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Por qué atrae tanto la astrología y cómo se relacionan con ella hombres y mujeres

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Muchos conocemos la astrología por los horóscopos pero muy pocos la hemos estudiado para saber en profundidad de qué se trata. Popularmente, llegamos a ella a través de los oráculos de revistas y diarios, todas nos hemos divertido leyendo las predicciones semanales en un raro juego de escepticismo y secreto anhelo de que algo en esas palabras “acierte” o descubra nuestro destino. Desde esta mirada lúdica y superficial, solemos desconocer su potencial: la Astrología es una herramienta preciosa y aún no hemos descubierto cómo utilizarla correctamente, somos como “cavernícolas ante una nave espacial”.

A las mujeres suelen llamarnos “brujas” haciendo referencia a ese “algo” que existe en nuestro género y que tiende a percibir a las personas más allá de lo racionalmente demostrable. No es raro que el mundo astrológico esté colmado de mujeres, nos interesa, nos divierte, nos intriga. Muchas nos hemos hecho Cartas Natales o nos encantaría hacerla y nos hemos animado a dedicarle más tiempo y estudiarla.

El aprendizaje de la Astrología se transforma, entonces, en un maravilloso y complejo viaje hacia nosotras mismas y hacia la comprensión más integral y menos prejuiciosa de nuestra vida y de nuestros vínculos.

 

Cosa de chicas

En el mundo moderno, nuestra cultura esta formateada por hombres. La historia, las leyes y las religiones, especialmente, han sido escritas por ellos. Realmente hay que poner mucho entusiasmo y corazón de parte nuestra para sentirnos merecedoras de una genuina percepción espiritual o para reconocer nuestro propio poder místico.

Por el contrario, es altísima la cantidad de mujeres que nos acercamos a la Astrología. Y allí, nuestro cuerpo cíclico entra en sintonía con lo que esta disciplina nos propone. Ella nos acerca a una forma de entender el mundo receptivo a los ciclos de la tierra y percibe diferentes climas estacionales que originan heterogéneas personalidades según el momento de la tierra en que uno nació. La percepción que aporta a nuestras vidas la Astrología se convierte en una nueva una forma de religión pues nos “religa” con lo que somos: pedacitos de big bang, pedacitos de estrellas.

La religión tradicional en la que muchas de nosotras hemos sido educadas, comienza en verdad con tres astrólogos, los reyes magos que, siguiendo una estrella que anunciaba la llegada del hijo de Dios, cruzaron el desierto; hombres que miraban al cielo buscando allí las respuestas divinas y la confirmación de aquello que en él se predecía. De hecho, el 6 de enero se festeja el “Día del Astrólogo”.

 

¿Cosa de chicos?

Por su parte, los varones –mayormente educados en el logro, el esfuerzo y otras cualidades que requieren minimizar la sensibilidad- suelen darse menos permiso para adentrarse en estos lenguajes esotéricos.

Por suerte, son cada vez más los hombres que se permiten abrirse a estas misteriosas expresiones simbólicas para iniciarse ellos también en esta exquisita búsqueda.

La información que surge investigando en astrología siempre nos conecta –tanto a varones como a mujeres- con nuestra esencia celestial, con el alma espiritual que nos habita.

La Astrología está ligada a nosotros desde el comienzo de la humanidad y entender que nos conecta con una vida más amorosa, religiosa y considerada es esencial. Además, nos aleja de dogmas y de culpas, nos pone en contacto con nuestro nombre celestial, nos recuerda quienes somos sin culpas ni pecados, estimula nuestros potenciales y nos da permiso para ser más genuinas y creativas. Por todo esto nos atrae tanto, y nos regala tantos momentos lindos a todas (y todos).

 

Por Beatriz Leveratto.

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