Crianza

“Sé lo que hiciste la noche pasada”: control parental y whats app

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– “¡Felicitaciones Mati! ¿¿¿Cómo te fue???”

Visiblemente emocionada, la madre recibe a su hijo de 16 años a las 5 am. El muchachito mira entre el asombro y el fastidio, mucho más cerca de lo segundo.

– “¿Cómo me fué con que mamá? Salí con los chicos, como siempre, nada especial…

– “A mí no me engañás” (devuelve, con sonrisa pícara). “La mamá de Tammy, por el grupo de whats app, nos contó que iban al cine los dos solos, es divina esa chica”.

Portazo, furia contenida, desmesura para una, bochorno y humillación para otro.

Esta es una pequeña viñeta donde aparece con claridad esta nueva forma de “panóptico” (dispositivo carcelario donde los condenados son observados sin saberlo) de la postmodernidad.
Los grupos de whats app, las redes sociales, habilitan un tipo de control parental que atenta contra el núcleo de lo saludable en relación al crecimiento de nuestros hijos.

Si pensamos la vida como una escalera, imaginemos y definamos los primeros escalones, el camino que va de la endogamia (endo, dentro, y gamia, familia) a la exogamia (exo, fuera), la senda del crecimiento, la del desarrollo hacia la adultez.

Hace largo tiempo, festejando un acontecimiento familiar en casa de amigos me encontré en la habitación de los niños con un cartel escrito por mi hijo mayor, hoy de 22 años, en aquel entonces de no más de 10, que advertía, con una calavera cruzada: ¡prohibido adultos! Respetuoso, hice mutis por el foro y pensé: “Caramba, cómo crecen”.

Los espacios entre ellos y nosotros, conforme el tiempo pasa, son cada vez más escarpados, necesitan tomar distancia para después volver

Es saludable que los padres vayamos perdiendo información sobre ciertos ámbitos de las vidas de nuestros hijos. La madre de un niño de siete años me comentaba muy apenada su descubrimiento: “¡Ya no sabré si mi hijo se constipa o no!” Y es cierto: los padres de chicos de esa edad pierden control sobre los ritmos intestinales de sus hijos. El “¡mamá, ya hice!”, en esa instancia, sería preocupante. Y así es el camino de la independencia, digo, y me disculpo por lo escatológico del ejemplo.

Es como el carreteo de un avión: el hijo, despacio al principio, va buscando el punto de despegue y la recta que le permitirá volar; enciende turbinas, acelera, tan fuerte que aturde, corre y vuela…Puede volver cuando quiera y los padres somos punto de referencia y aeropuerto. Siempre que el vínculo esté en marcha y funcione bien.

“Me clavó el visto”

El ojo del gran hermano desde la mirada de los padres atenta contra la intimidad saludable de los niños. Los elementos que tenemos a disposición no deben ser usados en contra de la privacidad de nuestros hijos, ni en desmedro de los más elementales principios del sentido común.

Con la mejor de las intenciones, con todo nuestro amor, a veces podemos generar problemas donde queremos sumar soluciones.

Por otra parte, la fantasía de que a través de un uso minucioso de las redes podremos cuidarlos más eficientemente es un espejismo. Los temores, la necesidad de control, las ansiedades básicas de la paternidad se multiplican en los hilos de las redes…
La verborragia virtual se hace insostenible: truco, quiero retruco, quiero valecuatro, y no hay límites.

Cuando una madre mira la última hora de conexión de su hijo, visto clavado y sin respuesta aun, infiere. Tóxicamente, infiere.
“Este mocoso no quiere contestarme”. O “seguro que pasó algo terrible”, “ya me va a oír”. Jamás pensar: “seguro está estudiando concentrado”, “no debe querer sacar el teléfono en la calle”, etc.

Y cuando todo esto se potencia en un grupo de 30 madres y padres generalmente pocas cosas buenas suceden.

Un adolescente que le contesto mal a su madre y se “exilió” en casa de su padre generó cientos o miles de mensajes en el grupo de whats app del colegio, todas opinando, el muchachito desnudo en su intimidad sobre el quirófano virtual.

El 90% del sufrimiento humano está asociado a lo que nuestra fantasía pone en lo que acontece, y si la fantasía se multiplica, los resultados suelen ser complejos y tóxicos, muy tóxicos.

Propongo, sugiero, imploro, un uso cuidadoso de la tecnología en lo que a control parental se refiere. Digo una vez más, aparatos apagados, miradas encendidas, dialogo activo y el vínculo fluirá saludablemente.

 

Por Alejandro Schujman, psicólogo especialista en adolescentes. Autor del libro Generación Ni Ni y coautor del libro Herramientas para padres. Autor del espacio Escuela para Padres en Buena Vibra.

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