Cómo cocinar el arroz para que engorde muchísimo menos

Una nueva forma de cocinarlo puede reducir las calorías hasta en un 50%.

El arroz es una de las comidas más consumidas del mundo, y el segundo cereal con mayor producción de la Tierra, sólo superado por el maíz. Se trata del alimento básico en Asia y gran parte de América Latina y se encuentra en el menú cotidiano de muchos otros lugares. Su valor es indiscutible, pero es importante saber algunas cosas.

El arroz es un alimento esencial, pues contribuye de forma efectiva al aporte calórico de la dieta, pero, precisamente por esto, puede causar problemas en las sedentarias sociedades contemporáneas si se consume en exceso.

En particular, el consumo continuado de arroz blanco aumenta el riesgo de padecer diabetes y, además, engorda de lo lindo. Una taza de arroz cocido aporta 200 calorías, la mayoría de ellas procedentes del almidón que se transforma en azúcar y después se acumula en el cuerpo en forma de grasa.

Como ocurre con todas las comidas, el método de cocción cambia las propiedades nutricionales del arroz. Parece que este cereal sólo puede cocinarse de una forma, pero no es del todo cierto

El tipo de almidón de los cereales cambia en función de la especie y sus variedades, pero también de cómo se cocinan

Sudhair James, un estudiante del Colegio de Ciencias Químicas de Sri Lanka, ha presentado en la convención nacional de la American Chemical Society, una nueva forma de cocinar el arroz que puede reducir las calorías hasta en un 50%.

“Lo que hicimos fue cocer el arroz de forma normal, pero cuando el agua estaba hirviendo, antes de añadir éste, echamos aceite de coco, en torno al 3% del peso del arroz que íbamos a cocinar”, explico James. “Cuando estuvo listo, dejamos que se enfriara en la heladera durante 12 horas. Eso es todo”.

Cómo cocinar el arroz para que engorde muchísimo menos

La clave está en el almidón

¿Por qué engorda menos el arroz tras pasar por la heladera? La clave, tal como explicó James en la convención, reside en el tipo de almidón que consumimos. Hay dos clases principales de almidones: el digerible, que se procesa muy rápidamente en nuestro estómago y se transforma enseguida en glucosa (y acaba generando grasa corporal), y el resistente, que se tarda más en digerir y no se convierte del todo en glucosa, por lo que aporta menos calorías.

El tipo de almidón de los cereales cambia en función de la especie y sus variedades, pero también de cómo se cocinan. Las papas, por ejemplo, tienen almidón resistente en crudo, pero en cuanto se cocinan este se convierte en digerible. Y el arroz frito o cocinado al estilo pilaf tiene una mayor proporción de almidones resistentes que cuando está cocinado hervido o al vapor.

“Si consigues reducir el almidón digerible en el arroz hervido, puedes mitigar sus calorías”, explicó el doctor Pushparajah Thavarajah, profesor de James y supervisor de su investigación. “El impacto podría ser grande”

Sabiendo esto, los científicos probaron 8 recetas distintas con 38 variedades distintas de arroz de Sri Lanka y descubrieron que basta añadir un lípido –ellos usaron aceite de coco, porque es la habitual en su país, pero el método debería funcionar con cualquier otro tipo de aceite– y enfriar el arroz inmediatamente para que la composición de éste cambie de forma notable.

“El aceite interactúa con el almidón del arroz y cambia su estructura”, explica James. “Enfriar el arroz después favorece la transformación del almidón. El resultado es un plato más sano, aunque lo vuelvas a calentar”.

La reducción de calorías que se logra con este método varia en función del tipo de arroz, desde el 10% que se logra con el tipo de arroz con el peor almidón, al 50 o 60% del arroz con el almidón más resistente.

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