Tecnología

“La web es una aliada ideal para hackear la política tradicional”

COMPARTIR

“Las herramientas de este siglo nos deben servir para hackear los modos de operar de la democracia tradicional. Para ello, es necesario entender y usar las posibilidades de participación que dan las redes sociales”. Santiago Siri, joven pionero en interpretar la tecnología, provoca de entrada. Y asegura que “solo es posible una buena democracia con buenos ciudadanos”. Autor del libro “Hacktivismo”, habló con Buena Vibra sobre una obra que es un manifiesto revelador (e inspirador) sobre la participación política desde las redes sociales y sobre el cambio que esa participación podría generar en el paradigma social actual.

Santiago deja claro que, para él, el cambio no solo es deseable, sino que es ineludible. La cuestión es qué hacemos con él, desde dónde nos aproximamos a ese nuevo paradigma, que también y a pasos agigantados, se acerca a nosotros.

Empezás tu libro planteando que se avecina un gran cambio de paradigma social a partir de la participación política en la red. ¿Cómo es ese nuevo paradigma? 

Lo que el libro trata de sintetizar al principio es que hay una infraestructura en la que fuimos creciendo tanto política como económicamente. Esa infraestructura tiene que ver con los bancos, con el Estado, con las corporaciones y demás entidades que gobiernan nuestra vida política y nuestra vida económica. Y hay una superestructura emergente, disruptiva de ese orden previo, que es la Red. Y la red es una superestructura que no reconoce fronteras y que tiene cada vez más incidencia en la vida diaria de las personas a partir del uso cotidiano de la tecnología digital. Acontecimientos que nos permiten visualizarlo desde lo político hay un montón: el surgimiento de figuras como Snowden, Julian Assange, Aaron Swartz, la aparición de tecnologías como Bitcoin, Blockchain, hablan de esa superestructura que nos conecta económica y políticamente sin intermediación de nadie, y que es una amenaza para el status quo de las instituciones que heredamos del siglo XIX, algo que atraviesa indudablemente todos los niveles sociales. Creo que la brecha digital cuando uno mira las estadísticas de cerca tienen que ver más con lo generacional que con lo socio-económico. Si vas a un país como Kenia, el 25% del PBI se transacciona usando teléfonos celulares. En Buenos Aires tenés el 100% de los menores de 30 años con acceso a Internet. Indudablemente el nuevo paradigma tiene que ver con la aparición de la Red como gran agente disruptivo de toda forma de intermediación humana, al menos en las instituciones que traemos de antes.

¿Las redes sociales sirven para dar a conocer masivamente algunos conflictos o tienen el poder de convertir una situación problemática en un asunto de trascendencia política? 

Bueno, la primavera árabe en sí misma fue muy dinamizada por el impacto que provocó en las redes sociales. Facebook y Twitter generaron un especie de pólvora que hizo que la caída de los gobiernos árabes haya sido mucho más rápida: vimos caer 4 gobiernos en 11 meses. Indudablemente, las redes generan agitación. En Argentina hemos tenido #Niunamenos, tuvimos marchas opositoras al gobierno. #Niunamenos me parece un caso más interesante todavía. Nadie puede cuestionar el nivel de convocatoria que se puede generar desde las redes sociales y que generan conciencia sobre temáticas que no están en el foco de los medios masivos, como es el caso de #Niunamenos. Toda nueva tecnología de la información genera una conciencia mucho más amplificada que la que se podía tener hasta la llegada de esa tecnología. Expanden en gran medida la capacidad que tenemos los humanos de entendernos a nosotros mismos y de visualizar problemáticas porque hasta el arribo de estas nuevas tecnologías de comunicación era imposible tener pruebas fidedignas.

El término Hacktivismo tiene a priori una connotación de participación casi combativa en la vida social. ¿Cómo se hace para pasar de la agitación virtual a la construcción real de una nueva sociedad?

