Alan, el jóven con Síndrome de Down al que no le querían dar el título secundario

Alan Rodríguez, un joven de 23 años con síndrome de Down, fue a la misma escuela desde los 3 años, cursando la primaria y la secundaria con un proyecto pedagógico individual. Año tras año fue alcanzando los objetivos planteados en dicho instrumento con excelentes calificaciones.

Alan terminó el colegio secundario en el 2013 e inició una causa judicial luego de que el Ministerio de Educación porteño se negara a darle el título alegando que había cursado en una currícula adaptada y que, por esta razón, no había alcanzado los conocimientos mínimos indispensables.

Con fecha 24 de octubre de 2016, el Juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario N° 1 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reconoció su derecho a la educación inclusiva y ordenó a la escuela y al Ministerio de Educación la entrega y legalización de su título. Para así resolver, el Poder Judicial aplicó la Convención sobre Derechos de Personas con Discapacidad, que obliga a los Estados que la suscriben a garantizar sistemas educativos inclusivos.

En particular, la jueza de la causa destacó que “el derecho a la educación inclusiva sin discriminación exige que la enseñanza escolar a los alumnos con discapacidad sea brindada en igualdad de condiciones” y que “en igualdad de condiciones con los demás no es equivalente a idénticas condiciones de evaluación en el sentido de los mismos contenidos para unos y otros”, sino que implica que a cada alumno/a se le exija alcanzar “los objetivos que -desde lo institucional- se plantearon para él o ella. Para el caso de los alumnos que cuentan con un proyecto pedagógico individual, como el actor, el alcance de los objetivos allí fijados”.

Después de cuatro años de haber egresado, Alan tiene el mismo título que quienes estudiaron con él, y con ello logró superar una barrera que se oponía a su inclusión en la comunidad.

Durante la etapa de ejecución de la sentencia, surgieron discusiones relativas a la forma en la que el título debía ser confeccionado. La justicia finalmente decidió que fuera exactamente igual al de sus compañeros, dando un paso más en el reconocimiento de su derecho a la igualdad.

Fuente: Telam y Radio Mitre

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