Sobrevivir al nazismo y apostar a la vida: la admirable historia del padre de los Juegos Paralímpicos

Ludwig “Poppa” Guttman sintetizó las mejores virtudes del ser humano: tras superar agresiones y tormentos de los nazis, este médico alemán dedicó su vida a rehabilitar e integrar a las personas con discapacidad.

La competencia deportiva mundial para personas con discapacidades físicas, mentales o sensoriales reivindica las mejores facetas del ser humano: la solidaridad, la fraternidad y el enorme esfuerzo del ser humano por superar los dramas que, inevitablemente, nos plantea muchas veces nuestro tránsito vital. Por infinitas razones, los Juegos Paraolímpicos son un ejemplo y un verdadero canto a la vida.

Este maravilloso evento, que se lleva a cabo en forma ininterrumpida desde 1960, tiene origen en un ser extraordinario, una de esas figuras que la humanidad debería tomar como modelo de virtudes y constancia.

Ludwig GuttmanLudwig Guttman, médico y profesor alemán de origen judío, era considerado en 1933 como el más destacado neurocirujano de Alemania. Con la llegada al poder de los nazis, sufrió las brutales agresiones y discriminaciones antisemitas que concluirían pocos años después con el genocidio del Holocausto y los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Pese a su deseo de permanecer ejerciendo en su país y tras haber enfrentado a la dictadura nazi, Guttman logró salvar su vida huyendo a Inglaterra, donde continuó desarrollando sus investigaciones centradas en la rehabilitación de pacientes, en particular de lesiones en la médula espinal.

Su objetivo estaba centrado en integrar a los pacientes a la sociedad superando las consecuencias de las discapacidades que padecían. Para ello debió enfrentarse a quienes se oponían a dedicar recursos a esas personas, libradas por lo general a su propia suerte en aquellos tiempos.

Guttman valoraba especialmente los efectos benéficos del deporte, como actividad integradora y estimuladora de la rehabilitación física y psíquica de sus pacientes

Sobre esa base, propició la creación de juegos adecuados a las posibilidades de cada uno de ellos. Así logró en 1948 celebrar una primera competencia, en la cual participaron 16 pacientes, dos de ellas mujeres, coincidiendo con los Juegos Olímpicos realizados ese año en Londres.

Año tras año, siguió impulsando un movimiento equivalente al  olímpico dedicado a los deportistas con capacidades diferentes, y en 1951 estos nuevos Juegos incluyeron cuatro deportes y 126 participantes de once hospitales del Reino Unido.

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En 1952, las competencias adquirieron carácter internacional, y en la edición de 1959 participaron 20 países. Esa lucha incansable logró, desde 1960, que comenzaran a celebrarse conjuntamente con las Olimpíadas de Roma y se los considerara como los primeros Juegos Paralímpicos, aunque esa denominación recién se aprobase en 1984, pero reconociendo a los de Roma como el antecedente original de la competición.

Poppa Guttman  amaba a sus pacientes y lograba extraer lo mejor de ellos

Poppa Guttman, como lo llamaban, amaba a sus pacientes y lograba extraer lo mejor de ellos. Cientos de anécdotas nos hablan de ese personaje entrañable y ejemplar, alguien que -como Gandhi, Mandela o la Madre Teresa- nos muestra que todo es posible apelando a los sentimientos más nobles de las personas.

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En los actuales Juegos Paralímpicos de Río compiten más de 4300 deportistas de 176 países. Hermanados en su lucha contra la adversidad, seres de los más diversos orígenes, razas y religiones, nos señalan el camino a seguir, ese que con su espíritu indoblegable señaló el gran Poppa Guttman. Nuestro más profundo reconocimiento y admiración al padre de esta maravilla y cada uno de los deportistas que tanto nos enseñan.

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