruidas y peligrosas mientras luchan a cualquier costo para llegar a su trabajo; los que olvidaron a Fuentealba y a cada maestro agredido en represiones en este momento y en muchos otros; los que ponen énfasis en las pérdidas dependiendo de qué partido esté gobernando y tratan de sacar beneficio político en medio de algo tan incomparable en dolor como es la muerte de quién amamos.

Nos seguirán matando si seguimos acostumbrados a sindicalistas que no nos representan pero que nos mantienen ahí, resignados a su perpetuidad en el poder que nosotros les otorgamos.

Nos seguirán matando si seguimos acostumbrados a la inseguridad y el miedo ingresando a algunas zonas a dar clases, si seguimos acostumbrados a la opinión mediocre y sin fundamentos de cualquier “fantasma” que se cree capaz de desmerecer nuestra tarea y luego responsabilizarnos de una barbarie en crecida en cada punto de una sociedad empobrecida, no de materialismo sino de humanidad.

Me duele el alma al ver un pueblo que les ha creído, a unos y a otros. A todos los que vienen desfilando desde hace años, poniendo padres contra educadores, para seguir ganando terreno en una ciudadanía que observe y critique más a un maestro de escuela que a un funcionario que juró servir al pueblo mientras destruye lo más valioso para enriquecernos, que es la educación en el país.

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