Del vacío al deseo: el descanso como oportunidad para padres e hijos

Las vacaciones regalan condiciones –pausa, cambio- para que los chicos crezcan de manera diferente a como lo hacen durante el período escolar. Los niños y adolescentes rescatan una esperada ausencia de rutinas, y recuperan dos pilares de su maduración: el descanso y el aburrimiento.

El descanso colabora reduciendo las pérdidas energéticas, con lo que una gran mayoría consigue aumentar de peso y talla durante los meses del verano. El cuerpo se viste con mayor ligereza, el agua refresca en todos los sentidos, y desaparecen los desafíos del frío y de las enfermedades graves.

La falta de obligaciones estimula su desarrollo, confirmando una de las mejores recetas para la salud infantil: mezclar porciones iguales de libertad, de reposo y de creatividad.

Son muchos los padres que ante el vacío del verano se preguntan ¿Y ahora, qué hacemos con los chicos?, como si fueran una incómoda tarea a resolver. Les preocupan los horarios caóticos -en especial en adolescentes-, el desorden alimentario y que se aburran.

Pero es justamente el aburrimiento el mejor estímulo neuronal disponible para que los chicos crezcan. Lejos de significar una pérdida de tiempo, el aburrimiento abre espacios de creación que pueden ser llenados con autoría y protagonismo.

el aburrimiento abre espacios de creación que pueden ser llenados con autoría y protagonismo

Al enfrentar territorios aparentemente vacíos (baldíos), muchos logran despertar una capacidad habitualmente amortiguada por las rutinas: la iniciativa. Los chicos recuperan sus tiempos, sus argumentos y los roles que quiere y puede jugar cada uno.

padre e hijo ipad

El ocio les demanda imaginación para crear algo por demás trascendente en la infancia: el juego. Jugar con el cuerpo, en espacios abiertos y con otros. Jugar y reconocer límites, esperando el turno, compitiendo con iguales y aprendiendo a perder. Conocer y conocerse como en ningún otro ámbito.

Para ello es indispensable que los padres también toleren aburrirse y vuelvan ellos mismos a jugar, utilizando con astucia el tiempo ocioso del verano.

Las vacaciones permiten encuentros irrepetibles. Maravillosos escenarios para descubrir rincones de diversión y entretenimiento. En la web o en el patio; en el río o en Google, tanto grandes y chicos pueden re-conocerse y re-elegirse.

El uso de la tecnología actual es amplio. No se limita a ser pasivos espectadores sino que permite recorrer paisajes, historias, museos y lugares exóticos. Más que combatir el uso de pantallas en los chicos convendría compartirlas. Una tarea estimulante y a la vez integradora para padres desconcertados en el reclamo de que sus hijos apaguen los celulares.

Más que combatir el uso de pantallas en los chicos convendría compartirlas

El mejor tour del verano sería pensar en un paseo junto a los hijos por lugares de creatividad y de ingenio.

Despojados de la indumentaria y los estereotipos escolares, la mayoría de los chicos mostrará su mejor versión; más cerca de sus propios deseos que de aquellos impuestos por las obligaciones esperables para cada edad.

mindfulness

Los hábiles, los ingeniosos, los sagaces, los certeros, tendrán mayor oportunidad, durante el lento transcurrir del verano, de mostrarse y ser descubiertos.

Los líderes, los apasionados, los artistas y los poetas dejarán de ocultarse tras las formas iguales y repetidas que impone la uniformidad habitual. Bastará con espejar su imagen para ayudarlos a ser.

Los tímidos y los retraídos tendrán sus oportunidades. Tal vez no de cambiar, sí de sorprendernos.

El verano puede ser un buen momento para reconocer la singularidad de cada hijo, de cada nieto, sobrino o ahijado. Para que cuando retomen la educación formal todos recuerden quiénes son en realidad.

Y a la hora de elegir, su deseo se transforme en proyecto; y el proyecto en camino.
Porque en tiempos de apuro y definiciones inciertas, los proyectos y los caminos construyen salud; una palabra latina con dos significados reveladores: salus, “superar un obstáculo” y salvatio, “salvación”.

Por: Enrique Orschanski. Médico pediatra. Especialista en infancia y familia. Autor del libro Pensar la infancia, y coautor con la psicopedagoga Liliana González de los libros Cre-cimientos (2011) y Estación Infancias (2013)

 

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