Esta distinción de virtual y real es absolutamente falaz. Las redes sociales son parte de nuestra vida cotidiana, y hacer esa división no ayuda a entender el asunto. Venido al caso todas las instituciones son virtuales. ¿Qué es una institución como la República Argentina sino una idea en abstracto? Creo que el termino hacktivismo tiene un aspecto de provocación, al menos en su título. Habla de revolución, que generalmente es un concepto que se manosea mucho. Aunque en este caso está bien pensarlo desde ahí. La Revolución Informática, la más grande de la historia de la humanidad, es una revolución sin balas, es la revolución del conocimiento, de la ciencias, de las artes, de la cultura y que está transformando a la humanidad a un ritmo inusitado. Sirve ver la historia de todas las tecnologías de la información hacia atrás, como la de la imprenta o la de la escritura o la del lenguaje mismo, cómo fueron transformando a las sociedades, cómo fueron haciendo que el individuo pueda vincularse con el colectivo. Y hoy creo que estamos en la etapa en la que la tecnología de la información permite a cada individuo conectarse con el planeta entero, sin ningún tipo de limitación virtual. Es absolutamente real lo que ocurre en las redes y su efecto se nota en las calles. Brasil protestó masivamente por el mundial de fútbol, los estudiantes lo hicieron en Chile, los indignados en España. Nunca en la historia hubo tantas manifestaciones en las calles. Creo que Internet en las próximas décadas va a transformar las instituciones. Van a ser tiempos de cambios muy fuertes. Y si uno revisa la geopolítica puede ver el rol que tienen los hackers como Assange o Snowden o Swartz o Satoshi Nakamoto, quienes claramente son personas que están sacudiendo aspectos profundos de lo que entendemos como “poder”.

¿Qué incidencia tiene el activismo político desde las redes en nuestra vida cotidiana?

Bueno, estamos votando todos los días. Cada vez que ponés un like en Facebook o retwiteas algo, esos pequeños gestos, por insignificantes que luzcan, son señales de elecciones. “Yo apoyo ésto”, “yo quiero que esto se sepa”. Y esa es la forma en que entre unos y otros nos vamos programando mutuamente. Dialogamos en las redes no solamente desde lo que escribimos sino también desde lo que apoyamos, lo que amplifica todo. Y esas pequeñas interacciones son interacciones de voto y es una interacción profundamente política. Un ejemplo que ilustra esto es el de la Cumbre de las Américas a principio de este año, cuando se juntaron Raúl Castro, Obama, Cristina, Dilma, todos los presidentes americanos y ahí también apareció Mark Zuckerberg, como si fuera un jefe de Estado más. El hecho de ver que el estado de Zuckerberg es análogo o incluso superior al de algunos presidentes latinoamericanos (muchos de ellos querían sacarse una foto con él) revela el rol profundamente político que tiene Facebook. Entonces también hay que entender que la incidencia de estas herramientas es gigantesca. Cuando se sancionó el matrimonio igualitario en EEUU, muchos pusieron en su avatar de Facebook la bandera multicolor del orgullo gay y ahí claramente Facebook tuvo una incidencia enorme en la percepción de las nuevas generaciones sobre el matrimonio igualitario. Twitter puertas adentro se percibe a sí misma como un arma de libertad de expresión. Y estas instituciones son pólvora de cambio. Sobre todo cuando contrastan con sociedades que todavía viven bajo alguna forma de dictadura o de democracias abusivas de los derechos de las minorías. Esto se ve también por ejemplo en Rusia o en China donde los gobiernos tienen miedo a que Facebook o Twitter entre en su terreno.

¿Cómo se incorporan los excluidos digitales, aquellos que no tienen acceso a Internet, a este nuevo paradigma? ¿Cómo hacen ellos para que se escuche su voz si en la red son mudos?

Esta es otra gran falacia que siempre confunde bastante. Cuando uno mira las estadísticas, ve que las nuevas generaciones tienen un nivel de conectividad pleno en los grandes centros urbanos. En Buenos Aires, el 88% de esos hogares tienen acceso a Internet con banda ancha. Entre los menores de 30, el 93% accede a redes sociales al menos una vez por semana. Y el 100% accede a Internet. La brecha digital es generacional antes que socioeconómica. La construcción a largo plazo tiene que ver con entender en qué mundo vamos a vivir en 10 o 20 años. Otro elemento de esto son las economías de escala que se aplican a la tecnología digital. Las computadoras costarán cada vez menos y la tecnología será masiva. Internet hoy llega a 3.000 millones de personas en el Planeta. Creo que, por el contrario, hay más excluidos por el sistema político actual que por Internet.

Planteás que vivimos en una sociedad con un modelo de “pocos gobernando a muchos”, que se hace efectivo a través de la democracia representativa, y que a través de la red podemos pasar a una estructura de “muchos a muchos”. ¿Cómo se incorpora la economía y el intercambio comercial a esta nueva estructura? 

