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Volver visible lo invisible cambia la historia: la carta de Emilia y todo lo que merece ser contado

Compartimos una historia que ocurrió en Buenos Aires… Una historia que subió Emilia a su muro de Facebook, el día de San Valentín. Una historia que demuestra que el compromiso, el amor y la empatía pueden cambiar esas cosas que nos ponen tristes y nos quitan la esperanza de un futuro mejor.

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Me llamo Emilia, y siento que entre tanta cosa fea que nos aturde, hay cosas que merecen ser contadas… El 2 de septiembre del año pasado -con 22 años y un día-, estaba merendando con amigas. Las preocupaciones se reducían al “qué me pongo hoy a la noche” en la fiesta de cumple que había planeado bastante. Me tomé un bondi corriendo para llegar temprano a mi casa, bañarme e ir a la previa con mis amigas, todo muy “first world problems”.

Los trayectos a casa nunca son de lo más fácil, para muchos vivo algo lejos, en general dos bondis, subte y bondi, tren, o un taxi que te arranque la cabeza. En la “conexión” entre un colectivo y otro, en Belgrano, veo a un hombre que empieza a acosar a una mujer embarazada. Al principio pensé que estaban boludeando, pero el acoso se intensificó, escuché que él le sacó toda la plata de la billetera y que ella (Belén se llamaba) se puso a llorar y le decía a “Cristian” que se alejara y la dejara en paz. Ahí entendí que eran pareja, pero seguía sin cerrarme la situación.

Me molestó mucho que todos hicieran oídos sordos y que los del resto de la fila volvieran invisible la escena para sí mismos. Llegó el colectivo 184 y nos subimos todos, yo era de las primeras. Belén también subió, llorando, mientras Cristian (muy borracho) pagaba los boletos. Yo le pregunté si estaba bien, me dijo que no. Le dije si quería que hiciera algo, pero respondió no, y sólo alcancé a conseguirle un asiento. Pero no pude conmigo: me alejé de ella y llamé -para que no escuche- al 144, que es el número de Defensa de la Mujer.

Me atendieron rapidísimo y me dijeron que hable con el chofer para parar en puente Saavedra, donde iba a estar un patrullero esperando. Eso hicimos: todos los que viajabamos en ese colectivo intervinimos, como pudimos, tratando de sacar al hombre de encima de la chica (yo incluso me ligué un porrazo, pero no me dolió).

El tipo cada vez se violentaba más, también le pegó a otra chica y agredía a todos los que trataban de frenarlo… Una situación horrenda. Por último, pudieron bajarlo del colectivo junto con algunos que fuimos de testigo. Nos tomaron los datos y contamos la situación.

Al rato, nuestra presencia era ya bastante inútil, y entonces me fui tras dejarle mi número de celular a Belén, por cualquier cosa. Otra pareja se quedó un rato más. Por mucho tiempo me quedó la inquietud de qué habría pasado con ellal

Ayer, 14 de febrero, me llegó un llamado de un número desconocido: “Hola Emilia, soy Belén, la embarazada del 184 […] Me gustaría juntarme con vos […]. No te asustes, quería agradecerte todo lo que hiciste por mí (y a los demás pasajeros también), por ayudarme aquella vez, y también te quiero presentar a Lautaro”.

Hoy nos juntamos a tomar un café. Lautaro es precioso, y me contó que se hizo justicia (no me quiso contar muy bien de qué se trataba eso, pero no importa…). Ella estaba feliz. Yo también.

Ojalá alguno de los que estaban en ese bondi puedan leer ésto alguna vez. Belén y yo les agradecemos mucho. Sigamos teniendo fe en la humanidad. Personas como las del 184 andan por todos lados.

Un año después, acá estoy. De nuevo con mi sonrisa de “feliz cumpleaños”.

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