Ladybird o la película que toda madre de una adolescente debería ver

Con sentido del humor y perspicacia, el filme de Greta Gerwig narra la relación entre una madre y su hija adolescente

“Quiero que seas la mejor versión de vos que puedas ser”, responde una madre cuando su hija adolescente le pregunta si le cae bien.“¿Qué pasa si esto es lo mejor?”, responde con angustia y perspicacia la persona en formación. Porque eso es una adolescente: una persona en proceso, alguien que quiere ser pero no sabe qué. Y justamente, es esto último lo que madre e hija no logran comprender hasta el final de Ladybird, la última película de Greta Gerwig.

El filme narra la particular relación entre Christine -quien se llama a sí misma Ladybird- una adolescente en toda regla con su madre, una mujer que trabaja dos turnos en un hospital psiquiátrico para hacer frente a los problemas económicos causados por el despido de su marido.

Más allá de las diferencias que uno pueda tener con los personajes, e incluso cuando nuestra propia historia no coincida en lo más mínimo con la narrada por Gerwig, como mujer es muy difícil no sentirse identificada con la relación madre e hija que vemos en pantalla.

Las formas de la madre evidencian una distancia emocional y un rechazo manifiesto que podrían destrozar el autoestima de Narciso.

Malcriada, malagradecida, egocéntrica, insegura, rebelde y cabeza dura, Ladybird resulta desagradable al principio de la película, cuando es más fácil sentir empatía por el personaje materno quien, a pesar de sus falencias, genuinamente busca lo mejor para su hija. Sin embargo, las formas de la madre no siempre son las mejores: evidencian una distancia emocional y un rechazo manifiesto que podrían destrozar el autoestima de Narciso.

Pero Ladybird a pesar de su indiferencia adolescente sigue buscando la aprobación materna y la madre más allá de sentir distancia de la persona en que se ha convertido su hija, la ama. Es que el vínculo filial entre mujeres encierra un universo de contradicciones, especialmente durante la pubertad, muy difícil de poner en palabras. 

La pubertad es un proceso a través del cual nos separamos de las expectativas que tienen nuestros padres sobre nosotros para encontrar nuestro propio camino. Esta intención de parecernos lo menos posible a ellos puede resultar devastadora para algunos adultos que luchan por comprender que es solo una face.

Pero más allá de la resistencia de nuestros padres, todos debemos atravesar este proceso para descubrir quiénes somos y cómo queremos vincularnos con el mundo que nos rodea. Y ese es el mensaje fundamental de película: la relación entre madre e hija durante la adolescencia es conflictiva y, en la mayoría de los casos, simplemente tenemos que dejar que el tiempo haga lo suyo.

Ladybird es el debut como directora de Greta Gerwig y obtuvo cinco nominaciones a los premios Oscar, entre ellos mejor película y mejor actriz. Si bien no se llevó ninguna estatuilla, la película es justo lo que toda madre de adolescente debería ver para poner perspectiva y un poco de humor al vínculo filial.

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