La gran tecnología que está empezando a despegar y que está en un ciclo evolutivo como el de “primero la computadora, después internet” es el Blockchain, que para mí es, en algún punto, la nueva Internet. Y tiene que ver con lograr que Internet se transforme en una institución en sí mism,a pero no bajo los reglamentos del viejo sistema o paradigma, sino desde su propia ley. Lo que propone el Blockchain es la “no intermediación”: es decir, que nadie intermedie por nadie y que podamos vincularnos como sociedad. Hoy uno tiene que votar un representante porque no tiene plenos derechos políticos como ciudadano, sólo tiene derecho a votar una vez cada x años a quien lo represente y a pagar los impuestos. Esta idea de la no intermediación es la idea central de Blockchain, que se apoya en las redes para conseguir la descentralización que es intrínseca a la naturaleza de Internet. Estamos empezando a entender que es el Bitcoin como métrica de valor de la sociedad. No es igual al dinero, no es igual al dólar o al peso. El Bitcoin es en sí mismo una unidad de valor, hoy respaldada por una inmensa capacidad de computo que tiene la propia red Bitcoin, usando el protocolo del Blockchain, que permite hacer transacciones de valor para pagar punto a punto en todo el planeta sin intermediación. Y así como Internet es una red que ha permitido la descentralización de los mensajes, el Blockchain es una red que permite la descentralización de las transacciones. Y por transacción me refiero a cualquier tipo de contrato, tanto monetario como de propiedad, hasta cualquier tipo de transacción que te puedas imaginar. Lo que por su parte volvería obsoleto a cualquier tipo de gobierno.

Formaste parte de la organización y fundación de un partido político generado desde las redes sociales. ¿Por qué este partido político podría mantenerse ajeno a las “prácticas habituales” de la política partidaria tradicional?

Te voy a contar lo que aprendí de esa experiencia. Al principio El Partido de la Red quería ser algo que se inserte en la política argentina y, con el paso de los años, inevitablemente los tiempos de la sociedad y la política argentina se metieron adentro del Partido de la Red. Así que no, no puede mantenerse ajeno a esas “prácticas habituales”, porque son las prácticas propias de una sociedad o son los modos que tiene cada miembro de la sociedad para leer, interpretar y ejercer el acto político. Y el Partido de la Red con el paso del tiempo también creció, con sus internas , con sus diferentes miradas dentro del mismo espacio. Pero creo que lo que tiene el Partido de la Red como idea rectora de proponer un contrato social nuevo, donde se use la tecnología digital para aumentar la participación y disminuir la apatía, es un catalizador muy positivo. Habrá mucho debate, pero en el núcleo de lo que es el Partido de la Red es importante mantenerse firme, terco como una cabra.

¿Cómo es la experiencia en Argentina con tu partido? ¿Cómo ves el futuro de esta reformulación política en el país?

Van tres años desde que iniciamos esta experiencia. Lo más interesante ha sido la aparición de emergentes del Partido de la Red en distintas ciudades del país como La Rioja, Córdoba, Rosario, Mar del Plata. Han aparecido ciudadanos que organizaron su propio Partido de la Red y ahora están buscando los avales para presentar candidatos. Creo que cada nodo va a tener sus aprendizajes, sus aciertos y sus errores, de los que nos iremos nutriendo todos los actores que formamos parte de este movimiento. Creo que tiene un futuro enorme en la Argentina porque no se va a encontrar respuesta en ninguno de los partidos tradicionales para resolver la crisis de representación, que es la misma que existe en todos los países occidentales que tienen democracias del siglo XIX funcionando en el siglo XXI. Lo que propone el Partido de la Red es empezar a usar herramientas de este siglo para enfrentar los desafíos de este siglo. La adhesión ha ido creciendo con los años, ya hoy somos tres veces más que en nuestra primera elección en el 2013. Claro que va a crecer con los tiempos que permite la política, que son tiempos glaciales, pero cuando ocurre algo ocurre estruendosamente. Es un proyecto a muy largo plazo en una sociedad en la que todo se construye para el cortísimo plazo, pero mientras nos mantengamos fieles a la idea central de plantear este nuevo contrato social usando la tecnología va a haber Partido de la Red para rato.

Utilizamos cookies de terceros para mostrar publicidad relacionada con tus preferencias. Si continúas navegando consideramos que acepta el uso de cookies. Puede obtener más información en:

Politica de Privacidad