Fidel Castro: un seductor en la alcoba

La imagen pública de Fidel Casto es la de un líder parco y sin excesos, pero su escolta y varias investigaciones afirman todo lo contrario

La cara íntima de los dictadores, se ha visto envuelta en historias y relatos no siempre confirmados, pero mientras más buscamos en las biografías, vemos que han sido tiranos con el pueblo y seductores en la alcoba.

Cortesía de Archivos Hulton
Cortesía de Archivos Hulton

En una investigación basada en testimonios y mucha documentación, la periodista francesa Diane Ducret, buscó superar la imagen de frialdad y crueldad de los dictadores, para tratarlos a través de sus relaciones sentimentales.

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En una entrega llena de anécdotas, cuenta la intimidad de seis líderes unidos por su despotismo y su odio hacia Occidente: Fidel Castro, Sadam Husein, el ayatolá Jomeini, Slobodan Milosevic, Kim Yong-Il y Osama Bin Laden.

Los retratos de estos tiranos reservan sorpresas. Nos enteramos por ejemplo, que a  Saddam Hussein le gustaban rubias y que Jomeini limpiaba los baños de su casa.

Pero en esta nota hablaremos de las mujeres de Fidel, ya que el 13 de Agosto cumplió 90 años.

El noviazgo de mayor notoriedad fue con la joven alemana Marita Lorenz, que llegó a Cuba en 1959 cuando tenía 19 años, en el buque crucero Berlín, del cual su padre era el capitán. El flechazo fue inmediato.

Con Martina Lorenz - 1959
Con Martina Lorenz – 1959

Ducret cuenta en el libro, que cuando la actriz Ava Gardner se mudó a Cuba poco tiempo después de la revolución, se cruzó en la Habana con Marita Lorenz, la amante favorita del momento, y cuenta esta última que:

“Se tambaleó hasta mí y me dijo: ‘¿así que eres tú la perra que está con Fidel y que se lo guarda solo para ella?’ ¡Y luego me dio una bofetada en toda la cara!”

Su afición por las mujeres, no solo desencadenaba celos… También lo llegó a poner en un momento en peligro de muerte.

Fidel obligó a abortar a Marita y la puso en un vuelo con destino a Estados Unidos, pero ella volvió unos años después a La Habana como espía. La CIA le ofreció dos millones de dólares por envenenar al revolucionario convertido en pesadilla para Washington. Ella aceptó como revancha. Pero cuando lo vio, volvió a caer en sus brazos y tiró las pastillas al baño.

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“Los sentimientos eran demasiado fuertes… jamás hubiera podido hacerlo, no soy un asesina. Le quería”

“Fidel destruyó mi vida, pero fue maravilloso”, declaró la alemana en una entrevista publicada el 6 del mayo de 2001, en la revista mexicana Proceso.

Con Celia Sanchez, camarada y amante
Con Celia Sanchez, camarada y amante

No hace mucho tiempo, con Fidel ya fuera de la presidencia de Cuba, una revista mexicana se atrevió a una encuesta entre 200 mujeres y una sola pregunta: ¿Fue Fidel un buen amante? La respuesta no tuvo disidente: “El mejor amante del mundo”. ¿Habrá sido así o habrá influido el miedo?

Quiero a esa chica, y rápido

Bastaba una señal al jefe de la escolta para que éste supiera que el comandante quería acostarse con alguna de las mujeres con las que se había cruzado en su camino, como una diplomática o una periodista. Entonces, el equipo de seguridad emprendía un “trabajo de averiguación” sobre la elegida. A veces, acondicionaba alguna de las casas del dirigente a las afueras de La Habana, “habilitadas para el efecto”.

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Natalia Revuelta, tenía 26 años cuando Castro, de 25, puso sus ojos en ella. Era “una de las mujeres más exquisitamente bellas de Cuba y con una atracción por la revolución y la aventura”, escribió la columnista norteamericana Georgie Anne Geyer.

Era mujer de la alta sociedad cubana que vendió sus joyas para apoyar al entonces joven revolucionario y tuvo con él una hija que repudió la revolución, y a quien reconoció el marido de la madre.

Natalia Revuelta
Natalia Revuelta

Jamás se sabrá cuantas mujeres pasaron por su cama, debido a que los guardaespaldas hacían oídos sordos a los inevitables gritos y susurros del amor. Lo que sí se sabe es que siempre al alcance de la mano en esa cama, estaba su fusil ruso Kalashnikov.

Hubo una mujer nunca nombrada en sus biografías: Lucila Velázquez, amiga de Hilda Gadea, la mujer del Che, quien contó que Lucila una vez le preguntó: “Hilda, dime, ¿cómo fue que tú hiciste para capturar a Ernesto?”.

El Che, que escuchaba la conversación, respondió con una de sus ironías: “Fue así: me estaban buscando en Guatemala para meterme preso y ella estuvo en la cárcel por no revelar mi paradero. Me casé con ella en señal de reconocimiento”.

Según Juan Reinaldo Sánchez, guardaespaldas de Fidel y autor de un libro sobre la doble vida de su jefe, “el hombre se las compuso para vivir en secreto, a todo confort, tener ocho hijos, dos o tres esposas, e incontables amantes”.

Pero dicen que Fidel se convertía en un perro faldero ante su segunda mujer, la maestra de escuela Dalia Soto del Valle.

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Con ella (y muchas amantes) compartió la vida desde 1961 a 2006. Tuvieron cinco hijos: Alex, Alexis, Alejandro, Antonio y Angelito. Todos con “A” por capricho de Fidel, en homenaje a Alejandro Magno, conquistador de más de medio mundo.

 

 

 

 

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